sábado, 22 de septiembre de 2018

LA APARICIÓN (Xavier Giannoli, 2018)


LA APARICIÓN (Xavier Giannoli, 2018)


El hiriente y penetrante zumbido de los acúfenos atormenta a Jacques Mayano (Vincent Lindon); solitario, desecho, abatido. En una impersonal habitación de hotel, en cualquier pais de Oriente Medio, reproduce en su mente, una y otra vez, la explosión que le ha provocado secuelas personales y, las peores, las emocionales derivadas de la muerte de su compañero. Periodista y cámara de guerra, compañeros y amigos, un dúo compenetrado en busca de la verdad y de evidenciar las mentiras del poder. La cámara desecha, el objetivo inutilizado, recuerdan la realidad de lo que acaba de suceder. De repente la amistad se ha perdido, la vuelta a casa, acompañando a un ataúd en un avión militar, el homenaje en una galería de arte a la obra fotográfica de su compañero, la constante presencia del ausente a través del trabajo conjunto de tantos años, se vuelve una carga inasumible en la que el silencio, la oscuridad, el remordimiento y las preguntas sin respuesta se suceden. Cuando el recuerdo flaquea, el acúfeno está ahí para recordar la pérdida. No hay familia ni amigos que puedan ayudar a superar la pérdida, y el daño auditivo se transforma en una aparición del compañero a quien ya no se puede recordar si no es acompañado de dolor. Giannoli, solvente realizador, no utiliza la pérdida para recrearse en el drama personal del periodista, sino que emplea el duelo personal para trasplantar al personaje a una realidad a descubrir, un mundo que le es ajeno donde va a poder sentir la vibración de buscar la verdad e interrogarse sobre las verdades y mentiras de este mundo.

Como un reportaje de guerra más, Mayano recibe un encargo, incorporarse a una encuesta eclesial que trata de dilucidar si las visiones marianas que dice tener una joven francesa son realidad, son pura sugestión o son fruto de un intento de notoriedad, potenciado por un afán mercantilista de un cura local y una congregación norteamericana que ve la oportunidad del negocio. El personaje de Lindon se encuentra, así, en un territorio desconocido, como el reportero que es enviado de improviso a un nuevo país en conflicto, desconocedor absoluto de las claves fundamentales del procedimiento, e incluso, de lo que la propia iglesia católica desea, se zambulle en el expediente como si de cualquier noticia de investigación se tratara, aplicando a algo indemostrable, la misma esencia de los dogmas, los mismos mecanismos de investigación periodísticos. Desde su ateísmo convencido se le contrata para que aporte su punto de vista racional y materialista ayudando a demostrar si la joven Anna miente o no. En ese duelo interpretativo, en esas entrevistas y conversaciones entre la joven novicia (Galatea Bellugi) y el periodista, la película alcanza su verdadera esencia sin que ninguno de los personajes tenga que renunciar a sus creencias, o a la falta de ellas, sin vencedores ni vencidos.


Decididamente neutral, Giannoli no busca juicios ni conclusiones, aunque la propia película las tenga. Ni ridiculiza el fervor de quien asiste irracionalmente a las manifestaciones de un fenómeno tan antiguo como la historia de las religiones, ni cuestiona los métodos eclesiásticos, ni los del periodista. Filma con la objetividad que debería tener el periodista para mostrar todos los hechos y que el destinatario extraiga las conclusiones  tras someter a juicio la información. La película funciona, por tanto, como un thriller en el que el pasado y el presente de la joven Anna, se abre a Mayano como una fuente casi objetiva de la que extraer una conclusión coherente que ofrecer a quien le paga por su trabajo. La mirada de Lindon es la de quien por su falta de fe debería rechazar la realidad de todo lo que investiga, pero que como profesional, se ve implicado en la búsqueda de una verdad que no puede contar con evidencias, sino con sospechas, indicios, conjeturas. Él, como todos los demás personajes, quizás salvo uno, actúan con plena convicción y ajenos a condicionantes religiosos, económicos, personales; tratan de buscar una explicación científica en la personalidad y la mente de Anna, quien por su parte, hace tiempo que ha optado por el sacrificio como explicación personal del suceso.

Y en la mente racional del periodista termina "triunfando" su afán descubriendo la verdad, pero es una verdad que no conviene ser expuesta. Conocida o no por el Vaticano, la decisión última estaba tomada antes de empezar, sólo que, como cualquier procedimiento, exige unas dosis de respeto a la norma. En ese camino de introspección detectivesca, la investigación también juega como elemento que permite a Lindon ir relajando la tensión de los acúfenos y admirar, porque en el fondo admira, la fortaleza de una joven que se está consumiendo ante sus ojos y le está ayudando, indirectamente, a superar sus cargas emocionales. Como si se tratara de un homenaje debido a la vidente, Lindon no cejará hasta unir las claves de unas fotografías, en un certero modo expositivo que, pese a lo dilatada duración de la pelicula, no cansa por muy alejado que se encuentre el espectador del objeto del relato, como le ocurre al protagonista. Personajes bien construidos, trama sencilla sin golpes de efecto, solventes interpretaciones, cuidado diseño de la imagen, buscando siempre lo frío, lo desangelado, lo oscuro del asunto que se investiga aunque en los exteriores predomine esa alegría impostada derivada del fervor irracional; consiguiendo todo ello que nos sintamos como el investigador, ajenos a la irracionalidad, alejados de nuestros prejuicios, dejando a un lado el contenido de nuestras ideas y asistamos a la pugna no violenta entre razón y fe, ciencia y religión, altruismo e interés. Quien venza, o quien pierda menos, lo deberá decidir cada espectador en función de lo visto. Sin duda ganan ambos personajes, Mayano y Anna, con independencia de quien haya mentido más, haya descubierto más, o haya dicho más verdades.


LA APARICIÓN. Título original: L´APPARITION. Francia. 2018. Dirección y Guión: XAVIER GIANNOLI. Montaje: CYRIL NAKACHE. Música: VARDA KAKON. Director de fotografía: ERIC GAUTIER. Director de Arte: ANAS BALAWI. Productor: Olivier Delbosc. Producida por: Curiosa Films. Imaginarium Films. Distribuida: VERCINE. Duración: 140 minutos. Intérpretes: VINCENT LINDON, GALATÉA BELLUGI, PATRICK D’ASSUMÇAO, ANATOLE TAUBMAN, ELINA LÖWENSOHN, CLAUDE LÉVÈQUE.