lunes, 4 de febrero de 2019

BEAST (Michael Pearce, 2017)



Ser diferente como marca de identidad a mantener, comportarse fuera de convenciones a sabiendas de estar en boca de todo el vecindario, sentirse marcado por un estigma de juventud que te va acompañar de por vida mientras permanezcas en la comunidad donde has vivido siempre es lo que le sucede a Moll, convincente personaje e interpretación de Jessie Buckley, y también, aunque menos logradamente, al esquemático personaje de Pascal (Johnny Flynn), más por demérito de la construcción del guión que por demérito del actor. Cuando éste libra de una agresión sexual a Moll, apareciendo de la nada y armado, no dudando en disparar, ese lado salvaje que acompaña a ambos personajes rápidamente les une, primero por la mirada, y después en el deseo. Siendo Pascal un personaje liberado de toda atadura, viviendo solo y sin relacionarse, y Moll un personaje reprimido, con sueños recurrentes de violencia, a veces ocasionada por personas no identificadas que terminan siendo ella misma, Pascal sirve de catalizador a Moll para liberarse y actuar con la libertad que su madurez le insta. La aparición de Pascal es, para Moll, el descubrimiento de un igual, la constancia de que lo qu los demás consideran excentricidades puede ser algo compartido, y al tiempo sirve de justificación para soportar el murmullo, el desprecio materno, la ignorancia familiar, la humillación pública ante cualquier error o incumplimiento hasta que se consiga abandonar ese lugar incómodo y que juzga constantemente.
Hay finas líneas que conectan, de manera no poco sorprendente, "Beast" con "Border", la película sueca de Ali Abassi, rodada meses después. Donde "Border" se sumerge en lo fantástico para justificar la relación amorosa entre dos seres al margen de convenciones, "Beast" se mantiene pegada a la realidad de un entorno cerrado, como es la isla de Jersey, pero en el que, como en la película sueca, la naturaleza está muy presente, jugando el papel de espacio libre en el que dar rienda suelta a los instintos primarios. Si el núcleo de la relación y el conocimiento de ambas parejas se mantiene en paralelo, superando para mi gusto la propuesta británica a la sueca, en su conclusión ambas películas se ahogan al acercarse a la orilla (no es ocioso el comentario porque en las dos películas hay escena de baño "salvaje", libre, da lo mismo que sea río o mar). Si "Border" desluce su propuesta introduciendo el fantástico en una película que transcurría soberbiamente en una relación entre seres marginales y marginados, "Beast" sufre un efecto parecido en su conclusión, forzada e innecesaria, para que uno de los personajes principales haga justicia allí donde ésta no puede llegar, y al mismo tiempo, muestre al espectador su alma vengativa y violenta, jugando al contrasentido de acabar con aquello que se acaba de salvar.


Dedica Pearce mucho más tiempo y atención a dibujar el personaje de Moll que al resto, y eso la película lo termina sufriendo en forma de descompensación; mientras un personaje crece y se hace mucho más atractivo conforme su pasado y su personalidad se desenvuelve ante nosotros, el resto se va transformando en caricaturas de madre dominante, hermano odioso a medio camino entre el acosador y el voyeur, y amante enigmático con arranques violentos y salvajes. Nadie acompaña a Moll en el enriquecimiento frente al espectador, y de ese modo, todo lo que rodea al personaje femenino se diluye en lugares comunes previsibles, incluidos los investigadores de Scotland Yard. Pearce, como Ali Abassi, juega con los géneros, y mezcla el relato de raíz psicológica, para averiguar el pasado de Moll mientras ésta parece encontrarse en situación de vigilancia permanente, con el relato negro de las desapariciones y asesinatos de jóvenes en la isla y el relato de enamoramiento pasional y progresivo aumento de la sospecha sobre Pascal como autor de esos crímenes, algo que funciona bien durante 2/3 partes del relato, pero que chirría cuando toca mantener el alto grado de credibilidad en el tramo final, primando el desenlace de película de suspense sobre el drama psicológico afectivo previo.









Los "beastie boys" terminan adueñándose de la narración en un camino sin propósito y que dejará a uno de ellos en la intemperie, tanto emocional como afectiva, porque el director y guionista se desentiende de su futuro una vez consumado el desenlace, todo aquello que se nos hace interesante por el esfuerzo en hacer de Moll un verdadero personaje, puede eliminarse en un par de escenas por incapacidad narrativa para mantener el mismo tono previo. Hay un intento estético en acercarnos a la pareja, pero también hay una elusión impotente de concluir con algo que se parezca a lo verosímil. Puede entenderse la atracción, puede entenderse la inseguridad de la joven (las escenas ante el espejo son clara muestra de ello), pero apenas puede comprenderse un desenlace que se resuelve de manera muy fácil, y nada sutil, frente a lo que previamente ha ido fluyendo con cierto ritmo metódico, ayudado por una convincente fotografía alejada de cualquier calidez veraniega, donde priman los tonos apagados del Atlántico en medio de un relato que fluctúa entre el drama personal y el thriller psicológico sin conseguir encontrar su justo punto de equilibrio.




BEAST. Duración: 107 minutos. Reino Unido. 2017. Dirección y guión: Michael Pearce. Fotografía: Benjamin Kracun. Música: Jim Williams. Intérpretes: Johnny Flynn, Jessie Buckley, Geraldine James, Trystan Gravelle, Charley Palmer Rothwell, Emily Taaffe.

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