martes, 6 de febrero de 2018

NOSTALGIA DE LA LUZ (Patricio Guzmán, 2010)

NOSTALGIA DE LA LUZ (Patricio Guzmán, 2010)


BUSCANDO LA MEMORIA. Con sorpresa, porque no me esperaba esta historia, con admiración, porque me parece magistral, y con un nudo en la garganta por lo que  cuenta y cómo se cuenta, “Nostalgia de la luz”, del chileno Patricio Guzmán, documental elaborado con muchas dificultades de financiación y con mayores de exhibición, a pesar de la multitud de patrocinadores, entre ellos TVE, y que ha obligado a idear fórmulas alternativas como la del patrocinio por parte de los propios espectadores para poder proyectarse, es todo un puñetazo de realidad a partir de eras de historia en la que la humanidad apenas es un punto y coma en todo el recorrido. Ambientada en el desierto de Atacama, lo que parece una historia nostálgica de recuerdos personales y con el hilo conductor de la astronomía, no en vano la película comienza con la apertura de la cúpula protectora de un viejo telescopio alemán en un observatorio del desierto y con fulgurantes e impactantes imágenes de estrellas y constelaciones, deriva en la búsqueda de una memoria reciente sepultada conscientemente para ocultar culpabilidades. 



La película contiene la crítica inherente a cómo somos capaces de buscar nuestra memoria perdida de millones de años de antigüedad y evolución, y al tiempo somos incapaces, por ceguera, por insolidaridad o por interés de los culpables y sus cómplices, de recuperar la más próxima, la de los indígenas enterrados en ese desierto por ser los primeros ocupantes humanos de la zona, la de los mineros que a finales del XIX se desplazaron, como verdaderos outsiders y remedos de los colonos californianos en búsqueda de la fortuna, terminando como semiesclavos en colonias de las que sólo se salía para ser sepultado en unos cementerios abiertos, como bosques secos de cruces rudimentarias, donde el tiempo ha ido destapando los osarios para dejar los restos visibles, y cómo esas mismas colonias mineras fueron usadas por Pinochet para encarcelar a sus opositores y ese desierto fue igualmente utilizado para hacer “desaparecer” a los “insurgentes”. 



De esa manera  la película se convierte en una búsqueda constante; la de los astrónomos buscando el origen del universo y recibiendo ahora las radiaciones de estrellas que las emitieron hace millones de años, analizando espectografías que revelan la existencia de calcio en las estrellas, el mismo calcio de los huesos desperdigados por el dictador, extraídos, en su momento, de sus primeras sepulturas para intentar borrar la huella de su genocidio; la búsqueda de las viudas e hijas, en pleno desierto, removiendo el terreno palmo a palmo de manera incansable, buscando indicios de esas fosas que no terminan de dejar de aparecer, sabiendo que son las últimas y están en las últimas, que según quedan menos familiares con vida, mucha gente se va sintiendo más liberada porque existe menos posibilidad de ser juzgados. En definitiva la nostalgia de la luz de un Chile que durante un breve periodo soñó con otro mundo posible donde el poder se sujetara al pueblo, y que se vió sacudido por la realidad cuando a éste se le privó violentamente de la democracia porque su decisión se consideró errónea y peligrosa, y que ahora vive todavía con un pasado ocultado, sepultado y borrado, pero siguen existiendo rastreadores dispuestos a localizar ese rayo que ilumine la oscuridad.

NOSTALGIA DE LA LUZ. Chile, Francia, Alemania. 2010. Guión y dirección: Patricio Guzmán. Producción: Renate Sachse. Fotografía y cámara: Katell Djian. Sonido directo: Freddy González. Música original: Miranda & Tobar. Montaje: Patricio Guzmán y Emmanuelle Joly. Supervisora de montaje: Ewa Lenkiewicz. Imágenes de la Vía Láctea: astro fotógrafo Stéphane Guisard. Montaje de sonido y mezcla: Jean-Jacques Quinet.Productora: Atacama Productions (Renate Sachse y Patricio Guzmán). Duración: 90