viernes, 13 de julio de 2018

LE RAPPORT KARSKI (Claude Lanzmann, 2010)


LE RAPPORT KARSKI (Claude Lanzmann, 2010)

"Yo lo sabía, pero no lo creía, y como no lo creí, no lo supe" Raymond Aron.


Once años de rodaje, montaje, producción, más de 350 horas filmadas, un monumento histórico difícilmente superable y, al tiempo, una cruda experiencia para el espectador, muy dificil de soportar y asumir ante la avalancha de información partiendo de los testigos de un hecho que, hasta ese momento, parecía único e irrepetible en la historia de la Humanidad. "Shoah" es un ejemplo de lo que se puede hacer para no olvidar y, de paso, para que nadie tenga tentaciones de inventar discursos alternativos de "posverdad". El dolor, la muerte, la barbarie no tuvo como víctimas únicas a los judíos en los años de la segunda guerra mundial y en la preguerra, pero si es el grupo social con más derecho a intentar que el recuerdo del exterminio no se pierda, no se dulcifique, no se comprometa con una simple sombra de duda. Lanzmann, víctima él mismo de aquellos años y superviviente milagroso tras ser detenido como miembro de la resistencia francesa; a lo largo de más de 9 horas, recorriendo Alemania, Polonia, Ucrania....., sin ofrecer ni una sola imagen de lo que ocurrió, fue filmando los lugares y a las personas que lo vivieron, ya como testigos ajenos al dolor, como víctimas o como verdugos.
"Shoah es una película sobre la radicalidad de la muerte y la radicalidad de la exterminación. Y para afrontrar, radicalmente, esa realidad sólo cabe una película como ésta, no hay otras posibilidades. Yo encontré el sol negro de la Shoah, y lo digo sin falsa modestia. Lo digo con humildad y con orgullo. Sin vanidad y sin modestia. Ésta es una película fundacional, y no lo digo yo, aunque también lo digo yo" (Lanzmann a El País en 2003). En medio de tanto material y con la idea de centrarse en el exterminio, sin divagar hacia otros aspectos de aquella ideología asesina, o el comportamiento de quienes no estaban en los campos e iban consintiendo circunstancias imposibles de entender si no se atiende a un instinto de supervivencia en situación límite desde la propia comunidad judía, sin analizar cuál fue el papel de las potencias aliadas ante las evidencias de lo que los nazis estaban llevando a cabo en su país y en los territorios ocupados y países satélites, mucho de lo rodado quedó, así, desplazado de "Shoah", o pospuesto, o destinado a ser el germen de obras posteriores. Y esto pasó con la entrevista efectuada a Jan Karski en octubre de 1978, una entrevista largamente buscada, largamente rechazada por el afectado, pero que, finalmente tuvo lugar en dos días y durante ocho horas, que en Shoah quedaron reducidas a poco más de 40 minutos.
Al inicio de "Le rapport Karski" Lanzmann da las razones tanto de parcelar la entrevista como de no incluir este segmento en "Shoah". El contenido de una y otra pueden ser asimilables, pero no son homogéneos, Karski en "Le rapport..." no habla del exterminio, no habla de los campos, no habla del ghetto, porque eso quedó en el contenido de "Shoah", y no todo, porque de su entrada en el campo tampoco se incluyó su testimonio. Él, una de las pocas personas que pudo entrar, verificar y salir del ghetto de Varsovia en dos ocasiones, y del campo de Belzec mediante la colaboración de la Resistencia polaca y la comunidad judía, pudo dar testimonio de lo visto y de lo nunca imaginado. Pero además de esa faceta de testigo privilegiado en su vida tuvo un encargo crucial para el gobierno polaco en el exilio. En 1943 fue enviado, de manera confidencial, diplomática y secreta, a los Estados Unidos para poder contar, de primera mano, todo aquello que ya era conocido por las autoridades polacas y por el  gobierno británico. Como le ocurría al filósofo de la cita inicial, la idea del holocausto circulaba por las potencias aliadas, pero existía como una incapacidad intelectual para poder asumir tanta dosis de inhumanidad, se trataba de una situación irrepresentable mentalmente, o que si alguien era capaz de representar, terminaba por no poder asumir ante la inexistencia de referentes. La misión de Karski, sin romper el protocolo ni las normas diplomáticas, era la de contar lo que sabía a cuanto líder norteamericano le requiriera para comparecer ante su presencia. Por eso Lanzmann excluyó esta historia de Shoah, porque no habla directamente de las experiencias del exterminio, sino de cómo la idea de que ese holocausto estaba en marcha empezó a conocerse y a valorarse.

Jan Karski, héroe de guerra polaco, un superviviente nato en las múltìples ocasiones en que estuvo a punto de ser asesinado, tanto a manos de los soviéticos cuando evitó la matanza de Katyn haciéndose pasar por soldado cuando era un oficial de artillería, o a manos de los naziz cuando fue detenido ya como miembro activo e importante del ZWZ, primer movimiento de resistencia en la Europa ocupada, desempeñó actividades de inteligencia notables durante la guerra en un intento, por parte de los supervivientes gobernantes polacos, de garantizar la independencia e integridad del país al final de la guerra ante la amenaza, más que probable, de la fagocitación del país a manos de Alemania y la URSS. Tras el estreno de Shoah, Karski lamentó que Lanzmann no incluyera su testimonio en relación con sus intentos con los aliados para que estos reaccionaran ante el holocausto y no quedara una visión objetiva de los miles de personas que se solidarizaron y ayudaron a los judíos en ese periodo. Aunque coincidiendo con esa visión de Lanzmann, Karski también entendió que la coherencia interna de la película exigía esa depuración. Un hecho vino a favorecer los deseos de Karski, aunque fue ya bastante después de su muerte en el año 2000. En 2009 Yannick Haenel publicó su novela "Jan Karski", un éxito de ventas y premios en Francia que, asumiendo la entrevista en Shoah y un libro de memorias del entrevistado, termina haciendo una recreación ficcionada de los episodios ocurridos en 1943 cuando Karski se desplaza a los Estados Unidos y se entrevista con Rossevelt y con el juez de la Corte Suprema Félix Frankfurter, una ficción donde se viene a poner en boca de Karski que los aliados eran cómplices del Holocausto por su inactividad.

La falta de rigor de la novela con los hechos históricos hicieron saltar a Lanzmann, no sólo escribiendo una furibunda crítica negativa sobre las afirmaciones de la novela teñidas de históricas, sino que provocaron que Lanzmann retomara aquella entrevista y decidiera hacer pública la parte en la que Karski relata su experiencia en esas semanas de viaje desde Polonia a Reino Unido, y de allí a Washington. Por estas causalidades de la historia, el deseo frustrado de Karski llega  a hacerse realidad, pese a que en 1996 el propio Lanzmann había depositado una copia de la entrevista íntegra en el Memorial del Holocausto de Washington, asistimos a la imponente y marcial figura de Karski desgranando con minuciosidad apabullante esos días que tan trascendentes resultaban para el gobierno polaco, tanto en lo territorial como en lo humano, intentando convencer a los aliados para que se esforzaran lo posible para poner fín al exterminio de los judíos. Lanzmann utiliza, así, la misma filmación para dos finalidades diferentes, y, en el fondo, reivindicar a la propia figura de Karski como un ser nada banal, desmitificando la inoperancia y la ceguera aliada ante el problema, marcado por unos ritmos y unos lenguajes cifrados del poder que pueden escapar al espectador medio, pero que se justifican ante la separación de papeles de cada uno de los interlocutores, preocupados, cada uno, en una faceta del puzzle a reconstruir.


Visualmente el testimonio cumple con la estética formal de "Shoah", 9 planos, un primero breve y conciso, "J,ai fait mon rapport", un segundo que reproduce un texto escrito y leido por el propio Lanzmann sobre las razones de recuperar esta parte de la entrevista, en su momento eliminada del documental seminal, y los siete planos siguientes que reproducen la misma, con ese aire de autenticidad que, la falta de imágenes ajenas al rostro del propio Karski, potencia, pero en la que no está ausente la herramienta del montaje, porque, y a nadie puede escapársele, si el material utilizado por Lanzmann al final se acerca a la hora y media, y se grabaron más de 8 horas de testimonio, ha tenido que haber una labor de selección y eliminación, pero también de superposición, de búsqueda del interés cinematográfico incluso alterando el orden temporal en el que las frases han sido dichas, aunque ello no implica, ni mucho menos, un falseamiento de lo relatado por el protagonista. Lanzmann hace una película ágil con el coste de eliminar material, centrando las palabras en la preparación del viaje, la preparación del encuentro con Roosevelt y cómo se desarrolló éste, y, sobre todo, el encuentro con el juez Frankfurter, único momento en el que Karski elimina su hieratismo, su espalda recta, y se levanta para representar los movimientos y reacciones del juez cuando Karski, por fín, es interpelado de manera directa sobre la cuestión judía en Polonia. Quienes han comparado los 49 minutos ofrecidos al mundo, con las 8 horas completas que se custodian en el Museo del Memorial, saben dónde están los cortes, los saltos, las eliminaciones. Es lógico, Lanzmann ha de dar coherencia interna a esta pieza separada de la obra originaria. Introducir más entrevistas con más personajes en 1943 supondría restar fuerza y contenido a aquéllas que supusieron el baño de realidad de Karski.


Asistimos a un personaje lúcido, conciso, preciso, minucioso, que, durante la entrevista con Roosevelt entiende que el presidente no le recibe para centrarse en una pieza del problema, sino para abordar el verdadero problema polaco en el debate postbélico. Apenas Karski pudo disponer de unos breves minutos de presentación de aquello que se le había encargado decir, finalizando su alocución con "sin ayuda externa los judíos perecerán en Polonia", un parlamento al que siguió la visión de un líder preocupado por el nuevo orden mundial y no por un problema concreto, haciendo preguntas que parecerían evitar ahondar en el tema del exterminio y sus, improbables, soluciones en ese momento. Por eso, y para reivindicar la figura de Roosevelt, eliminando cualquier rastro de duda sobre su aparente desidia en conocer la realidad, resulta trascendente esa segunda parte del documental, el encuentro, aunque hubiera muchos más con otros políticos y autoridades religiosas, con el juez Frankfurter. En esta misión es evidente el uso de esos mecanismos diplomáticos en los que se espera respeto y hablar de lo que se quiere escuchar y no de lo que se tiene interés en contar. El inicio de la conversación entre Karski y Frankfurter es revelador del por qué de esa remisión que Roosevelt hace. Roosevelt no se desentiende del problema cuando Karski intuye que no va a poder entrar en los detalles del ghetto o de Belzec, sino que ha valorado los problemas y va a dirigir a Karski a quien puede estar más interesado o conoce mejor la situación, para después afrontar soluciones. 
-Frankfurter "¿Qué tiene usted para decirme?
-Karski- "No se cuál es su interés, podría preguntarme"
-F: ¿Usted sabe que soy judío?
-K: Sí
-F: Pues cuénteme sobre los judíos, ¿qué les pasa a los judíos en su país?
El contenido de lo que después narra Karski aparece en muchas obras, incluso del propio Karski, pero su importancia fílmica se encuentra en cómo proporciona una salida para un final concluyente al documental. La figura de Frankfurter se emparenta con la de Raymond Aron citado al principio, intelectuales ambos incapaces de asumir tal grado de maldad en el alma humana, incapaces de aceptar lo que Karski cuenta porque eso supone admitir que hay algo en el ser humano que no es posible de imaginar, algo que no puede compararse con nada visto hasta entonces, "no soy joven, soy juez de hombres, como yo y como usted, tenemos que ser totalmente honestos, y le digo, no le creo......mi mente, mi corazón están hecho de tal manera que no puedo aceptarlo, no digo que usted mienta, digo que yo no lo puedo creer"...."conozco a la humanidad, conozco a los hombres, imposible, NO, NO, NO". Para Karski, creyera que la reacción del juez era puro teatro o no, lo que sí queda claro es que en ese momento los aliados no entendieron la alarmante situación para los judíos de Varsovia, las enigmáticas palabras "estamos haciendo lo mejor tanto como podemos, el resto no podemos hacerlo" pueden abrir las vías a muchas intepretaciones, pero Karski es capaz de entender esas reacciones, 35 años después de los hechos, Karski continúa siendo incapaz de manejar algo que no tenía comparación con la historia de la humanidad, intenta alejar lo más posible de sí mismo el holocausto, es capaz de entender, asumir, comprender el problema polaco, pero no así el exterminio judío, un hecho en absoluto manejable para quien lo vió en directo y que entiende que ,desde Nueva York, Londres, mundos en guerra, no fuera posible discriminar la importancia y gravedad de algo que no era representable. "Nuestras inteligencias no son capaces de entender ciertas cosas" Karski dixit.

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