domingo, 30 de septiembre de 2018

MIKELE (Ekhiñe Etxebarría, 2017)

MIKELE (Ekhiñe Etxebarría, 2017)

Transmitir normalidad, tranquilidad, refugio. Zambullirse en una realidad sin percibir la sensación de tragedia. En los primeros planos llama la atención contemplar a una adolescente bucear en una piscina con pantalón de deporte, pero poco después todo alcanza su sentido y su significado. La vida de Mikele está a punto de experimentar un cambio notable, va a abandonar la estabilidad de su pueblo, Huarte, en Navarra, para ir a estudiar cinematografía a Barcelona. Ese núcleo duro de amigas, familia, colegio, pueblo; que ha aceptado su diferencia, que ha asumido sin discriminación de ningún tipo la condición transexual de la joven, puede modificarse con el cambio de domicilio. El miedo a ese cambio es mucho, el miedo a crecer también, la ilusión y confianza que transmite Mikele, enormes.
La película es un conjunto de reflexiones sobre la vida diaria de la joven, contadas en primera persona, autofilmadas también en una especie de selfie cinematográfico, o a través de su madre y amigas. Nadie en pantalla aparece para cuestionar la sexualidad de Mikele, ni su empeño desde muy niña en querer tener un aspecto exterior acorde con su sexualidad interior. La película surge, así, como un "tertium genus", un experimento sin conflicto, cuando sabemos que detrás de esta realidad hay multitud de dramas, pero no hay dulcificación impostada, sino la muestra de otras maneras mucho más naturales de enfrentarse a algo que suele desembocar en rechazos o comentarios despectivos.
Te agarras a la alegría de vivir de Mikele, a la naturalidad con la que habla y explica su forma de enfrentarse a algo muy íntimo, te preocupa pensar si, cuando cambie de ambiente y de amigos, esa forma frontal y directa de hablar de si misma se hará más opaca; si para protegerse decidirá esconder su cuerpo todavía no perfectamente femenino, si decidirá no relacionarse para que no surjan equívocos. El mayor miedo de Mikele es crecer, y así nos lo cuenta, saber que va a llegar el día en que se va a enamorar de un hombre y va a tener que correr el enorme riesgo de exponerse, de contar cómo nació y cómo ha luchado por convertirse en mujer. Sabe que no le queda mucho para llegar  a ese momento, sus amigas ya lo están viviendo y ella se ha retraído, consciente, o inconscientemente, para no experimentarlo y no sufrir rechazo.
“Sé que mi historia no es una historia de lucha y supervivencia como otras que he conocido. Algunas me impactaron tanto que he llegado a sentirme culpable por la suerte que he tenido. Solo puede decirles que no tengan miedo y que nunca se odien por ser como son” (entrevista a El País), qué triste, qué duro sería enterarse que detrás de tanta alegría, de tanta seguridad, de tanta entereza, algún miserable contribuyó a deshacer la normalidad de Mikele y a hacer de este mundo un lugar un poco más inhabitable. No teniendo porqué ocurrir, disfrutemos de Mikele y su historia, un relato blanco apenas tamizado con algún gris que destila optimismo y se funde en la metáfora de la sirena, la mujer que, oculta, o no tiene, genitales, pero de la que nadie duda de su condición femenina.

MIKELE. España. 2017. Dirección: Ekhiñe Etxeberria. Guión: Ekhiñe Etxeberria. Fotografía: Arantxa Cavanillas. Montaje.: Itsaso Arizcuren. Sonido: Anna Novell. Producción: Lide Tellechea. 45 minutos.