miércoles, 6 de febrero de 2019

ASHES (Apichatpong Weerashetakul, 2012)


Cómo rodar un sueño, cómo adentrarse en la memoria y querer plasmar el recuerdo de algo que se diluye rápidamente y cuya comprensión es fragmentaria. Imágenes que llegan a nuestro cerebro que crean una historia donde los saltos de tiempo, personajes, situaciones, se muestran incomprensibles. ¿Puede llevarse esto al cine? Pues puede y Weerashetakul lo demuestra en una pequeña pieza "de encargo", un encargo que la fabricante de cámaras Lomo y la plataforma Mubi le piden al director tailandés, entregándole un nuevo modelo de aparato y dejándole, como era de esperar, libertad creativa absoluta. Veinte minutos separados en dos segmentos; el sueño, la explicación oral, y el mundo de los despiertos, le bastan al director para justificar el experimento, porque aunque de cine experimental hablamos, no hay tiempo para la incomodidad o malestar de la incomprensión; consciente de nuestra limitación para entender esos primeros 10 minutos, justo cuando empiezan a repetirse las imágenes iniciales, "tío Joe" nos cuenta su propósito y la dificultad de mantener los contornos de los edificios, los colores soñados, al trasladarlos a imágenes.

Por eso las imágenes saltan, van de la naturaleza, al interior de una casa; de un perro jugueteando a niños que observan, del ruido de la selva tropical al de la circulación urbana; de los puestos callejeros a carteles políticos en medio de la ciudad. La ciudad no es otra que Khon Kaen, el hogar de origen del director, los carteles son el vehículo por el que Weerashetakul introduce la reclamación política en su cine. Sutilmente la película es un alegato al mantenimiento, y uso, del art 112 de la "lèse-majesté" law, la que permite condenar por injurias al rey y afines, no sólo al vigente, sino a los anteriores monarcas del país, y que, desde 2014, ha conseguido el mayor índice de encarcelamientos de la historia desde su existencia desde 1908, pasando la competencia a tribunales militares y juicios marciales. Como todo en el cine de "Joe" es sutil, el componente político se introduce en el sueño con los mismos saltos de imagen, indefinición de perfiles, movimientos nerviosos de la cámara que el resto. Parecería algo más sin importancia, porque, efectivamente, se trata de reflejar la vida diaria de los tailandeses evocada desde el sueño, y ¿los sueños son controlables?.


Esas imágenes del sueño parecen el reflejo de nuestras primeras apreciaciones recién despiertos, la imposibilidad de enfocar, el malestar que produce la luz sobre nuestras pupilas contraídas de repente. Esa indefinición del desenfoque se une a la mezcla misma provocada por una mente bajo control del subconsciente, de ahí que las imágenes se superpongan, se desplacen en el espacio sin coherencia, permitiendo disfrutar de una sensación de estado de naturaleza pero también del inequívoco caos de la vida urbana. No hay, ni puede haberlo, en la selección de lo filmado un orden lógico, pero si hay un diseño claro del por qué se hace y qué es lo que se pretende, las imágenes son la base necesaria para que Weerashetakul nos cuente su idea y porqué los colores vivos van apagándose al tiempo que la memoria del sueño se diluye, o lo difícil que es precisar el contorno de un edificio, de un animal, de una persona que ha sido soñada y cuyo recuerdo se evapora en cuanto recuperamos el estado de vigilia.


Tras el sueño llega la vida, y Weerashetakul se ciñe a la base tradicional de su país, vestidos ceremoniales y fuegos artificiales que producen las cenizas del título. Una fiesta sobre la que la banda sonora incluye el paso de un helicóptero que remite al estado militar en el que se desenvuelve el día a día de Tailandia tras terminar de contarnos su sueño, ése en el que cambiaba el cine por la  pintura, sorprendido por lo buenos que eran sus dibujos de aquello que había soñado, cómo llamaba a su productor chino para decirle que ya no haría más películas y cómo Lu Chen se alegraba de la decisión tantas veces esperada. Al final quedan las cenizas, los restos de algo que pasó y nuestra memoria no pudo retener, retazos de un perro saltando o de una planta creciendo bajo la luz del sol. Esperemos que Weerashetakul no cumpla su sueño de 2012 y continue haciendo cine.


 FRAGMENTO DE ASHES

No hay comentarios:

Publicar un comentario