viernes, 21 de diciembre de 2018

A LAND IMAGINED (Yeo Siew Hua, 2018)


Negro y criminal, el relato de imaginería visual termina disgregándose en el tiempo y en el espacio. Las andanzas del detective Lok buscando a Wang y Ajit, presuntamente desaparecidos en extrañas circunstancias, que hacen presumir un final violento, se transforma en un desdoblamiento de personalidad onírica donde realidad, sueño e imaginación se confunden hasta provocar la confusión absoluta del espectador. Acostumbrado éste a encontrar respuestas inmediatas en todo lo que ve, lee, escucha, cuando, quizás, sea todo mucho más placentero si se limita a sentir; y como el detective Lok, ser partícipe de la misma confusión identitaria que le afecta en un territorio que existe y no existe, como el gato de Schrödinger. Que la película circule a través de la ciudad-estado de Singapur no es gratuito. 61 km2 de extensión, pero creciente, no en poderío económico como a múltiples de estas realidades más financieras que materiales les ocurre, sino en territorio físico como consecuencia de los trabajos con los que se gana, año tras año, terreno al mar para aumentar el nivel especulativo de las ofertas y, al tiempo, conseguir atraer residentes a un país con una renta per càpita de cerca de 100.000 dólares.

8000 habitantes por kilómetro cuadrado traslada la idea de enjambre, de hormiguero por el que se mueve la vida diaria de alrededor de 6 millones de habitantes, entre los que no cuentan los Wang y Ajit que acuden para trabajar en negro desde los paises más pobres de los alrededores. Bangladesh, Malasia, Indonesia, China, proveen de esa mano de obra que se necesita para alzar las megaconstrucciones que se asientan sobre terreno inestable. De Vietnam, de Myanmar, de Malasia... proceden los materiales con los que empresas internacionales se apoderan de las riquezas naturales incrementando sus cuentas de resultados, entregando una parte mínima del botín a los empresarios locales que continúan la expansión incesante y el crecimiento sin fín. En el camino, un trabajador más o menos, un ajuste de cuentas, una documentación retenida, una sospecha de narcotráfico, de prostitución, de negocios ilegales en los bajos fondos, suele pasar desapercibida. ¿Por qué Lok se empeña en encontrar a estos dos trabajadores extranjeros? Porque este policía empastillado, insomne, alucinado, cree haber soñado lo que realmente les pasó, y empeñado en descubrir el crimen las imágenes contribuyen a crear todo este territorio imaginado que se mueve entre lo real y lo mutante a cada paso.

El relato mezcla los tiempos y los ojos que ven, o quizás sería mejor decir los ojos que sueñan. Un personaje no sueña, pero otro sueña por los dos, o, quizás también, haya dejado de soñar por sí mismo para soñar lo que otro ha soñado pero ha perdido. La realidad de un territorio se hace etérea como la vida de los personajes cuando depende de un arena que no existe, sino que tiene que llegar. Singapur es la realidad de un ente irreal en transformación, el carácter mutante de sus playas impide a sus habitantes, reales, censados o imaginarios, situarse correctamente en las coordenadas de tiempo y espacio. Como en una embriaguez permanente, una narcolepsia fulminante afecta los sentidos del detective que va sumergiéndose en los espacios de Wang sin poder ser capaz de discernir lo real y lo solamente soñado. Moviéndose como un fluído que se filtra por los intersticios de construcciones plagadas de deficiencias estructurales, la existencia de Lok mientras busca a Wang, va acercándose a las simas de la consciencia confundiendo los distintos estados de vigilia con la realidad. Por eso asistimos a un relato fundamentalmente nocturno, en el que el día supone el contrapunto de una realidad que cuesta asumir porque llena de dudas lo que, de noche, parecía tener sentido. Lo que durante la noche parece encajar como un relato criminal con bandas criminales inencontrables, por la mañana, a la luz del sol, que ciega y hace sudar, se transforma en algo inconsistente y cuestionable.

El diseño visual de la película ayuda sobremanera a generar ese estado de incertidumbre, de vigilia prolongada, de alucinación onírica en el que hasta las pistolas se niegan a disparar en el momento que se las necesita. De la mano de Hideho Urata, la zona portuaria de Singapur se convierte en una mole industrial de actividad incesante, como un gran animal con vida propia; amenazante en la distancia con toda una panoplia de luces, colores y reflectores reflejándose en el agua de la bahía. Del mismo modo los barracones de los inmigrantes, los locales mugrientos de ocio y alcohol, las calles húmedas, malolientes, en penumbra, transmiten esa sensación  de inseguridad que precisa del acompañamiento de las armas para sentirnos mínimamente cómodos. En el mundo del cibercafé los mundos paralelos se expanden a tal velocidad que el sueño duplicado, o las existencias compartidas, sufren una progresión geométrica de infinita expansión que aturde, no sólo al detective, sino a quien intente localizar la lógica de la propia progresión del relato.

Nos acercamos al relato sensitivo y experimental, al juego estroboscópico de luces y banda sonora encaminado a acercarnos a la realidad física y mental que sufre el detective Lok. Las elipsis dejan de ser tales para convertirse en interrupciones del sueño que, al despertarnos, no podemos rellenar, dejando huecos, incoherencias, anomalías provocadas por las rupturas de nuestro descanso, afectadas por el cansancio, la rutina, el deseo insatisfecho, la decepción, el fracaso. Esas rupturas nos van trasladando, y cuando terminamos en una playa donde sueño y realidad confluyen, no queda sino bailar, mezclar razas y religiones bajo los ritmos de una rave multiracial y multinacional. Algo así ha de ser Singapur además de un territorio imaginado, una continua confusión de lenguas, culturas y existencias. Intentar asumir todas, o una parte, se torna complejo e imposible para nadie, incluso en sueños. Pensar que una mezcla de la realidad estilizada de Wong kar Wai y de los sueños budistas de Weerashetakul o Tsai Ming Liang pudieran convertirse en película podría ser un resumen, no del todo justo y acertado, del estilo visual de "A land imagined".
 



A LAND IMAGINED (Huan tu). Singapour, Francia, Holanda. 2018. Dirección y guión: Yeo Siew Hua. Productoras: Akanga Film Asia, Films de Force Majeure, Volya Films. En cooperación con: IMDA (New Talents Feature Grant), MM2 Entertainment, Vietnam Prize, CNC (Cinémas du monde),The Netherlands Film Fund, Hubert Bals Fund, Torino Film Lab Audience Design Fund 2018. Productor: Fran Borgia. Coproductores: Jean-Laurent Csinidis, Denis Vaslin. Director de Fotografía: Hideho Urata. Diseño de producción: James Page. Edición: Daniel Hui. Edición de sonido: Damien Guillaume. 95 minutos. Intérpretes: Peter Yu, Xiaoyi Liu, Yue Guo, Jack Tan, Isthiaque Zico.

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