jueves, 11 de octubre de 2018

ALPHA RIGHT TO KILL (Brillante Mendoza, 2018)




ALPHA RIGHT TO KILL (Brillante Mendoza, 2018)

Si el cine de Lav Diaz, o el de Raya Martin, miran hacia el pasado, incluso colonial, de Filipinas, para llegar al presente y explicar las dificultades de estabilidad, pobreza, violencia y abuso en el país, el cine de Mendoza se ha anclado en el presente y ha ido perdiendo presencia y fuerza, no digamos en España, donde sólo el nombre de Isabelle Huppert permitió el estreno de la más que decepcionante "Captive". La miseria de las clases populares filipinas, la corrupción criminal del poder político y policial, la prostitución, las guerras intermitentes con la guerrilla musulmana, y ahora la política antidelincuencia del gobierno Duterte. "Alpha" es, como casi todo el cine de Mendoza, un relato áspero, seco, brutal, a modo de nervioso documental o reportaje de actualidad, un falso directo y un falso noticiero. Unos pocos días de éxito publicitario oficial mientras la basura se esconde debajo de las alfombras. Un cine, en este caso una película llena de oscuridad, la de una noche donde se mueve el dinero sucio y donde el crimen es más fácil de ocultar ante la falta de luz.


"Masajista", "Servis" y "Kinatay" sirvieron de radiografía precisa y demoledora de Filipinas. Mantenerse en esa dinámica termina agotando al espectador, que ya no se sorprende de lo que ve, ni de la forma inmutable en que se ve en el cine de Mendoza, salvo porque tras casi 15 años rodando cine, el presente del país se mantiene en la misma bolsa de putrefacción sin cambios, salvo a peor, donde tanto el disparo puede llegarte de un ladrón callejero como del policía que dice protegerte. En "Alpha", y la continuación del título no engaña, el derecho a matar es la carta blanca que el gobierno ha concedido a la policía para exterminar la delincuencia del tipo que sea, preferentemente la delincuencia callejera y del tráfico de drogas. Con respaldo oficial nadie va a pensarse dos veces en una operación si hay que disparar o no, si hay que disparar a matar o si hay que disparar al que huye. Todo es lícito porque todo puede arreglarse cambiando las pruebas u ocultando datos.

Película de policía corrupta y delincuentes sin escrúpulos, Mendoza aprovecha su primera media hora de acción, con el desmantelamiento de un centro de distribución de droga utilizando la figura del confidente para, tras el éxito policial de conseguir el objetivo y "vender" a la prensa el resultado, aunque sea dejando una docena de muertos por los que nadie va a preguntar, y deteniendo indiscriminadamente a personas que pasan a encontrarse en un limbo ilegal porque se niega esa realidad desde los mandos, derivar el relato hacia la corrupción interna de una policía que se dedica a traficar con parte de las sustancias que debieron ser aprehendidas. El punto de vista de Mendoza se duplica, la vida aparentemente honesta y profesional del policía, y la vida en el filo de un confidente que se dedica a "blanquear" el botín policial, sabiendo que su vida está en peligro, tanto si es descubierto por la mafia como si quienes pueden verse cuestionados son los policías que se lucran con el delito.


El retrato sociológico se difumina con breves apuntes de las diferencias sociales brutales entre mandos policiales, oficiales y gente humilde, porque la película se escora definitivamente hacia un relato de género donde solamente hay delincuentes, mejores o peores, en todo momento, como si en el país, realmente, no hubiera diferencias entre el crimen reconocido y el poder que debe combatirlo. La película se abre y se termina con planos similares, ceremonias de la policía filipina, condecoraciones por las batallas ganadas al narcotráfico y homenajes a los caídos. En el intervalo, por si no lo sospecháramos o no lo intuyéramos, contando con el precedente de "Kinatay", Mendoza desnuda la realidad de esos mandos encargados de combatir el crimen pero que no dejan de ser peores que los perseguidos ante la ignorancia deliberada de unos ciudadanos que asisten, impasibles, a la violencia de estado. Un Mendoza en horas bajas que, sin embargo, ha recibido el premio especial del jurado en Donosti, lo que, siendo generoso con el jurado, debe significar que el nivel medio de la sección oficial ha debido ser calamitoso.

ALPHA RIGHT TO KILL. Filipinas. 2018. Dirección: Brillante Mendoza.  Guión: Troy Espiritu. Producción:Center Stage Productions. Productor: Carlo Valenzona. Fotografía: Joshua A. Reyles. Montaje: Diego Marx Dobles. Intérpretes: Allen Dizon, Elijah Filamor, Baron Geisler. Música: Diwa de León. 94 minutos.