viernes, 24 de agosto de 2018

EL LABERINTO (Laura Huertas Millán, 2018)


EL LABERINTO (Laura Huertas Millán, 2018)

Cómo construir una historia a partir de lo que, todo indica, parece un recuerdo de una época en relación con una persona ya inexistente; cómo empezar en lo concreto para derivar hacia lo abstracto, cómo hablar de un mundo y un momento para terminar explorando los laberintos mentales, casi alucinatorios, de una persona que vivió en aquello que era concreto y que termina por derivar hacia lo abstracto, lo místico, lo enfermizo, o directamente, hacia el producto de un cerebro carcomido por la sustancia objeto del auge y caída de los imperios que se sustentan sobre el crimen. La directora colombiana Laura Huertas se adentra en la realidad de un pasado nada alejado de su país, y que no puede darse por terminado, aunque al menos, si parece haberse eliminado la obscenidad de su opulencia externa, en un trabajo con el que ha conseguido la distinción a la mejor directora del futuro en una de las diversas secciones del pasado festival de Locarno.

Evaristo Porras fué un narcotraficante tan poderoso como para darse cuenta de que su pervivencia dependía de controlar el poder político y policial, dirigió el cartel del Amazonas, encargado de infiltrar la cocaína en esa zona de nadie entre Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela, Brasil, financiaba a candidatos políticos, controlaba ministros, ejecutaba a los peligrosos o díscolos. Uno de tantos, en esta ocasión directamente relacionado con el cartel que dirigía Pablo Escobar y socio de éste, y como muchos de ellos, atrapado en delirios de grandeza, megalomanía, egocentrismo exagerado hasta llegar a reproducir en mitad de la selva, como mansión  personal, la misma casa que veía en la serie televisiva norteamericana "Dinastía". Un personaje que terminó muriendo en la indigencia en 2010. El relato que el narrador anónimo, que al principio podía ser hasta el propio fantasma de Porras, pero después intuímos que perteneció al cartel y ahora se limita a vagar en la misma indigencia que el patrón muerto por los lugares del pasado, parece que va a adentrarnos en el submundo de la droga, las historias de opulencia y venganza propias de la misma, pero en esa narración termina prevaleciendo la inspiración personal, el delirio sin límite, ni freno, que da rienda suelta al protagonista para que arme su propia historia alejándose del punto de partida sin órbita de regreso.

Mezclando alta definición con 16 mm, y con imágenes extraídas de la propia serie inspiradora, que funcionan como psicofonías de lo que debió ser la mansión en los años de dominio del cartel; el relato pasa del mundo de la droga, sus conexiones, la corrupción, los asesinatos, el control de todos los estamentos del poder, a la experiencia personal de este indígena más cercano a la tradición telúrica de la tierra, los astros, los antepasados, que al ejercicio violento de un poder, El laberinto de la mente humana se desata, en cierta manera, del rígido corsé de un guión prefijado, de la misma manera que las imágenes de la directora se van alejando de la evidente ruina de una construcción abandonada, para fijarse en elementos con aparente desconexión argumental pero que, sin embargo, se aproximan más a la idea de mutabilidad, versatilidad, divagación existencial del indígena, que va expresando con palabras el rumbo perdido de su pensamiento en el interior del laberinto en que se ha convertido su mente.

 
LABERINTO. Colombia, Francia. 2018. Directora: Laura Huertas Millán. Intérprete: Cristóbal Gómez. Productora: Laura Huertas Millán. Fotografía: Laura Huertas Millán. Sonido: Laura Huertas Millán, Olivier Guillaume. Edición: Laura Huertas Millán. Compañía Productora: Studio Arturo Lucia. 21 minutos.

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