viernes, 19 de octubre de 2018

VOLCANO ( Вулкан, Roman Bondarchuk, 2018)

VOLCANO (Roman Bondarchuk, 2018)


En medio de inmensas llanuras encerradas por un agua que ha llegado de manera artificial, el viaje de Lukas termina convirtiéndose en un viaje a ninguna parte donde, sin llegar a estar perdido, tampoco sabe dónde se encuentra. Traductor de una delegación de la OSCE desplazada a Ucrania para supervisar el estado y situación bélica de la zona entre tropas ucranias, independentistas prorusos y territorios sin dueño definido, donde la bandera de Ucrania no elimina la absoluta anarquía de los poderes locales, una avería del todoterreno que conduce le obliga, por imposición del encargado de la expedición, (única aparición de Occidente desde una pretendida supremacía económica e intelectual sobre el este de Europa) a buscar ayuda caminando por polvorientos caminos por los que solo transita gente armada y convoyes militares, buscando señal para su teléfono móvil. Cansado y sin conseguir su objetivo, detiene a la fuerza un camión ocupado por una pareja para que le devuelva al cruce donde el vehículo quedó averiado. El coche ha desaparecido y no hay ni rastro de los observadores internacionales. Abandonado, y sin poder comunicarse, Lukas acompaña a la joven hasta el domicilio paterno, una granja donde un estrafalario personaje, Voda, se dedica a recoger restos de la segunda guerra mundial esperando una avalancha de alemanes deseosos de recuperar los restos de sus familiares desaparecidos tras la derrota nazi y a vender un pegamento milagroso. A partir de ahí, todos los intentos de Lukas por contactar con su familia en Kiev, con sus jefes, poder regresar a su vida anterior, se ven frustrados por los reveses, y por la peculiaridad de unas personas que parecen ajenas a lo que ocurre fuera de su pequeña zona de influencia alrededor de un embalse artificial que sumergió el antiguo pueblo.
Es "Volcano" una película digna heredera del sarcasmo, humor negro y surrealismo del cine, por ejemplo, georgiano de Tenguiz Abuladze o Otar Iosseliani, con ese toque gamberro del mejor cine pasado de Kusturica y Paskalievic; un viaje en círculos que se parece al que se emprende en "El rey de los belgas" intentando regresar a su país por una Europa hostil, con el mismo tono de comedia sin risas, de tragedia sin lloros. Bondarchuk utiliza sus armas de documentalista para plasmar el entorno paisajístico en el que se desarrollará la acción, con ese plano fijo de 4 minutos en toma cenital que da apertura a la película, desde el que contemplamos una superficie líquida con un ruido de lluvia más acorde con un interior cerrado, como si una, o varias goteras hubieran desbordado la capacidad de retención del hormigón, que con el que hace la lluvia al caer sobre un embalse, pues finalmente asistimos al discurrir de un largo carguero que atraviesa el plano de abajo a arriba hasta que, finalmente, las compuertas de una esclusa se cierran. Hemos entrado en un mundo cerrado, un mundo con sus propias normas y reglas en las que intentar denunciar un robo puede conducirte a dormir en el calabozo. Un mundo en el que la cámara va filmando personas que no parecen actuar, sino que se encuentran dejándose filmar en su vida diaria, con sus comportamientos normales. Una manera de rodar naturalista donde los actores parecen, menos Lukas, formar parte del paisaje.
Lukas aprende a fuerza de golpes, y va asumiendo que se encuentra detenido en el tiempo y en el espacio. Como ese coro de fantasmas que aparece en cualquier punto del camino cantando las viejas canciones folclóricas de la región, sus deseos de abandonar el lugar no son menores que los deseos del lugar por retener en su interior a quien ha llegado a atravesar ese largo puente que parece separar el mundo de los vivos del mundo donde todo se mezcla, un mundo al que se llega atravesando una densa niebla que da paso a un sol espléndido capaz de achicharrar los girasoles. Bondarchuk utiliza la imagen para mostrarnos cómo la realidad del Cáucaso no es muy diferente a la del estereotipo violento que nos imaginamos; donde la arbitrariedad, el soborno, el crimen amparado por la policía, son habituales y en el que la imagen del intérprete termina confundiéndose con la de un hipotético soldado alemán perseguido tras la derrota de 1944. La Alemania nazi, la URSS, las tensiones Ucrania-Rusia, van confluyendo en una mezcla de alegato político antiviolencia que se manifiesta en todo lo contrario, en accesos de solidaridad entre desconocidos tan sorpresivos como los ataques y palizas que recibe el protagonista, cuyas heridas terminan siendo curadas por un ángel imaginario que se preocupa de su bienestar en ese tránsito que parece imperar entre una especie de purgatorio y la definitiva caída a los infiernos, o ascenso a un mundo apacible, bucólico y tranquilo, alejado de preocupaciones, pero también de la vida real.

Bondarchuk sabe aplicar el realismo mágico para que las escenas incomprensibles terminen siendo asumidas sin complejos por el espectador. Hay un onirismo calculado que no evita ciertos decaimientos o reiteraciones, altibajos en una película de calidad estimable que, en ocasiones se pierde por no contenerse en una duración menos estirada. Con un trío protagonista consigue que las líneas narrativas no se expandan innecesariamente, dejando sin contestación un mac guffin inicial porque, realmente, la película no precisa de él salvo para conseguir dejar a Lukas sólo en un mundo desconocido, alejado completamente del espacio conocido de la gran capital donde, se supone, la ley es algo más que un mero papel escrito. Hay calidad en esta primera ficción rodada por el director ucranio cuyo seguimiento futuro habrá de tenerse en cuenta.
 
VOLCANO. Ucrania-Alemania. 2018. Director: Román Bondarchuk. Intérpretes: Serhiy Stepansky, Viktor Zhdanov, Khrystyna Deilyk. Guión: Alla Tyutyunnik, Roman Bondarchuk, Dar'ya Averchenko. Fotografía: Vadim Ilkov. Editor: Mykola Bazarkin, Heike Parplies. Diseño de sonido: Borys Peter. Música: Anton Baibakov. Productora: Olena Yershova. Co-productores: Tanja Georgieva-Waldhauer, Michel Merkt, Dar’ya Averchenko. Compañía Productora: Tato Film. Coproductoras: Elemag pictures GmbH, KNM, South. 106 minutos.