domingo, 10 de febrero de 2019

LA CIUDAD OCULTA (Víctor Moreno, 2018)


Las primeras imágenes de "La ciudad oculta" nos acercan al engaño de nuestra mente en conexión con nuestros ojos. En la oscuridad de la pantalla unos pequeños brillos, puntos luminosos que parecen lejanos, nos hacen imaginar una visión de un cielo nocturno, pero cuando el número de puntos luminosos alcanza tal magnitud que nuestro recuerdo no memoriza ningún cielo así, el efecto de nuestra imaginación desaparece. Esos puntos son el efecto de las linternas frontales de un equipo de trabajadores en el subsuelo de Madrid, probablemente el alcantarillado. El efecto óptico del reflejo nos ha engañado por un instante, hemos querido pensar en lejanas galaxias, mundos por explorar a millones de años luz, y, sin embargo, nos encontramos con el efecto lumínico provocado por el reflejo de una bombilla sobre el suelo de las cloacas, sobre sus residuos y sobre el material con el que está hecho. Superado este primer desafío comienza la aventura. Oscuridad y silencio; sólo rotos por el ruido de maquinaria, de vehículos o por ecos difíciles de situar; acompañan la experiencia sensorial que Víctor Moreno, muy bien acompañado de profesionales como José Alayón, Nayra Sanz Fuentes, Samuel Delgado........, ha ideado para enseñarnos un mundo desconocido, un mundo fuera de nuestro alcance, y casi, fuera del alcance de cualquiera. Estamos en una ciudad oculta debajo de centenares de miles de viviendas. Infraestructuras de uso desconocido junto a otras tan reconocibles como los túneles del metro, alcantarillado por donde un hombre puede moverse erguido sin problemas junto a pequeñas canalizaciones que apenas si permiten el paso de un gato y donde una rata parece un  gigante, accesos donde la suciedad y el abandono predominan enfrentados a otros donde todo parece nuevo, a estrenar, impoluto. 


Para acompañar este viaje por calles y rincones desconocidos de la gran ciudad, adentrándonos en esas tripas que depuran y degluten lo que la superficie desecha, la propuesta de Moreno se acerca al cine experimental. Pero no el cine experimental que juega con el ojo para engañar al espectador modificando el contorno, el color o el brillo de una imagen, sino experimentando con las sensaciones visuales y sensoriales que la falta de luz nos produce mientras un cuidadísimo diseño de sonido acompaña a las imágenes. Planos mantenidos ayudan a crear una cierta hipnosis en medio de la oscuridad, ya sean aguas que circulan, hombres que se aproximan como siluetas amenazantes desde la lejanía, la visión adormecedora de los raíles de unas vías mientras el tren avanza. En la oscuridad no podemos movernos con rapidez, el ojo necesita más atención, por eso la cámara tampoco corre, no hay prisa, nadie nos persigue, salvo el miedo propio de cada uno ante lo desconocido. En un mundo a oscuras, intentar ponerse en la piel de estas personas que desempeñan su jornada laboral sin ver la luz natural se hace muy complicado; si le añadimos el componente psicológico, el coste de adentrarse en espacios donde el hombre pierde sus referencias y se adentra allí donde nadie más quiere, ha de sumar, al esfuerzo físico, un coste emocional. Como astronautas, como miembros de la tripulación del Nostromo a punto de encontrar un nido de una especie desconocida, acompañamos unos minutos a estos hombres que se mueven con equipos autónomos de respiración, herméticamente vestidos de la cabeza a los pies. La mente, otra vez la mente, nos relaciona con esas películas de género donde la oscuridad es sinónimo de lo oculto, del terror, de la muerte. Trabajos para gente de resistencia, para personas a las que la permanente oscuridad se ha convertido en una rutina que, para los demás, sería inasumible.

Imagen y sonido juntas evitan cualquier palabra. Sobran las explicaciones, sobran los parlamentos. Da lo mismo saber qué son esas estructuras o para qué sirven. No parece que sea ese el objetivo del director y guionistas, sino el de transmitir, al menos con la interpretación que consigan nuestros sentidos, meras sensaciones anímicas irreproducibles sin ver estas imágenes calculadas y medidas. El eco del ruido emitido por un animal en el interior de un túnel da cuerda a la imaginación, la microcámara que se mueve por los pasajes angostos va descubriendo toda una fauna tan compatible con la luz del día que no se comprende cómo perros y gatos deciden vagar por esos túneles, acompañar a un equipo de mantenimiento de la red viaria del metro es terminar con los nervios destrozados por el ruido y la monotonía en pocos minutos y, al tiempo, intentar imaginar la resistencia de esos obreros y las horas diarias soportando ruidos industriales sin otro objetivo que el de que termine cuanto antes la jornada laboral y salir a la superficie para respirar un aire también viciado, pero familiar. "La ciudad oculta" es a Madrid lo que "Dead slow ahead" fue al interior de un enorme barco, en ambas los cuerpos son necesarios pero pueden llegar a ser prescindibles, nos sirven para tomar la medida de nuestra pequeñez en medio de centenares de kilómetros que horadan el interior de nuestras ciudades, túneles invisibles que también precisan de nuestros cuidados.



LA CIUDAD OCULTA. España. 2018. Dirección: Víctor Moreno. Guión: Víctor Moreno, Nayra Sanz y Rodrigo Rodriguez. Producción: Jose A. Alayón. Director de fotografía: Jose A. Alayón. Edición: Samuel M. Delgado. Productoras: El Viaje Films, Rinoceronte Films, Kinopravda, Pomme Hurlante Films, Dirk Manthey Films. 90 minutos.

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