sábado, 15 de septiembre de 2018

UN MITO ANTROPOLÓGICO TELEVISIVO (Maria Helene Bertino, Dario Castelli, Alessandro Gagliardo, 2011)


UN MITO ANTROPOLOGICO TELEVISIVO (Maria Helene Bertino, Dario Castelli, Alessandro Gagliardo, 2011)


Hacer una película a partir de material ajeno; repensar, escoger, seleccionar, mezclar, relacionar. Tomando grabaciones de principios de los 90, de televisiones locales de Catania, (Sicilia), el trío de realizadores propone descubrir el poderoso influjo de la imagen televisiva y cómo el bombardeo de información puede perturbar el conocimiento de la realidad, maquillarla, tergiversarla. Los investigadores de las imágenes no han tenido que pensar dónde colocar la cámara, qué ángulo escoger para su propósito, sino que mediante el ensamblaje de material diverso han conseguido retratar un país que se desangra, que se empobrece a rienda suelta, mientras las altas esferas locales y regionales continúan con el hueco discurso de "éste es el último funeral, al año que viene se habrá solucionado el problema de la vivienda, vamos a acabar con el paro, que retornen los emigrantes"; se habla de regeneración en las alturas mientras en el suelo la mafia ejecuta y elimina a los jueces Falcone y Borsellino con la misma facilidad que lo hace con el más indefenso de los comerciantes que se niega a pagar la protección exigida, las imágenes pasan ante nuestros ojos, en ocasiones sin banda de sonido, todas ellas sin rótulo explicativo. Resulta indiferente que sepamos quién es cada uno de los que aparecen, el retrato es global, social, comunitario, son las individualidades las que van dibujando el contorno antropológico de la propuesta.
De un coro infantil navideño a un reguero de sangre, de una procesión religiosa a un desfile funerario, de una desgracia familiar en la que el periodista actúa, sin pudor ni respeto con los familiares sufrientes, a la búsqueda de la mejor ubicación para filmar el resultado del último ajusticiamiento. Catania se presenta como un cuento televisivo donde es el pueblo quien realiza, prestándose a ser filmado por la televisión, una especie de historia paralela de una sociedad que se queja, se lamenta, se desahoga contra sus políticos, pero también defiende y comprende el fenómeno de la mafia como resultado de siglos de empobrecimiento, de emigración, de falta de trabajo, de viviendas infrahumanas. La lectura popular en forma de crónica emana del documento televisivo que, nunca, fue pensado para perdurar, sino para presentarse como algo inmediato y consumible en el momento en que los hechos suceden, y sin embargo es la labor de Maria Helene Bertino, Dario Castelli y Alessandro Gagliardo la que consigue que ese material, de aparente escaso valor se transforme, mediante la manipulación del montaje, y no entendido en el sentido negativo del término, en una fascinante historia de una sociedad desfalleciente y, al tiempo, enrabietada.
Al proceso judicial le siguen unas elecciones municipales, al asesinato del político el juramento de los nuevos elegidos para el gobierno regional, a la presentación y saludo amistoso de los candidatos, el entierro y funeral de quien no se dejó atrapar en la red de la extorsión y es acompañado por aquellos entre cuya presencia ha de existir algún traidor. Hay un trasfondo de violencia, silencio, miedo en todo lo que vemos, una realidad avejentada en el uso de prendas de vestir que recuerdan épocas pasadas, protestas vecinales en las que la ira ciudadana se dirige contra el sistema político que no sabe atender sus necesidades más básicas. Hay una película donde la calle se convierte en un hervidero constante de gente en permanente protesta, ya sea la del duelo, la religiosa o la económica, hay una calle donde la gente apenas se atreve a decir con claridad lo que piensa o lo que siente, y si lo hace es para terminar señalando con el dedo al sistema que ha generado un monstruo imposible de parar si no es aceptando las reglas del juego impuestas por el crimen. Hay una sociedad engrilletada y alarmada en la que se está generando la primera victoria de Berlusconi en unas elecciones donde el candidato prefabricado, cortado por el patrón de la estética y el seguidismo al líder, esconde que, tras la pulcritud de la puesta en escena, se esconde la misma vergüenza criminal de antes.


La televisión y su papel queda expuesto en el trabajo fílmico, de lo mejor se puede pasar, sin solución de continuidad, a lo peor de la sociedad; y mientras, en el camino la pregunta que uno se hace es cómo ante ese alud de imágenes, seleccionadas para el trabajo, pero emitidas en su momento, la impasibilidad social es de tal magnitud que lo antropológico termina convirtiéndose en inacción y admisión. La televisión se hace cultura en cuanto que la imagen captada se almacena como reflejo real de las reacciones del momento. Ni se pensó ni se piensa así cuando se emite un noticiario, un reportaje o un eco de sociedad, pero todo ello junto fija en el cerebro el fresco instantáneo de un periodo fascinante de un país convulso que, pese a ello, seguro que no ha conseguido salir de su estupefacción permanente, del mismo modo que si vemos ahora imágenes de telediarios españoles de los 90 comprendemos a la perfección porqué nos encontramos en el lugar exacto en el que la antropología de nuestro comportamiento nos ha situado.

UN MITO ANTROPOLÓGICO TELEVISIVO. Italia. 2011. Duración: 56'. Dirección: Maria Helene Bertino, Dario Castelli, Alessandro Gagliardo. Guión: Maria Helene Bertino, Dario Castelli, Alessandro Gagliardo. Fotografía: Fabio Costanzo, Roberto Maravigna. Montaje: Domenico Liggeri, Ezio Costanzo, Salvo Salomone, Luca Mirone. Coproducción: Ar/ge Kunst Galerie Museum. Patrocinio: MMAV (museo mediterraneo di antropologia viva). Postproducción audio: Riccardo Nicolosi. Productora: Malastrada Film.