domingo, 28 de enero de 2018

WIND RIVER (Taylor Sheridan, 2017)


WIND RIVER (Taylor Sheridan, 2017)

Las banderas siempre se ondean para identificarse, para reafirmarse como símbolo de pertenencia a un grupo, por eso, una bandera boca abajo también lo es. Cuando el agente forestal interpretado por Jeremy Renner llega a la reserva «Wind River» y una de las imágenes que primero observamos es la bandera de la Unión ondeando boca abajo en medio del duro invierno de Wyoming, algo nos hace intuir que la película va a hablar de algo más que de un relato de cine negro a la búsqueda del culpable de una muerte que intuímos en la primera escena bajo la luz blanca de la luna y en medio del manto blanco de un paisaje que apenas puede intuirse en la oscuridad de la noche. Una joven huye, descalza, corriendo por la nieve, aterida de frío pero a la velocidad máxima que sus mermadas fuerzas le permiten, los dedos de los pies han comenzado a ennegrecer, y su mirada se dirige a sus espaldas continuamente, está huyendo aunque desconocemos de qué o de quién. Cuando el agente llega a la reserva lo hace con un propósito personal y profesional muy diferente, pero termina, buscando un rastro animal, encontrando el cuerpo de la joven, con señales de agresión sexual y un rastro de pies que indican que venía de muy lejos, todo lo que la resistencia de su fortaleza interior le permitió recorrer antes de colapsar congelada por dentro. Estas dos escenas, junto con la presentación inicial del trabajo de control de las especies peligrosas en la montaña que lleva a cabo el agente forestal dibujan a la perfección el clima en el que Sheridan va a situar su primera película como director, ofrece al espectador las claves a desarrollar y el sentido de la trama, y de manera breve, pero precisa, nos hace conocer a los personajes que se complementarán con la llegada de la novata agente Banner (Elisabeth Olsen) del FBI que tiene que hacerse cargo de lo que, inicialmente, parece un asesinato.


Se hacen difíciles de comprender las razones por las que una película así puede ser despreciada por el distribuidor y exhibidor españoles, directamente enviada al mercado de vídeo a la demanda, o, siendo sinceros, aparcada en los servidores de las páginas de cine pirateado desde hace meses; una producción de más de 10 millones de euros es despreciada en España cuando su calidad es muy superior a la media de las mediocridades semanales que acaparan las pantallas. El tema aparenta atractivo, el cine policíaco y criminal teñido de western parece tener un público fiel, de hecho la novela negra goza de un buen número de ventas en España donde la novela nórdica es aceptada sin problemas en un ecosistema de frío y nieve muy similar al de la película, hay un actor de cierto prestigio y solvencia, conocido por el gran público como es Jeremy Renner, la banda sonora la compone alguien nada sospechoso de mercantilismo barato como Nick Cave junto al no menos extraordinario Warren Ellis, el director ha sido premiado en el último festival de Cannes en la sección Un certain regard y ha sido guionista de relatos tan potente como «Sicario» RESEÑA DE SICARIO o «Comanchería» RESEÑA DE COMANCHERÍA . ¿Por qué no ha llegado a los cines? No hay respuesta racional para su exclusión, pero en todo caso, hay que hacerse eco de un producto solvente, de indudable calidad y contenido que comete un error en su parte final a mi juicio, introduciendo un «flash-back» aclaratorio en medio de la tensión de la resolución de la trama, que provoca un efecto anticlimático demoledor pese a lo salvaje del contenido del propio recuerdo como de lo que sucede posteriormente en tiempo real.



Salvo esa escena, me atrevo a señalar que no hay ninguna otra concesión al melodrama barato, a la solución artificiosa y banal, pese a la enorme carga de tensión sexual que va acumulándose entre agente y guarda forestal no se introduce el recurso fácil de ese romance «ad hoc» tantas veces visto, el trasfondo político de la película es interesante, la exclusión social de los aborígenes norteamericanos, confinados en reservas de las que son dueños, incluso cuentan con «policía» y sistema judicial propio, pero en la que no son sino rehenes de si mismos y de su pasado, ancianos pasivos y resignados, personas maduras que todavía sienten la rabia que genera la impotencia para cambiar la situación y que ven diluirse sus raíces anulados en su propio país, y jóvenes destinados a carne de cañón, a refugiarse en las drogas, enrolarse en el ejército o malvivir en la reserva sin esperanza de progresar y sobre los que recaen todas las sospechas de las violaciones y desapariciones de jóvenes en el territorio de la reserva. El nexo psicológico del relato hace que el personaje interpretado por Renner reviva su propia experiencia personal al perder una hija en situación parecida a la que ayuda a resolver a la inexperta agente policial, de esa manera, el torturado personaje que pierde hija y vida familiar como consecuencia del drama, se encuentra ante el dilema moral, y la obligación personal, de enfrentarse a las verdaderas alimañas que destrozan vidas sin remordimiento alguno, animales dañinos de verdad y no los lobos o pumas que su trabajo obliga a exterminar, estos se limitan a seguir su naturaleza para sobrevivir, algo que no puede predicarse de los verdaderos culpables, cuyo descubrimiento acerca el final de la historia, más a un colofón tarantiniano que a un epílogo acorde al ritmo creíble y contenido del resto de la historia, única pega, como ya se ha apuntado antes, de un muy sólido relato social y criminal.



La mujer en este mundo aparece como un ser indefenso, por fuerte que sea, imposibilitada de defender su integridad ante el salvajismo ajeno, la noche se transforma en amenaza y no en forma de oso o lobo, sino con forma humana. Por su parte, el indígena aparece huérfano de sus referentes históricos, confinado en su propio país en lugares de inhabitabilidad extrema, lugares del pasado, cierto, pero los peores lugares que, además, han de consentir en su seno, islas de aparente independencia donde no rige más ley que la de la propiedad privada al servicio de las grandes corporaciones. Ante el duelo, el indio norteamericano quiere usar las tradiciones del pasado pero su presente es absolutamente opuesto a grandezas, homenajes, honras. Pintarse en la cara una máscara mortuoria no es sino un patético esfuerzo por reivindicar sus orígenes, pero, al tiempo, también es la constatación de otra impotencia a sumar al amplio catálogo ampliado generación tras generación. Sheridan con este guión, como el de «Sicario» y el de «Comanchería», realiza una trilogía de los presentes estratos populares de su país, muy alejados del cliché de la primera economía del mundo, un sistema que tritura a sus menos favorecidos transformándolos en relleno sobre el que asentar el crecimiento de unos pocos, eliminando, o tratando de hacerlo, sus referentes culturales, ya sean indios o latinos, o dejando al «wasp» en manos de la codicia de las entidades financieras o corporativas que generan, a su alrededor, bolsas de impunidad. Al hombre común sólo le queda hacer bien su trabajo y esperar que su resultado consiga eliminar, de vez en cuando, algún elemento dañino para la sociedad, conseguir algún momento de justicia poética entre tanta derrota colectiva y personal.




WIND RIVER. EEUU. 2017. Dirección: Taylor Sheridan. Duración: 111 min. Reparto: Jeremy Renner, Elizabeth Olsen, Gil Birmingham, Jon Bernthal, Julia Jones, Graham Greene, Kelsey Chow. Productora: Thunder Road Pictures, Star Thrower Entertainment, Acacia Filmed Entertainment. Compositor de la música original: Nick Cave, Warren Ellis. Director de fotografía: Ben Richardson. Diseño de producción: Neil Spisak. Guionista: Taylor Sheridan. Montador: Gary Roach. Producción: Basil Iwanyk, Peter Berg. Sonido: Tom Ozanich