lunes, 28 de enero de 2019

GABRIEL OVER THE WHITE HOUSE (Gregory La Cava, 1933)


"Gabriel over the White House", traducida en España como "El despertar de una nación", de Gregory La Cava, quizás no reúna la calidad necesaria para prestarle demasiada atención, salvo, precisamente, por su carácter extraño, bizarro, contradictorio, su amalgama de ideas políticas, su defensa del humilde pero, también, al mismo tiempo, el uso del despotismo como remedio a los males en aplicación del principio "bien está lo que bien acaba", o "el fin justifica los medios". Ni el título original, ni la traducción española dejan lugar a dudas, el primero alude a la necesaria inspiración divina del buen gobernante, el segundo a una reacción popular en defensa de sus derechos, aunque en realidad sea otro el detonante de su mejora. Filmada en 1933 no puede olvidarse el contexto, millones de desempleados hambrientos y en la indigencia como consecuencia del crack de 1929, campamentos organizados para dejarse oir, la amenaza de ser considerados anarquistas, terroristas, antisistema; simplemente por reclamar un  trabajo y comida mientras se dilapidan millones de dólares en armamento, sin que el poder político parezca reaccionar. Al otro lado del Atlántico sabemos que los fascismos y el stalinismo hacen de las suyas sin necesidad de ampararse en un orden constitucional democrático, esto la película no lo muestra, pero lo sabemos. "Gabriel over the white house" es un producto de consumo interno para que el pueblo confíe en líderes fuertes y de ideas claras. Podría resumirse como un alegato a favor de la fe ciega en el mando si éste lo usa para resolver problemas. 


El presidente Hammond acaba de ser investido en EEUU; al final de la recepción, por si no hubiera dudas, se sincera con su vicepresidente, un "hombre de partido"; "hemos hecho muchas promesas", "no te preocupes, cuando el pueblo se de cuenta de que no las hemos cumplido se habrá acabado el mandato" le responde el vicepresidente. En pocos minutos el personaje es dibujado (Walter Houston encarna al presidente) como un títere, escasamente preparado, al servicio de su partido, con escaso interés en usar su poder sino para demostrar fuerza, sin ideas para aligerar el peso de la derrota de sus conciudadanos, sin admitir preguntas a la prensa que no sean conocidas 24 horas antes y dispuesto a usar al ejército para disolver cualquier protesta ciudadana. Tras un accidente de coche provocado por su imprudencia, "soy el presidente de los EEUU" como excusa para conducir a más de 150 por hora, despierta del coma gracias a la "influencia divina"; el "Gabriel" del título, inspirador del profeta Daniel, donde La Cava usa la sutileza para mostrar al público la llegada, y posterior partida, del arcángel; una simple cortina que se mueve y un juego de luces que ilumina y oscurece el rostro del presidente, y a partir de entonces todo su comportamiento se transforma para mejorar el bienestar del pueblo con claras resonancias del "New deal" de Roosevelt, aunque para ello no dudará en suspender las cámaras, aplicar la ley marcial, declarar la guerra a la Mafia y usar consejos de guerra para eliminar lo "malo de este mundo"..... 


La película bascula, a partir de entonces, entre eso que han dado en llamar el populismo demagógico de "oir la voz del pueblo", y el autoritarismo feroz de hacer lo mejor saltándose los procedimientos porque los tiempos lo exigen, como si Maduro y Trump,; Iglesias y Casado, se encarnaran en el mismo personaje. Las soluciones que al presidente Hammond se le van ocurriendo a partir de su "renacimiento" se mueven entre lo humanitario, lo naïf, lo arbitrario, lo despótico, lo tiránico, lo dictatorial. El dicho de mano de hierro y guante de seda parece ajustarse perfectamente al personaje, quien antes de usar la violencia siempre opta por intentar "convencer" al oponente exponiéndole cómo las consecuencias definitivas serán siempre mucho peores si utiliza su poder "ejecutivo". Ofrece al Senado que financie un plan de ayuda a los desempleados ante la alternativa de aplicar la ley marcial ante la negativa y disolver las cámaras, ofrece el exilio al jefe de la mafia antes de emplear al ejército para eliminar de raíz las consecuencias de corrupción de la ley seca (ingenua escena la del atentado en la residencia presidencial ametrallando la puerta desde un coche "años 20" que entra y sale del palacio como si nada), ofrece una salida "razonable" a su gabinete antes de destituirlo en bloque como metáfora de que los partidos son parte importante de los males del sistema al no mirar más que por la institución y no por los ciudadanos. En esa evolución, la mirada de su examante, olvidada, porque al despertar del coma no es recordada como tal, sino sólo como su secretaria personal; dando pie a la historia predecible romántica entre el asistente y la mujer; va modificándose desde la alegría de que un político se preocupe por los problemas de los que sufren hacia el temor progresivo a sus reacciones violentas que no forman parte del Hammond conocido, como si varias personas convivieran en el interior del presidente.


Agil, rodada aparentemente muy deprisa, llena de mensajes contradictorios como impulsar la inversión pública y al tiempo usar el ejército para amenazar a las 15 potencias mundiales que  mantienen con los EEUU la deuda de la Primera Guerra Mundial; su inicial tono de comedia desenfadada y a todo ritmo, se transforma en algo bastante más negro y oscuro en su desarrollo posterior. Una película que, en el fondo, defiende el "despotismo ilustrado" frente a las desviaciones de las democracias manejadas por una oligarquía, con un mensaje muy confuso para su propósito, salvo que el propósito fuera realmente ese, confiar en el "comandante en jefe" (sintomático que en la intimidad el presidente quiera que se le llame "major", lo que anticipa su carácter resolutivo y violento) ciegamente, y atenerse a las consecuencias de no obedecer al líder en tiempos difíciles, donde la falta de reacción podía avocar a los EEUU a un caldo de cultivo que hiciera estallar a las clases populares como en la URSS, o provocara una deriva totalitaria como en la Europa continental. El mensaje mesiánico se impone sobre el educativo, hay un claro desprecio hacia la clase política en la que ningún miembro mantiene una conducta ejemplar, todo se compra con dinero, se distingue entre una vieja y una nueva política que terminan dándose la mano, una abusando de la ley para enriquecerse y machacar al humilde, otro saltándose los procedimientos en nombre de un pueblo que le ha escogido.

Hay pocos recursos visuales en la película, el ya apuntado del arcángel invisible, la puesta en escena del discurso a la masa de desempleados, la utilización de la figura de Lincoln como parte del decorado de manera muy frecuente (hasta la fisonomía y vestimenta de Hammond muchas veces recuerda al personaje histórico), junto con George Washington, especie de llamada a volver a los tiempos de los padres fundadores y los grandes discursos llenos de ideas de libertad, tolerancia y prosperidad; como ese detalle de usar la pluma con la que Lincoln firmó la ley que abolía la esclavitud para firmar el tratado que traerá paz al mundo (después de amenazar con una escala armamentística que arruinará al planeta), una pluma de la que inicialmente el presidente se burla firmando una orden en relación a las basuras de Puerto Rico. Antes de la intervención divina, un líder sindical declama un discurso sobre derechos y libertades retransmitido por la radio, en ese discurso el orador lanza una pregunta al Presidente, ¿ha leído la constitución?, aunque el presidente juega con su sobrino sin atender lo que se dice, es la vieja política que, cuando se transforma en nueva, usa la constitución para usurpar el poder en aras de fines más elevados. Esta película producida con el dinero de W.R. Hearst para usarse como propaganda favorable a Roosevelt y que alteró la tensión arterial de L.B.Mayer cuando vió el screanning de la misma, vista hoy, produce el efecto contrario, que mal está servirse del gobierno para menospreciar al ciudadano votante, pero tan mal está terminar en manos de mesías iluminados por el altísimo. Una rareza incalificable pero extremadamente curiosa y que en no pocas escenas retrata, dolorosamente, muchos de los males del presente en la clase política mundial y en la atonía de la ciudadanía para reclamar lo que por derecho nos pertenece.

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