martes, 15 de enero de 2019

VIAJE AL CUARTO DE UNA MADRE (Celia Rico, 2018)


Reconstruirse a partir de un momento en el que todo parece importar muy poco, o nada. En el instante concreto en el que nos asomamos a la intimidad de Leonor (Anna Castillo) y Estrella (Lola Dueñas), ambas sufren los efectos devastadores de un duelo que se ha anquilosado en la adulta y comienza a hacer irrespirable el futuro de la joven. Esposa e hija han perdido, no se sabe cuándo, pero desde luego no hace lo suficiente, al referente masculino de la familia. La humildad que se refleja en ese piso, la sobriedad de sus muebles, de sus adornos, de su ajuar, no es consecuencia del presente, sino del pasado; de una vida que se antoja muy apretada en lo económico y muy dependiente en lo sentimental. Esa interdependencia ahora empieza a provocar una distensión, la necesidad presente de sentirse útil de una madre y el deseo juvenil de una hija para volar por su cuenta. Una pequeña familia en la que la falta de uno de sus componentes, ahora ya definitiva, se convierte en una prueba que parece imposible de superar. Al menos, o así se lo imagina, para quien cree haber hecho ya todo lo que le estaba reservado en la vida, y ahora sólo le queda volcarse en el cuidado de una hija que acaba de salir de la adolescencia y se encuentra asfixiada, por lo material, y también por esa dependencia que percibe tiene su madre respecto a ella.

Una cafetera que se resiste a abrirse para preparar un desayuno es la metáfora visual perfecta para asumir que la vida es una carrera individual donde no siempre vamos a poder estar acompañados. Esa cafetera que, en momentos diferentes, ni la hija ni la madre pueden abrir, es el toque de atención de que no siempre va a haber alguien a tu lado para resolver, o ayudar a resolver, los problemas personales. En ese juego de dos personajes encerrados entre las paredes de sus respectivas habitaciones nadie puede atreverse a culpar de egoísmo a ninguna de las dos protagonistas. Lo que Rico refleja con una perfección casi impropia de su primer largometraje (y que la emparenta a la no menos excelente "Estiu 1993") es la evolución, sin estridencias, sin subrayados, sin coacciones ni chantajes emocionales hacia el espectador, por la que dos mujeres van, poco a poco, y cada una a su ritmo, superando esa ausencia para volver a retomar un camino de vida que, al principio de la historia, parecería muy lejos de alcanzarse, aprender a vivir, de nuevo, por separado, sin olvidarse la una de la otra.

Hay tres tiempos muy marcados en la historia de las dos mujeres, y en esos tres tiempos el espectador se siente muy cercano a las respuestas emocionales de ambas. La angustia que se siente con un nudo en el estómago y el amago de no contener las lágrimas del primer segmento, el duro transcurrir de los días de apariencia insustancial del segundo momento, concluído con la no menos metafórica quema de una mesa camilla que, también en si misma, supone una superación del pasado, un  mueble que es sinónimo de reunión familiar en la que faltan la mayor parte de sus componentes; y un tercer momento en el que los papeles de madre e hija parecen mutarse, donde la madre recupera una cierta alegría existencial sin olvidar la ausencia y la hija se acerca a ese vacío inicial de la madre, a ese miedo sin fronteras que cerca a un importante porcentaje de la juventud española, con o sin formación, que se ve obligada a vagar por Europa, sin visos de retorno, para conseguir poco menos que trabajos de subsistencia que ni en España son posibles, un tercer momento en el que ambas terminan aprendiendo a ayudarse sin que la presencia física sea necesaria de manera constante.

Para ofrecer esta historia la directora hace uso de sus escasos recursos de manera muy provechosa, apenas hay exteriores porque estamos ante una historia íntima que se desarrolla entre paredes. Habitaciones pequeñas en las que ni la cámara es capaz de entrar y ha de filmar desde el quicio de una puerta o desde una esquina, personajes que quedan enmarcados entre paredes y puertas que se superponen, como si se sintieran mucho más protegidos cuanto menor es el aire que les rodea. Ese piso, en el que se siente la ausencia de un hombre visible en multitud de objetos que no terminan de desaparecer del decorado, como una losa que sujeta los sentimientos, para trasladar una idea de culpabilidad ante la superación del duelo, va, poco a poco, recuperando luz y espacio. Estamos ante una película de sentimientos, sencilla, fluida, honesta. No cae en dramatismos gratuitos ni grandilocuentes parlamentos. Es una película de silencios y de miradas, los de dos actrices encarnando, con la misma sinceridad y sencillez que la historia, un episodio vital tan cercano a tantos espectadores; sin afectaciones, sin muecas, sin dejar de transmitir en todo momento ese dolor tan cercano a la autodestrucción del que ha de salirse porque, en el fondo, todo responde a algo tan sencillo, y al tiempo tan difícil, como es seguir viviendo.

Rodeada por la fotografía de Santiago Racaj y el montaje de Fernando Franco, Rico confirma las buenas sensaciones de "Luisa no está en casa", cortometraje precedente en su filmografía, y donde ya incidía en la importancia de las miradas femeninas en temas poco dados a ser tratados con ligereza o banalidad. Se confirma así la excelente salud del cine hecho por mujeres en España, con una de las grandes obras de 2018; y no sólo del panorama nacional. Una historia sobre el amor materno-filial en momentos de zozobra y cambio, en la que no podemos permitirnos juzgar el comportamiento de ninguna de las dos mujeres en pantalla, porque entre ellas no disminuye ni un momento el amor incondicional sean cual sean sus actos; sus vidas están obligadas a separarse y seguir rumbos diferentes, separación que no implica distancia emocional.























Celia Rico


VIAJE AL CUARTO DE UNA MADRE. España. 2018. Directora: Celia Rico. Guión: Celia Rico. Fotografía: Santiago Racaj. Montaje: Fernando Franco. Música: Pablo Ortega. Productoras: Amorós Producciones, Arcadia Motion Pictures, Canal Sur Televisión, Noodles Production, Pecado Films, Sisifo Films AIE, Televisión Española (TVE). Intérpretes: Lola Dueñas, Anna Castillo, Pedro Casablanc. Duración: 90 minutos.

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