lunes, 29 de octubre de 2018

GENÈSE (Philippe Lesage, 2018)

  GENÈSE (Philippe Lesage, 2018)

El miedo desata la acción, o la inacción, en el cine de Lesage. En "Les demons" RESEÑA DE LES DEMONS su protagonista, magistralmente recuperado en el tramo final de "Genèse", vive paralizado por el miedo, miedo a crecer, miedo a las relaciones fracasadas de sus progenitores, miedo a la muerte que, de manera tan brutal y despiadada, está acechando en la comunidad en la que vive en forma de abusos, pedofilia, secuestros, desapariciones. En "Genèse" existe el miedo a crecer, pero existe más el miedo a vivir y enfrentarse a los propios deseos que no siempre coinciden con los deseos de los demás. "Genèse" gratifica al espectador que no se limita a contemplar el relato lineal, gratifica a quien no se conforma con finales abiertos y soluciones explícitas. Cuando "Genèse" abandona a la pareja de hermanos protagonistas, su historia no concluye y empieza otra muy diferente pero  no tanto, la continuidad narrativa permanece y la misma se engrandece con una solución formal que descoloca al tiempo que emociona, porque todos tenemos un origen, para todos existe un "génesis". Cuando en la película cambian los protagonistas y el lugar, se consigue la culminación necesaria para un relato que empezaba a languidecer en el exceso pasional de Guillaume y Charlotte y su humillación programada.

Hay miedo a descubrir la propia sexualidad en el momento de acercarse a la madurez. En medio de una fiesta estudiantil, Guillaume busca desesperadamente una pareja femenina con la que bailar, o aparentar que se baila. Buscarse un escudo protector ante tanto manoseo, besuqueo, ante tanta hormona despierta hacia la que, realmente, no siente atracción, pero tampoco puede decir que rechace. En ese deambular por la pista, que no es sino un salón de una vivienda, Guillaume va moviéndose como un planeta en órbita predeterminada hasta que choca con el polo de atracción, un compañero masculino de internado, el mejor amigo, y el menos inclinado a modificar el tipo de afecto. Para Guillaume el tránsito hacia decidir si revela sus inclinaciones o las mantiene en silencio, esperando que el roce ocasional de la camaradería provoque otro tipo de reacciones compartidas, es un tránsito hacia la ansiedad y hacia el dolor. Cada movimiento de acercamiento confirma sus sospechas de que su deseo no es compartido, pero en la reafirmación de su sentimiento y de su sexualidad, no dudará en exponerse públicamente aunque ello le lleve al ostracismo absoluto.



Charlotte, sin embargo, tiene definida su opción, pero también ha alcanzado el aburrimiento de pareja apenas rozados los 20 años. La mirada de Charlotte fluye de la alegría a la decepción, del èxtasis de la libertad, a la trampa de la fidelidad y el encorsetamiento. La relación de Charlotte con un joven de su edad ha tocado techo y se acerca hacia un fondo negro y de reproche mutuo. El cuerpo de Charlotte es rehuido de manera inconsciente por su pareja, que en mitad de la noche prefiere fijarse, a través de un telescopio, en las formaciones de estrellas y constelaciones, a prestar atención al cuerpo que comparte cama con él. Charlotte necesita emociones, aunque terminen siendo humillantes, y en ese tobogán sexual es mejor, para su concepción del riesgo y el placer, buscar hombres de más edad que ella, hombres ya maduros con los que dejarse engañar pero que, con su desdén o infidelidad no dejen de compensar su experiencia sexual a transmitir. Intuir desde la lejanía del vehículo en el que espera, que su nuevo amante está acostándose con otra mujer reafirma su concepción de que está dispuesta a todo por experimentar en un camino de decepción y hundimiento para conseguir conocerse. Incluso aquí Lesage utiliza ese zoom que nos recuerda a Sang soo, el zoom de la sorpresa y el zoom que actúa como un golpe brusco pero rápidamente detenido.



Guillaume y Charlotte están condenados a sufrir para crecer, las experiencias no se pueden aprender, y en el camino de conocimiento es necesario caer y decepcionarse. Para ello el argumento utiliza el mecanismo de la imagen. Pocos cineastas de la actualidad componen y cuidan tanto la puesta en escena como Lesage, cuando la cámara se mueve no es simple coreografía visual la que se pone en movimiento, sino un acompañamiento en el que se evita el mortecino plano-contraplano para producirnos la inmersión en la panorámica que envuelve a los personajes en una corriente elíptica de ida y vuelta, donde seguimos sus miradas y apreciamos sus pensamientos. Tras la ruptura de Charlotte y sus dudas con la nueva pareja, una escena en un parque nos devuelve a un punto de partida pretérito con el distanciamiento propio de quienes saben que va a resultar muy difícil volver a confiar y volver a sentirse atraídos. La cámara emplaza ante nosotros a la joven pareja inicial sentada en una manta sobre el césped, la falta de un sacacorchos obliga a Charlotte a moverse por el parque, la cámara no atosiga ni se mueve nerviosamente, al revés, de manera armoniosa sigue a la joven trazando una panorámica, consiguiendo lo que buscaba pero también encontrando al adulto ex-amante en situación similar a la suya con otro grupo. Cuando Charlotte vuelve con el joven, el tímido acercamiento previo se ha enfriado, tanto como mantener la cita condenada a la oscuridad, un enfriamiento acompañado por la luz que se apaga, el día cae y la penumbra va adueñándose de la pareja, poca luz que les mantiene unidos pero alejados, con el deseo de ella por volver al otro círculo, optando por la oscuridad de una relación tormentosa. A veces es mejor sufrir que no sentir nada, Guillaume y Charlotte han optado por sufrir porque así serán capaces de sentirse vivos.


Ambos han decidido humillarse en público (probablemente sean las escenas que más rompen el ritmo sosegado del director, escenas que también turban porque se salen del continuo fluir de lo ya visto), en la caída hay que llorar, Guillaume lo hace físicamente, y sabedor de lo que es el dolor está dispuesto a consolar a Alexis, para Charlotte, en cambio, el llanto ha de disimularse porque la caída (literalmente una caída en el barro) es casi consciente, aunque para asumir el trago haya de emborracharse, quedando las lágrimas disimuladas por la lluvia. La cámara que recorre la mansión paterna concluye con la cercanía de dos hermanos somnolientos y que amagan un abrazo en la cama, para dormir y no soñar, surgiendo el cambio de escenario que nos sorprende con el fuego. Cerrando un círculo del que, inopinadamente, surge una nueva línea narrativa, Lesage acepta y asume un reto mayúsculo, que a la historia de los dos hermanos les pueda suceder una tercera parte autónoma pero complementaria. El fuego de la hoguera se transforma así en el elemento transmisor del conocimiento, el fuego, la luz, la revelación de que generación tras generación apenas si nada cambia en el despertar del sentimiento. Alguien, que pudiera ser un Guillaume del futuro, canta la misma canción con la que Guillaume se convierte en el rey de la clase al inicio del film bailando sobre una silla de su pupitre. Podemos pensar que vamos a asistir a la madurez de los personajes tras una elipsis brutal. No es así, surge la sorpresa y el desconcierto, Lesage nos sumerge con otros protagonistas prácticamente mudos, tan asustados y esperanzados como los niños de "Les demons", pero con unos pocos años más. Asistimos, sorprendidos y excitados, a la vuelta de tuerca del despertar de la atracción sexual. 

Para ello Lesage vuelve a utilizar a la cámara como vehículo narrativo y transmisor de sentimientos. Mientras el cantante representa su danza, la cámara se centra en el lado izquierdo del auditorio, chicos y chicas en la primera adolescencia ocupan el plano, mientras la cámara se va acercando lenta y primorosamente hasta centrarse en Beatrice y su amiga, las dos tienen puesto el punto de mira en alguien que se encuentra frente a ellas. La cámara no tiene prisa, asistimos a sus risas nerviosas, sus cuchicheos, sus miradas entre inofensivas y pícaras. Poco a poco Lesage se mueve hacia la derecha, la otra mitad del auditorio. El enfoque se dirige hacia el punto que supuestamente es objetivo de las dos chicas. Recuperamos entonces a Félix, el protagonista infantil de Les demons con algún año más. Su mirada es más huidiza, más tímida, más vergonzosa. Sabe que es él quien está siendo analizado, escrutado, elegido por las dos jóvenes, pero su parálisis es comprensible. A partir de esta escena esa media hora final se mueve en este plano de miradas, acercamientos, temores, vergüenzas, miedo al rechazo. La palabra verbalizada no tiene cabida entre los dos adolescentes, la solución la brindan los adultos monitores del campamento de verano en el que se desarrolla este segmento, hay un buzón para los acampados y hay un elemento utilizado todos los días, la música. Félix se sirve de los dos para confesar su atracción. Como Guillaume y Charlotte, Félix se expone públicamente al rechazo, aunque el despertar del deseo adolescente termine siendo compartido, la genialidad del concepto visual se sigue sosteniendo en la mirada y, finalmente, en la tímida cercanía de los dos cogidos de la mano. Si Guillaume y Charlotte sentían el dolor de la ausencia, de la soledad presente o inmediata, para Félix y Beatrice el miedo es la separación, conseguir el objetivo de quererse cuando el campamento acaba. Lesage acopla a su historia la solución narrativa que utilizó Jonás Trueba en "La reconquista"RESEÑA DE LA RECONQUISTA y en el abrazo final de los jóvenes se intuye la frase dicha pero no oída de "Lost in traslation", pero a diferencia de la nostalgia que envuelven estas otras dos historias, Lesage nos brinda el breve plano de una sonrisa esperada y sorprendida de la amiga de Beatrice, una joven que se vuelve hacia nosotros y nos sonríe porque cree que hay futuro de verdad.

GENÈSE. Canadá. 2018. Duración: 129 min. Dirección: Philippe Lesage. Guión: Philippe Lesage. Producción: Geneviève Gosselin-G, Galilé Marion-Gauvin . Productora: Productions l'Unite Centrale. Fotografía: Nicolas Canniccioni. Montaje: Mathieu Bouchard-Malo. Edición: Mathieu BOUCHARD-MALO. Productor: Galilé MARION-GAUVIN. Interpretación: Théodore Pellerin, Noée Abita, Brett Dier, Mylène MacKay, Marc Beaupré, Pier-Luc Funk, Édouard Tremblay-Grenier, Paul Ahmarani, Rose-Marie Perreault, Emilie Bierre, Vassili Schneider, Tomas Ross, Jules Roy Sicotte, Jean-Simon Leduc