viernes, 18 de enero de 2019

LA FAVORITA (Yorgos Lanthimos, 2018)


En 1840 Gaetano Donizetti estrenaba en París su ópera "La favorita", lucha de poder entre iglesia y poder político ambientada en las guerras españolas contra los musulmanes bajo el reinado de Alfonso XI, todo ello, como buen drama de la época,  girando alrededor de un triángulo amoroso, el del propio rey con su amante Leonor y el amante de ésta, Fernando. Del siglo XIV en Sevilla y Santiago de Compostela se salta al Londres y al palacio de la reina Ana en pleno siglo XVIII durante la guerra de Sucesión en España, aunque en este caso España sea obviada del relato; del triángulo convencional del heterosexualismo, Lanthimos opta por el triángulo lésbico; del ejercicio del poder por hombres se pasa al ejercicio del poder por mujeres, ridiculizando a los hombres que pululan por la corte, pero que, en sus ademanes afectados, su simpleza intelectual, no ocultan ser quienes, de manera indirecta, consiguen manejar hilos que, a simple vista, sólo se mueven por el poder de la Reina, su favorita inicial, Lady Sarah, o la nueva favorita, Abigail. La lucha de poder no se plantea entre el poder religioso y el civil, sino entre las distintas facciones del poder político, burguesía contra terratenientes, el campo contra la ciudad, y en medio, ordenando y disponiendo, tres mujeres con capacidad alternativa de decisión e influencia.

Siendo personajes del pasado los que aparecen en la trama, no deberíamos caer en el error de identificar su carácter histórico con veracidad en lo que vemos. El artilugio de Lanthimos no va destinado a darnos una clase de historia ni de parlamentarismo británico de principios del XVIII, sino a diseccionar los mecanismos y resortes de poder por los que, los juegos de intereses puramente personales, terminan primando sobre la gobernabilidad de un país, utilizando la presencia de tres mujeres para representar el auge y caída de cada una de ellas en momentos diferentes. Podrá señalarse el cambio de estilo de Lanthimos respecto a sus obras anteriores, no en balde se trata de una obra de "encargo" en la que se ha apartado de la construcción del guión con sus colaboradores habituales, apostando por el diseño de producción y la puesta en escena como elementos atractivos para el público, pero en sí, la apuesta no es, o así me lo parece, ni mucho menos original, ni en forma, ni en contenido.


Se habla mucho, con demasiada precipitación a mi juicio, de una conexión visual entre esta película y el uso de lentes por parte de Kubrick, cuando quizás, el parecido más razonable de "La favorita" con el cine del británico sea el de la iluminación de "Barry Lindon", es decir, no tanto el dispositivo usado para ver, sino el resultado en interiores de lo que se ve, un necesario mundo de claroscuros como el de los personajes que se ocultan en los rincones para sorprender el paso de quien no se espera una aparición, o los pasillos ocultos y oscuros que hurtan del común las idas y venidas de reina y cortesanas que comparten su cama; pero evidentemente, donde menos aparece la originalidad es en el argumento, con el precedente indiscutible de "All about Eve" todo está dicho acerca de su trama y las luchas de intereses personales en la corte. Y es que la historia de la chica humilde, esforzada, con ganas de aprender de una maestra en el arte, sea éste el que sea, escénico o político, para, poco a poco, ir suplantando a su mecenas hasta el punto de hacerla luz de gas no es patrimonio de Lanthimos, ni tan siquiera en la preponderancia de los papeles femeninos; Margo Channing es a Sarah Churchill, duquesa de Malborough, lo que Eva Harrintong a Abigail Masham, incluyendo a George Sanders como marido conveniente para reforzar la posición en Broadway o en la corte.


Pero sigamos desmontando esa pretendida originalidad del relato a fuerza de extraer otras "intertextualidades" a las ya comentadas. Y es que en ese mundo cercano al Tackeray de "La hoguera de las vanidades", mezclado con la mugre de "Fanny Hill", hasta en el uso del histrión disfrazado, de la afectación que trata de ocultar el abuso y el chantaje, Lanthimos directamente traspone el ambiente externo e interno de Greenaway en "El contrato del dibujante" a los salones de esta reina mortecina, enferma, caprichosa e incapacitada para gobernar. Hasta el uso de la cámara lenta como intento de prolongar el retrato paródico y sarcástico de esa nobleza ociosa que transita por los salones de palacio a la espera del favor del poderoso de turno, el desprecio hacia las clases bajas o caídas en desgracia, o el encaje lúdico del tiempo como preámbulo de la venganza, beben directamente del precedente del director británico, antaño adalid de la posmodernidad y ahora sepultado por un losa inamovible de desafecto generalizado, por lo que lo original de la película no es tal, dicho esto como simple argumento dialéctico que puede no empañar el juicio final sobre la obra, porque el arte no deja de ser copia e interpretación entre generaciones.

En Lanthimos el sexo no es disfrute, sino un arma para conseguir favores o dominar; ya desde "Kineta" ha sido así, un ejercicio mecánico ajeno al placer, y en "La favorita" la única explicitud sexual es de una asepsia brutal entre hombre y mujer, mientras el goce femenino queda más velado, entre otras cosas porque no existe la constatación fehaciente de que esa inclinación sexual fuera la verdadera de la reina y sus cortesanas. El sexo se utiliza para inclinar la balanza del favoritismo, yendo paralelo a la destreza que Abigail va adquiriendo en el manejo de las armas hasta superar a su maestra, la salpicadura de sangre en pleno rostro de la duquesa es el anticipo de una derrota, de una cicatriz por venir, la muestra clara de quién va a triunfar en esa lucha por el poder en la sombra. Blancas contra negras, como los vestidos de las tiradoras, la película se dirime en un tablero y con las normas adulteradas de una partida de ajedrez en la que cada jugador trata de conquistar a la reina de la contraria con movimientos exentos de juego limpio.
"La favorita" es una obra no exenta de interés, que muestra a otro Lanthimos más accesible y menos críptico tanto en sus imágenes como en sus metáforas. Temporalmente se abandona un presente o un futuro distópico para sumergirse en una cultura y una representación ajenas a su formación. Como película de época funciona, como película de intriga también, como puesta en escena resulta efectiva, como aparato técnico se juega al alarde visual, las interpretaciones de las tres protagonistas resultan excelentes, pero quizás, el sello de Lanthimos, termina restando calidez a la película y le aporta esa distancia del espectador tan propia de su cine en una historia que se necesitaba más cercana y menos encorsetada. Particularmente la opción visual de los grandes angulares y el ojo de pez ni me convencen ni están justificados, no me aportan gran cosa y su uso indiscriminado en exteriores e interiores eliminan cualquier intento de lenguaje subliminal en su uso.

LA FAVORITA. THE FAVOURITE. Reino Unido, Irlanda y Estados Unidos,.2018. Dirección: Yorgos Lanthimos. Guion: Deborah Davis y Tony McNamara. Productora: Element Pictures y Scarlet Films. Fotografía: Robbie Ryan. Montaje: Yorgos Mavropsaridis. Reparto: Olivia Colman, Rachel Weisz, Emma Stone Nicholas Hoult y Joe Alwyn. Duración: 119 minutos.

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