jueves, 2 de noviembre de 2017

ESCOREU, 24 D,AVIENTU DE 1937. AÚN ME QUEDAN BALAS PARA DIBUJAR (Ramón Lluis Bande, 2017)

ESCORÉU, 24 D,AVIENTU DE 1937.- AÚN ME QUEDAN BALAS PARA DIBUJAR (Ramón Lluis Bande, 2017)


El cine de Bande es historia viva de nuestro pasado. Si, circunscrito a Asturias, pero universal por los temas que trata. La memoria, el efecto del olvido, la recuperación del testimonio a punto de perderse. El cine del director asturiano va formando una enciclopedia alrededor de la infamia, recogiendo hechos, lugares, personas, fechas, asesinatos, cunetas, desapariciones. La historia de Asturias a partir de 1936 se parece a la de casi todas las regiones del país, muerte, represión, asesinatos impunes, cuerpos ocultados. 80 años nos contemplan, 80 años de miedo, de terror, hasta de vergüenza por el pasado de quienes fueron hechos desaparecer. Bande y su equipo lleva años, desde Equi y n,outro tempu, reseña de Equi y n,outro tempu, empeñado en recoger y denunciar lo que queda vivo de aquella página que casi nadie se atreve a reparar. En el próximo festival de Gijón se presentarán a concurso sus dos últimas obras, un cortometraje y un largometraje, un corto experimental y un largo testimonial, necesarios, hirientes, dolorosos, como el pasado de sus protagonistas.
"Aún me quedan balas para dibujar" se construye sin la palabra, como en la excelente primera película del ciclo de la memoria de la represión fascista durante y después de la guerra civil, se construye con el espacio y dentro del espacio, en el interior de la cárcel de Xulgau, ahora abandonada, en Cangas de Narcea. Un espacio que apenas permite respirar entrecortadamente desde que, en el plano inicial, el hueco de una puerta enmarca el hueco de otra; sobre la imagen del ahora se sobreimpresiona la imagen del antes, y una reata de presos o detenidos tras la "revolución de 1934" sale del interior de una construcción y va adentrándose en esta cárcel abandonada pero que pervive como testimonio de lo más inhumano del ser humano. Bande recoge el espacio, nos proporciona las dimensiones para que sepamos calibrar el entorno, su absoluta inutilidad e ineficacia como espacio carcelario modelo, pasarelas que se abren al vacío, habitaciones en las que imaginamos decenas de confinados, condenados a una muerte aleatoria y caprichosa, sacas indiscriminadas o sentencias sumarísimas que se ejecutarán o no. En ese intervalo de la espera, el preso quiere dejar testimonio de su paso por el lugar, marcar la pared como señal de su presencia, que tras él quede reflejo de que no huyó, no se escondió, no abandonó a su familia, sino que fue obligado a hacerlo. Las paredes de esas celdas mantienen, a modo de grafittis, el último aliento de personas que iban tachando días de calendarios pintados en la pared y en los que, el cese de esa eliminación de días, nos puede decir el exacto en que fueron ejecutados. Dibujos naïfs, dibujos sin técnica, dibujos profesionales, meras inscripciones con el nombre y la fecha, episodios bélicos, acciones de la vida diaria, la mina. Cualquier elemento es válido y suficiente para enseñarnos lo que debe ser esperar una muerte sin saber si ésta tendrá lugar, preguntarse por qué a uno no le llega y a la persona que está a tu lado le acaban de llamar por su nombre incorporado a una lista de la que ya no va a volver. El dibujo no puede ocultar que es consecuencia de una guerra, y aquí Bande utiliza la imagen real, no necesariamente de Asturias, para mezclarlos con la crudeza de una guerra que asola un país y que concluye bajo el mandato caprichoso y tiránico de un dictador sangriento que se atreve a dar lecciones de moralidad con un discurso que nos ofende. A las palabras de un necio con poder no conviene contraponerle razones sino dejarle expresarse, aún así, permanece el sentimiento de que este país persiste en el error de recordar sin odio 40 años de dictadura.
"Escoreu, 24 d,avientu de 1937" es, por su parte, un nuevo capítulo en la historia fílmica que Bande se ha propuesto rodar para completar una filmoteca que recoja, lo más fiel y extensamente posible, la historia de la represión franquista y el calvario de los familiares de los asesinados para poder recuperar algo tan poco costoso y tan altamente simbólico como los restos de sus antepasados. Sus anteriores largos sobre el tema no se centraban con exclusividad en una familia, sino que lo importante era el lugar y el tiempo, los efectos de ambos sobre hechos reales cuyas consecuencias han ido arrastrando los vecinos y familiares de los represaliados. Si en "Equi..." lo importante era la imagen y cómo los lugares de antaño permanecen, pero no siempre son lo mismo, en "El nombre de los árboles" reseña de El nombre de los árboles la palabra tomaba el relevo para que los paisanos de la zona volvieran a los lugares de los enfrentamientos con el maquis y contaran lo que recordaban sobre lo que sucedió. Ahora con "Escoréu..." el director retoma su neutralidad de cámara, su respeto absoluto por el trabajo ajeno para mezclar imagen y palabra con la misma importancia, 4 días y tres testimonios resultan de suficiencia absoluta para sumar un nuevo capítulo, en este caso la de una improbable, pero mínima, reparación a las víctimas centrada en una familia concreta. Entre el 17 y el 21 de mayo de 2017, 80 años después de su secuestro, asesinato y enterramiento ilegal, la familia de dos represaliados republicanos se enfrenta al hecho de la apertura de la fosa en la que están convencidos que se encuentran el padre y el tío del primer entrevistado.

Hay una enorme vitalidad en los personajes que, con emoción y nerviosismo, cuentan a cámara el recuerdo de aquellos días tan lejanos, nombran al ejecutor, recuerdan cómo llegó la venganza hacia el mismo, la vida con miedo constante y permanente, el temor a pasar por delante del lugar en el que están convencidos que reposan los huesos de sus familiares, la sospecha de que muchos de sus vecinos actuaban contra ellos a escondidas, amparados en el anonimato. Esos testimonios intercalados en tres momentos referidos a cada uno de los ancianos que ahora sí, sin miedo, cuentan lo que recuerdan, son la palabra que acompaña a la imagen, una cámara que, inicialmente, rueda desde la distancia el desbrozamiento del monte, los primeros movimientos de tierra, la apertura de las zanjas, y que poco a poco, según avanzan los dos días de excavación y pasan las horas, se va acercando al lugar donde, ahora ya sí, se constata la aparición de los restos, hasta que la imagen final queda centrada en un largo plano y un esqueleto que empieza a ser recogido y clasificado con orden. Hay un trabajo profesional en quienes se encargan de la excavación, y también en el equipo fílmico que huye de cualquier protagonismo, no exento de humor cuando alguna de las presentes en la excavación, empieza a fotografiar a la cámara. No es la primera película que recoge el trabajo de excavación (Isaki Lacuesta reseña de Soldats anonims), ni debería ser la última, no es importante por cómo se filma, que también, demostrando pudor y respeto por las víctimas y por el trabajo ajeno, sino que se hace imprescindible por la continua obstaculización a reparar una anomalía de funcionamiento en un país que se dice democrático y se niega, de manera sistemática, a poner fín a una página de la peor historia del pasado con algo tan simple como entregar unos muertos a sus familias.

TRAILER DE ESCORÉU.......

TRAILER DE AÚN ME QUEDAN BALAS.......