viernes, 25 de enero de 2019

LETTERS TO PAUL MORRISSEY (Armand Rovira, 2018)

El ojo cinéfilo asiste a tal cantidad de referencias visuales mientras contempla un viaje epistolar por el pasado y las ausencias del alma, y del cuerpo, humano, que "Letters to Paul Morrissey" se convierte, por derecho propio, en una de las referencias cinematográficas del pasado año, y no sólo, aunque también, del cine español. Ajustes y desajustes que transitan de lo individual hacia el pasado de una generación sepultada por el tiempo que todo lo olvida, aniquilada por lo circunstancial y contemporáneo de su arte en el momento de su concepción. Paul Morrisey, The Factory, Andy Warhol, "Chelsea Girls", Udo Kier, Joe D,Allessandro, la Velvet Underground, iconos de los 60 que se aventuraron en la década de los 70 para apagarse con la misma velocidad con la que surgieron salvo excepciones. Una generación a caballo entre la psicodelia y el "underground", entre las drogas y su experimentación, la liberación sexual y el disfrute de la vida como compendio hedonista. Las cinco cartas con las que Armand Rovira y Saida Benzal entregan un altavoz ficticio a los componentes reales, o imaginarios supervivientes, de aquel tiempo, no dejan de ser impotentes gritos de desesperación de quienes, ahora, apenas si son capaces de mantenerse, inadaptados, gracias al recuerdo de los grandes días, pero sin dejar de reconocer el vacío del presente.

Sus monólogos dirigidos a Morrisey, de los que no se espera respuesta, funcionan como capítulos interdependientes de una narración donde el humanismo da la mano al nihilismo, haciendo que ese vacío existencial que procede de la falta de fe, del abandono de las drogas, del amor perdido, del dolor, de la vejez, vaya haciéndose parcialmente soportable para justificar la propia existencia y, al tiempo, otorgar a ésta una justificación de sí misma. Cinco personajes, de los que sólo Joe D.Alessandro presta su voz y su nombre real, ajustan cuentas de su presente alrededor de la figura ausente del director americano. Cartas firmadas por Udo Strauss (realmente Udo Kier), por Joe D,Allessandro, el icono sexual de este grupo de artistas, por Olena Wood, trasunto de alguna de las "Chelsea girls" de la película de Warhol, por la propia Saida Benzal en el episodio dirigido por ella misma, y por Hiroko Tanaka en el segmento más onírico y mas bergmaniano de la sesión y más emparentado, también, con "Persona".

Y el conjunto, a pesar de las múltiples referencias visuales, cuenta con una unidad formal y material que hace olvidar el cambio de personajes, de lenguas, de escenarios. Esa referencia omnisciente a Morrisey ayuda a concentrar los objetivos del relato en un ente difuso y lejano que hace las veces de asidero para el espectador, haciéndole partícipe, como destinatario, de las reflexiones ajenas hacia la volubilidad del ánimo y la fugacidad de una vida en la que se está más cerca de la desesperación por el fín, que del disfrute por lo que pueda estar por llegar. El primer episodio, hablado en alemán, funciona como un juego virtual y dialogado entre un hombre que busca su salvación en una fe que no encuentra, ni siente, y una mujer (la propia Saida Benzal), que hace las veces de un demonio-vampiro dispuesto a acabar con el arranque autoimpuesto de misticismo de un  personaje que quiere cambiar su vida consumista, en la que cambiar Berlín por Madrid no será la solución, para terminar refugiándose en el valle de los caídos como macabra broma de la antesala de un apocalipsis por venir, imaginando así un diálogo entre el caballero y la muerte donde la guadaña inexistente de la mujer se recrea a partir de su palabra.

Sin obviar la identidad visual que genera el uso del 16 mm, con película "caducada" y rodada con la cámara, se dice, que perteneció a Cassavettes y con la que se filmó el "Magical mistery tour" de los Beatles, del referente de Bergman se puede llegar al Gus van Sant de "Mala noche" en la segunda carta, al guiño cinéfilo a "Sunset boulevard" en el tercero con un Manhattan espectral y el espejo bergmaniano como acompañantes, al Cocteau de "Sangre de un poeta", con bella pero sin bestia, aliñado con la obsesión enfermiza y sexuada del Polanski de "Repulsión", sin olvidar los toques a Epstein, Marker y Mandico de su última misiva. Todo esto, amalgamado por la música de Françoise Hardy, puede producir un efecto en el lector de encontrarse con un pastiche multireferencial, paródico y de múltiples estilos sin  sentido, que, sin embargo, funciona con la precisión de las grandes obras, con una idea clara del recorrido que se ha de seguir hasta llegar al punto preciso buscado de antemano. Hay que haber visto mucho cine para haber hecho esta película, pero además hay que haber entendido a muchos creadores para, inspirándose en su viaje precedente, saber componer un relato con entidad y personalidad propia, y "Letters to Paul Morrissey" desborda, pese a sus referentes no ocultos, originalidad y amor por un arte compartible. Gran experiencia.



LETTERS TO PAUL MORRISSEY. España. 2018. Dirección y Guión: Armand Rovira, Saida Benzal. Fotografía: Edu Biurrun. Montaje: Armand Rovira. Música: The Youth. Sonido: Jesús Llata. Intérpretes: Joe Dallessandro, Xavi Sáez, María Fajula, Almar G. Sato, Saida Benzal, Andrea Carballo, Agnès Llobet. Producción: Mintxo Díaz, Jorge Vidal, Armand Rovira, Yayo Herrero. Compañía Productora: Dynamite Films SL, From Outer Space SL. 77 minutos.



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