sábado, 13 de octubre de 2018

MIRIAM MIENTE (Natalia Cabral, Oriol Estrada, 2018)


MIRIAM MIENTE (Oriol Estrada, Natalia Cabral, 2018)


A Miriam se le intenta hacer creer que vive en el mismo mundo que Jennifer, pero ella sabe que no es así. El color mulato de su piel no parece ser un problema para su integración escolar, social, familiar, pero íntimamente sabe que es un indicativo de una procedencia diferente a la de su madre y el entorno de clase alta en el que se mueve la familia de Jennifer. Para mantener las apariencias la madre de Miriam quiere competir en gasto y originalidad con la de la amiga cuando se acerca la "fiesta de los 15". El ritual absurdo por el que se quiere presentar en sociedad a ambas jóvenes es asumido con desgana y desinterés por Miriam, que sabe que, el verdadero sitio de su familia no se encuentra en un chalet con piscina propia, sino en el barrio de clase media y en un piso de gente común por más que su madre se empeñe en dilapidar ahorros y sueldos futuros. Miriam tiene tan interiorizada su pertenencia a la raza blanca que hasta bailar salsa con su padre es un esfuerzo, se niega diciendo que no sabe, pero en el fondo no es así, sólo que negándose a hacerlo y mostrándose torpe marca una distancia con una parte de su origen, el que tiene interiorizado y que la une con un mundo en el que no le gustaría ingresar.


En un mundo de apariencias, los novios también son objeto de competición, o señal de status. Lo mejor es inventarse uno, un ser virtual con el que se comunica por internet pero del que se desconoce todo, hasta su presencia física. En la idealización juvenil del muchacho con el que se escribe, Miriam ha volcado gran parte de sus propias aspiraciones pero también las de la familia blanca materna, que asume la existencia de ese novio como algo tangible, del que lo más importante no es su personalidad, sino su origen, su clase social, su "pedigrí", como si de esa manera Miriam pudiera aspirar de una vez por siempre a borrar el color de la piel que delata su origen mixto. De nombre Jean Louis, ese aspirante a pareja permite fantasear con un origen francés, rico heredero de alguna fortuna por compartir. Cuando deciden conocerse antes de la fiesta a la que quiere invitar al chico, la realidad le devuelve la imagen de aquello que en su casa no se acepta aunque no se diga. Jean Louis es negro, como lo es el padre de Miriam (Vicente Santos, el protagonista de Cocote reseña de COCOTE ), y la figura del muchacho se representa en la mente de Miriam como una repetición de los errores del pasado que han desintegrado su familia en dos partes que no encajan. Reconocer que el chico que le ha interesado por escrito es negro supone un conflicto de tal entidad para Miriam, que prefiere mantener el silencio, la ocultación y la mentira, empezando por no acercarse a Jean Louis cuando sabe que es la persona a la que está esperando y provocando una bola de nieve de conclusión imprevisible.

Se vuelca así sobre Miriam una realidad social que no necesita de explicaciones verbales; se intuye la discriminación racial, se intuye el clasismo, la hipocresía. Se supone, y la joven lo acepta como algo seguro, que si Miriam acepta esa relación inmediatamente se va a ver excluída de ese mundo futuro de clase alta o acomodada en la que se encuentran todas sus amigas blancas. Le negritud se transforma así en sinónimo de rechazo, de retroceso social. Con cierto aire sencillo, desenfadado, anecdótico, los directores lanzan una carga de profundidad contra la realidad de la República Dominicana, un país en el que alrededor del 70 % de la población tiene ascendencia afroamericana pero donde el poder y el dinero se concentra en manos blancas. Resulta paradójico que la joven no se cuestione su propio color ni su origen, sino que, directamente, por decisión propia, decide juzgar como imposible una relación que se va a mantener oculta incluso cuando se cambia de parecer y se demuestra que el joven también se ha hecho una idea preconcebida acerca del mundo, raza y status en el que debe moverse quien organiza una fiesta de esa envergadura para celebrar algo tan banal como los 15 años de edad.

La cámara de Estrada y Cabral decide rodar en primeros planos o planos medios donde lo importante es el rostro de los actores que aparecen en pantalla; uno, dos o tres. Podríamos afirmar que las personas apenas tienen cuerpo de cintura para abajo, pues no es importante incidir en el espacio en el que se mueven, sino en las sensaciones que transmiten de duda, hastío, angustia, decepción. Un mundo de adultos mentirosos que va extendiendo sus redes de hipocresía hacia las nuevas generaciones que aprenden rápido y que, cuando deciden intentar reparar sus errores, no llegan a tiempo porque los demás también han aprendido a mentir y a decepcionarse. Queda un refugio en la amistad y en la connivencia íntima con una amiga, hasta dónde pueda llegar esa confianza entre seres que pertenecen a clases y mundos muy diferentes es algo que la película deja abierto en el breve espacio de las semanas en que se desarrolla la acción, donde el verismo de las situaciones también permite cierta ensoñación, cierto realismo mágico (como se veía en John From de Joao Nicolau reseña de JOHN FROM), con momentos donde el cuerpo de Miriam parece que va a empezar a flotar imaginando inmensidades marinas en las que comunicarse sin palabras con buzos imaginarios o con ballenas pintadas, momentos de liberación personal que explotan como burbujas y dejan a la adolescente en medio de todos sus miedos, los propios de su edad y los imbuídos por el mundo en el que quiere vivir y en el que la obligan a pensar. 


Oye bien por tu mal comportamiento/ Te vas a arrepentir/Muy caro tendrás que pagar/Todo mi sufrimiento 
Llorarás y llorarás/ Sin alguien que te consuele/Y así te darás de cuenta/Que si te engañan duele.
Oye mira y después vendrás a mí/Pidiéndome perdón/Pero ya mi corazón/No se acuerda más de ti
Llorarás y llorarás/ Sin nadie que te consuele/Y así te darás de cuenta/Que si te engañan duele.


MIRIAM MIENTE. Republica dominicana, españa. 2018. DIRECTOR(ES): Natalia Cabral, Oriol Estrada. GUIONISTA(S): Natalia Cabral, Oriol Estrada. FOTOGRAFÍA: Israel Cárdenas. MÚSICA: Ernesto Paredano. MONTAJE: Aina Calleja, Oriol Estrada, Natalia Cabral. SONIDO: Amanda Villavieja. DIRECTOR ARTÍSTICO: Mónica de Moya. PRODUCTOR EJECUTIVO: Natalia Cabral, Oriol Estrada, Jordi Comellas, Paco Poch. DURACIÓN: 85 minutos. REPARTO: Dulce Rodríguez, Carolina Rohana, Pachy Méndez, Frank Perozo, Georgina Duluc, Vicente Santos, Ana María Arias, Margaux Da Silva, María Castillo, Beatriz Machuca, Cecile Van Welie. PRODUCTOR / COPRODUCTORES: Faula Films SRL, Faula Films SRL (República Dominicana), Mallerich Films Paco Poch (España), Mallerich Films Paco Poch