viernes, 31 de marzo de 2017

DANCING BEETHOVEN (Arantxa Aguirre, 2016)

DANCING BEETHOVEN (Arantxa Aguirre, 2016)

Hay tantas versiones de la novena de Beethoven como orquestas y directores capacitados para interpretarla. Hay tanta emoción en sus notas que es irrelevante las veces que se haya escuchado, visto, oído, tenido como música de fondo mientras se lee un buen libro. Incluso hasta es perdonable su manoseo y su adopción por el mundo del pop y el rock con cursis y hasta sacrílegas versiones del poema de Schiller que durante tiempo confundieron a incultos auditorios sobre la procedencia de la música y el original de la letra, enriqueciendo con derechos de autor a quien sólo se aprovechó de un trabajo legendario para la historia de la cultura europea. Cada uno tendrá su, o sus, versiones favoritas. Si puedo quedarme con alguna escogería, entre las relativamente modernas, la de Carlos Kleiber, una de esas personas que conseguían transmitir sentimientos múltiples con la música que los profesores están interpretando a las órdenes de su batuta. Siendo la partitura la misma, no todas las novenas suenan igual, durante décadas el sinfonismo clásico, romántico y neoclásico sufrió el colapso de un monopolio procedente de Berlín que hacía que todas las grandes sinfonías sonaran igual, daba los mismo Haydn, que Mozart, que Beethoven o que Brahms. El mito Karajan pesaba demasiado para poder atreverse a defender otras opciones, sin saber de música parecía arriesgado decir que otros sonidos resultaban mucho más cercanos, más emocionantes, menos mecánicos, menos apabullantes. Algo así ocurre viendo el excelente documental de Arantxa Aguirre, porque si algo no podría concebir mi mente poco imaginativa es que la música de Beethoven para la 9ª se transformara en ballet; sí lo ves y lo sientes para la 6ª, pero ¿la 9ª? Parece imposible, y sin embargo Béjart, otro mito de las artes europeas lo hizo en 1964, y 50 años después, el homenaje al bailarín y coreógrafo francés nacionalizado belga se traslada al cine, al momento de la recreación de ese montaje bajo la espectacularidad de la  música y el inevitable atractivo de cuerpos en constante movimiento y equilibrio armónico.

Lo que uno sospecha que puede conducirse como un mero documento, que no documental, que reproduzca el proceso creativo cronológico desde el primer ensayo hasta la representación final, se convierte en algo muy diferente. Está, y es evidente, pero ese proceso viene acompañado de ramificaciones que, partiendo del tronco central, música y ballet, introducen en el relato una cierta intriga, bien es verdad que un tanto manipuladora en una de sus historias concurrentes con demasiados primeros planos reiterados para mostrar la belleza de una mujer cuyo rostro termina cansando al no aportar demasiado, con su mirada, a la evolución de la narración que viene acompañada por temas que, o surgen de los bailarines, o de los coreógrafos, o de los propósitos del ballet, o del propio Béjart, de la unión, de la vida y de la muerte, en definitiva, del paso del propio tiempo. El relato que parece lineal en un principio, siguiendo a una actriz cuya presencia y justificación no nos es revelada, que inicialmente parece impostada, pero que posteriormente saldrá a la luz, y que hace de cicerone e improvisada reportera en los entresijos de la compañía, de las orquestas, de los ensayos, como si se tratara de la propia directora usando un alter ego improvisado, permite ir diversificando la propuesta hasta terminar hablando de un canto de esperanza, de libertad y de alegría, como la oda del himno del 4º movimiento de la sinfonía. El ballet ha de conseguir trasladar la idea de hermandad, de mezcla, de solidaridad, de esfuerzo común. Todo ello para desembocar en la armonía donde ni razas, ni fronteras, ni credos, ni opciones políticas excluyan a unos en beneficio de otros o de unos pocos. ¿Cómo hacer aparecer esto en imágenes y en la representación? Al ballet Béjart se le une el Ballet de Tokyo, la mezcla de razas es un hecho inevitable, la orquesta la dirigirá Zubin Metha, otra cultura, otra religión, los músicos los de la Filarmónica de Israel, más mixturas. ¿Cabe más mezcla, más diversidad cultural, religiosa, política? 


Puede ser, siempre es posible abrir más aún la unión, pero el símbolo es evidente y el resultado habla por sí solo, la alegría puede ser compartida, los colores, las ropas, los movimientos harán el resto en un itinerario creativo lleno de variaciones, como las estaciones que marcan cada cada cambio. 4 estaciones como 4 tiempos de la sinfonía, unidos en un círculo que viene y vuelve año tras año, frío y calor, sol y oscuridad, alejamiento y acercamiento. Estaciones que se suceden como las formas geométricas de unos cuerpos que se mueven al ritmo de una música ofrecida con un propósito. La belleza de cuerpos y sonidos no está vacía de contenido, aún si así fuera bastaría para calificar la película, heredera del ballet, como enormemente hermosa y soberanamente atractiva. Si al esteticismo inherente a la danza se une el propósito de compositor y poeta, unido al del coreógrafo que se homenajea en la película de principio a fín, se consigue dotar de sentido a la imagen. Una finalidad que se nos antoja casi imposible con la simple comprobación histórica de hacia dónde se ha dirigido siempre el mundo y, sin ir más lejos, hacia dónde se encamina una idea tan compatible con el espíritu de la 9ª como es la Unión Europea, una unión sin ciudadanos y hacia la que estos sienten cada vez más rechazo en vez de exigir su progresiva mejora en el ámbito de derechos fundamentales. Solemos rechazar aquello que funciona mal en vez de exigir que funcione como debe. Se pervierte el espíritu para beneficio de muy pocos que, además, se aprovechan de las deficiencias para sembrar la semilla de la destrucción. Más Beethoven y menos oligarquías, más Béjart y menos Consejo, más Parlamento y menos multinacionales, más referendum y menos T.T.I.P.



Dirección: Arantxa Aguirre. Reparto: Malya Roman, Julien Favreau, Elisabet Ros, Kateryna Shalkina, Óscar Chacón y Gil Roman. Título en V.O.: Dancing Beethoven. Nacionalidades: España Año: 2016 Fecha de estreno: 28-04-2017. Género: Documental. Guion: Arantxa Aguirre. Fotografía: Rafael Reparaz. Música: Ludwig van Beethoven.

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miércoles, 29 de marzo de 2017

EL ECLIPSE (L,ECLISSE, Michelangelo Antonioni, 1962)

EL ECLIPSE (L,Eclisse, Michelangelo Antonioni, 1962)

ENLACE A AMANECE METRÓPOLIS



 Para mi gusto uno de los indiscutibles maestros de la historia del cine, tanto en su fase de blanco y negro como en su época en color, que comenzó justo después de "El eclipse". Una película de completa modernidad, rabiosamente actual, devastadoramente sencilla e inquietante. Un lujo escribir sobre ella, en la que ni la presencia de Alain Delon molesta. 


 Comparto en "Amanece Metrópolis" mis opiniones sobre la excepcional propuesta del cineasta, que se que a muchos y muchas les aburre y asusta. Enfrentarse a los miedos del día a día y a las vacías relaciones sociales es posible que no agrade, pero donde esté Antonioni que se quiten todos estos cineastas encumbrados por las masas con un par de películas que no resisten ni dos semanas tras su visión.



martes, 28 de marzo de 2017

NUEVO ALTAR (Velasco Broca, 2017)

NUEVO ALTAR (Velasco Broca, 2017)


«Sin el mar, el hombre no tendría donde reflejarse, ni dios sin el hombre tendría aspecto, el mar sin el cielo sería puro abismo, igual que el homb..........».
El cortometraje tiende a ser menospreciado como equivalente de imperfección, de quedarse a medio camino de una propuesta narrativa completa, como si no fuera “cine de verdad”, y en un país donde el cine y la cultura son despreciados por sistema, el acceso al cortometraje se acerca al culto secreto de una secta de iniciados, un grupúsculo de jóvenes y no tan jóvenes creadores que, no siempre por carencia de financiación para proyectos mayores, apuestan por la brevedad para contar sus historias. Velasco Broca es uno de esos directores cuyo cine se encuentra cómodo en este formato reducido en tiempo, pero denso en propuestas, no es cine para mayorías ni falta que nos hace, es cine lisérgico mezclado con lo espiritual, lo terrenal y lo celestial (sea lo que sea esto), donde se juntan propuestas que ofrecen resultados tan apetecibles como este Nuevo Altar en el que no hay palabra que revelar ni fieles que adoctrinar. Hay curas, iglesias, muertes, medio muertes, resurrecciones, demonios y surrealismo a raudales, todo ello mezclado con el sabor castizo promovido por ir creando una congregación  de adeptos dispuestos a adoptar a un personaje como representante de un nuevo culto, bienvenido sea el Padre Julián a esta nueva confesión medio atea medio creyente.
“Nuevo altar” empieza a circular mientras la anterior obra del director, “Nuestra amiga la luna”, sigue recogiendo reconocimientos y premios (el último en el festival de Málaga, dato que sirve para ir eliminando el mal concepto ganado a pulso en el pasado por este festival, que poco a poco se ha ido abriendo a las nuevas narrativas del cine español, siguiendo la estela de otros muchos más modestas y adelantándose a formatos esclerotizados de los grandes dinsaurios). Formalmente puede ser el corto más convencional de su director, aunque también hay juegos puntuales con texturas e imágenes interrumpidas o deformadas; visualmente es el menos arriesgado por optar por no ser rupturista, aunque su historia y su trama si que resulta endiablada. Broca se acerca al color y nos tiñe de rojo, de blanco, de negro y de verde, se instala en el cine de género para divagar. No podría ser de otra forma diferente cuando el hilo conductor de la historia es el propio demonio; desnudo, barrigón, con la piel de color rojo, que se dedica a deambular por los espacios del bosque a la busca de almas que reclutar, sembrando de trampas el interior de la iglesia de la que ha desaparecido su párroco, el padre Daniel, y en la que termina recalando el padre Julián (Julián Genisson) acudiendo a una llamada de auxilio a un accidentado, y que asume la rectoría ante la inexistencia de sacerdote, un diablo que hace trampas para firmar contratos con la sangre de los moribundos.
A medio camino entre el padre Karras y el padre Berriartúa, la consolidación del padre Julián (tercera película del director en la que aparece el personaje) asume el protagonismo del corto mano a mano con el diablo, convirtiendo la película en misterio, lucha por la fe, desapariciones, muerte, pesadillas demasiado reales, confesiones a cámara de un personaje cansado de hacer el bobo en medio del bosque.........Divertimento puro y duro donde el relato entra en bucle, lo iluminado se vuelve a ver en la oscuridad apenas rota por el halo de una linterna, los feligreses desaparecen y se transforman, el bosque va y vuelve mientras el acantilado rocoso hace las veces de trampolín hacia el infierno. Para el padre Julián las preguntas del estudiante de religión siguen sin respuesta, la duda sobre la muerte permanece repiqueteando su cerebro una vez ordenado, ofreciendo una imagen estética de cura preconciliar en permanente lucha con el antiguo y el nuevo testamento al que el miedo ante un auditorio vacío paraliza como al deportista el silencio en medio de un partido. 
El nuevo altar está lleno de viejos protagonistas, al diablo el peso de los años se le hace cada vez más duro, su vista cansada le impide ver bien de cerca, y más que maldad, su actuación se parece a travesuras infantiles, hacer trampas en medio de un paisaje en el que la lluvia, el frío, la nieve, aconsejan olvidarse de los ausentes que han decidido empezar una nueva vida sin que nadie lo sepa, abandonar la sotana cansados de luchar contra feligreses inconstantes y herejías nada peligrosas. «Nuevo altar» es un revuelto de ideas que funcionan como funciona el cine de Velasco Broca, en este caso como una comedia satánica definida por el personaje del sacristán, que al abrir un armario dice «así estoy yo por dentro», donde lo mismo aparecen decenas de cachivaches tirados, como un muerto, donde los cables parecen pelados y los chispazos están a punto de reventar el resultado pero en el que siempre se termina saliendo a flote. Genisson y Broca se divierten y, de paso, nos divierten, siempre fue más interesante el personaje del diablo que el del santo, aunque todas las iglesias se empeñen en intentar convencernos de lo contrario, más atractiva una iglesia con un cura sin auditorio que otra llena de fieles fervorosos, más surrealista y enternecedor un demonio que confiesa no querer entrar en territorio sagrado porque ya está cansado de hacer el paripé que el personaje histórico que aterraba a doncellas y fulminaba a los valientes. El trino del diablo ha sido siempre más subyugante que las armonías de un órgano eclesiástico, salvo que por medio apareciera Johann Sebastian Bach.

lunes, 27 de marzo de 2017

SELFIE (Víctor García León, 2017)

SELFIE (Víctor García León, 2017)

ENLACE A LA REVISTA DE VALLADOLID ÚLTIMO CERO

Tercera película de Víctor García León, a quien parecía que habíamos perdido desde que en 2004 hiciera "Vete de mí" y previamente "Más pena que Gloria", donde Biel Durán sufría por el inalcanzable amor de una primeriza, pero que ya llenaba la pantalla, Bárbara Lennie.

 El pijo máximo, el cretino absoluto, un personaje al que, de detestable, uno termina cogiendo cariño precisamente por su composición de truhán, de irresponsable, de estereotipo de nuevas generaciones del PP. La película reparte a diestra y siniestra, no os preocupéis, también hay cretinos en Podemos, y en el medio una España ciega y confiada.


Génova y Vista Alegre, una gozosa película que, desde lo absurdo y lo surrealista, consigue plenamente alcanzar la línea de flotación de una España enferma hasta las trancas. Desde luego con estos ejemplares jóvenes se vislumbra un difícil futuro para un país que no tiene presente.

domingo, 26 de marzo de 2017

OSTATNIA RODZINA (The last family, Jan Matuszynski, 2016)

OSTATNIA RODZINA (The last family, Jan P. Matuszynski, 2016)


Reconozco no haber oído en mi vida mencionar el apellido Beksinski, ni el de Zdzislaw padre ,ni Tomasz el hijo, ni la madre, Zofía. Son personajes, por tanto, que bien pueden ser de ficción o reales, aunque de hecho, terminada la visión de la película compruebo el arsenal de webs que enlazan, sobre todo, con dos hechos reales, la obra pictórica de Zdzislaw Beksinski y  su absurda y horrible muerte. Matuszynski rueda este biopic sin desgranar una sucesión temporal de anécdotas, sin explicativas transiciones que traten de recoger con exhaustiva profusión la vida de esta familia que, desde el principio, se antoja insufrible, inaguantable, mentalmente enferma y encerrada entre las paredes de su piso en un barrio inhóspito de Varsovia. Enormes bloques de ladrillo y descampados sin urbanizar; como mecanismo de autoprotección ese matrimonio emancipa al hijo y le manda a vivir cerca, en el mismo barrio, en un piso recién construido que parece arrasado por una plaga. Un hijo enfermo, neurótico, misántropo, con miedo y asco al contacto físico con las mujeres, cruel y sin sentimientos más que para su madre, sin empatía emocional por persona alguna, presa de raptos de ira que aconsejan una separación, aunque sea mínima, del domicilio paterno. Las visitas a ese piso del hijo se antojan antesala de la muerte, un ascensor como un cajón de madera, una estructura inestable y envejecida en su misma concepción, un espacio reducido y angosto que recuerda un ataúd. El desarrollo de la primera película larga de Matuszynski es una larga marcha fúnebre en la que los miembros de la familia van desapareciendo por efecto del paso del tiempo, de la enfermedad, del suicidio, del homicidio.......cualquier forma es posible en medio de una familia dotada de genialidad en la misma proporción que son incapaces de vivir hacia fuera.


Matuszynski ha gozado, para elaborar la historia, con un material de primera mano inagotable. Entusiasmado por la tecnología, el pintor surrealista-postapocalíptico (así compruebo que se le define) polaco grababa horas y horas de experiencias familiares, sin rubor, sin miedo a revelar su intimidad. Da lo mismo que se trate de una enfermedad mortal, de un fallecimiento, de un intento de suicidio. Cargado con su cámara recoge la vida diaria, incluso sus momentos de creación. La vida familiar se transforma en arte perdurable de la mano de su compulsiva necesidad de filmar, incluso en medio de un ataque paranoico. Necesariamente el ego del artista empequeñece todo aquello que le rodea, las virtudes o méritos de los demás parecen menores en medio de la obra del pintor, ni los estudios lingüísticos de la esposa, reducida a ama de casa que funciona como argamasa que mantiene unido el núcleo familiar entre la despreocupación paterna y la enfermedad filial, ni las dotes musicales y artísticas de éste, locutor de radio, traductor de guiones, entre ellos los Monty Python para la televisión polaca, introductor de nuevas músicas en los finales de los 80 polacos, cuando la dictadura toca a su fín, pueden rivalizar con la figura de Zdzislaw, que emerge enorme en medio de cualquier habitación, nada arrogante, con un fino sentido del humor, pero anulando a su paso cualquier otra existencia relevante a su alrededor. Estar juntos sin apenas hablar de nada relevante, pasar los días y las horas sumidos en la espera de una nueva obra mientras el mundo parece girar alrededor de sólo una persona, transforma a esa familia en un grupo totalmente inestable, mecido y cuidado por un sentido de entrega femenino frente a la despreocupación galopante de lo masculino.


Apenas hay planos que salgan del interior de los domicilios de estos personajes aislados de su mundo. Lo que pasa fuera de las paredes del domicilio del matrimonio apenas si influye en su vida diaria, en el tránsito entre la década de los 80 hasta 2005, nada del mundo exterior hace cambiar formas de vida, modos de pensar, anhelos de libertad. La dictadura traerá una bocanada de esperanza en el nuevo mundo pero en el domicilio de los Beksinski nada cambia, no es noticia el fín de Jaruzelwski, ni la llegada de un papa polaco, ni unas elecciones democráticas, ni la incorporación a la UE....nada ocurre fuera que valga más que la propia vida interior, salvo la posibilidad de acceder a nuevo material cultural que, de otra forma, se obtenía mediante costosos y alambicados recorridos clandestinos. Sólo un abogado que regularmente compra los cuadros del pintor por orden de un coleccionista francés tiene acceso a ese santuario de manera regular, no son visitas desinteresadas sino que buscan recoger material para contar en un libro la vida de esta familia tan atípica. En esas conversaciones entre el abogado y el pintor, éste desvela sus fantasías, sus perversiones, todo aquello que le hubiera gustado hacer pero que, su cultura, le impide llevar a cabo. Rodada en tonos apagados, el cine polaco se mueve con soltura en medio de la familia, personajes encerrados y oprimidos por un ambiente creado de manera consciente para aislarse del resto, como esa ampliación de la entrada de la vivienda a costa de reducir el descansillo comunitario, ganar espacio para de manera simultánea crear mayor sensación de ahogo y falta de aire al tiempo que te aleja un poco más del resto de vecinos. Los planos, salvo aquellos que recrean las filmaciones caseras, son estáticos, como cuadros expresionistas de personajes rodeados de objetos de uso cotidiano, espacios reducidos por la acumulación, de cuadros, de discos, de libros, pasillos reducidos al mínimo para aprovechar un lugar en el que colocar más y más colecciones. En su entorno familiar, la cámara trata de observar a las personas desde cierta distancia, para eso, inevitablemente, la cámara rueda desde una habitación diferente o desde un pasillo, así los cuerpos quedan encajonados entre puertas, entre paredes, aprisionados por espacios que parecen achicar aire y reducir sus posibilidades de movimiento, constreñidos, impedidos de moverse con soltura, dejando apenas unos centímetros libres para pasar sin rozar un mueble, una mesa, un sillón, una estantería. 


Matuszynski logra una obra de madurez huyendo del tópico que tiende a homenajear y a sentir empatía excesiva por personas que han existido realmente, no utiliza la creación artística de sus personajes como excusa para alimentar el metraje de la película, es capaz, incluso, de ofrecer momentos de excelencia dramática intensos como el desenlace brutal en la vida del pintor, digno del Kieslowski de «No matarás», o la escena del accidente aéreo previamente anunciada como un chiste macabro por Tomasz, hechos unidos con momentos descorazonadores sobre las reacciones humanas ante hechos ineludibles, despedidas anunciadas como inevitables en las que los personajes masculinos se comportan con absoluta frialdad. Un lacónico «enhorabuena» macabro cierra otro de esos momentos terribles en la vida de una persona, un enhorabuena que lacera nuestras conciencias asumiendo lo terrible del momento, pero comprendiendo la liberación añadida para quien queda en pie. A pesar de la soledad, el desamparo, el miedo a lo desconocido, nadie renuncia sin luchar antes de morir salvo que se tenga la valentía suficiente como para rendirse y poner fín a lo que parece inaguantable.


Título internacional: The Last Family.Título original: Ostatnia rodzina. Polonia. 2016.Dirección: Jan P. Matuszyński. Duración: 124'. Guión: Robert Bolesto. Intérpretes: Andrzej Seweryn, Dawid Ogrodnik, Aleksandra Konieczna, Andrzej Chyra.Fotografía: Kacper Fertacz. Montaje: Przemysław Chruscielewski. Escenografía: Jagna Janicka. Producción:Aurum Film, HBO Poland, Lightcraft, Universal Music Polska.

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jueves, 23 de marzo de 2017

LA DISCO RESPLANDECE (Chema García Ibarra, 2016)




LA DISCO RESPLANDECE (Chema García Ibarra, 2016)

 ¿Cuánto significa la memoria para unas nuevas generaciones? Ante una estatua que representa un abrazo entre dos combatientes republicanos, dos chicas se comunican con sus amigos diciendo que están en la estatua de los maricones esperándoles, en un entorno degradado, abandonado, lleno de la mugre de la falta de inversión y del desarrollismo especulador de la comunidad valenciana, García Ibarra, con la fotografía de Ion de Sosa, refleja un día cualquiera de media docena de jóvenes cuyo panorama vital es tan limitado como alto el volumen de la música (o lo que sea) con la que mueven sus cuerpos en mitad de la nada, entre restos de basura y restos de una guerra que ni conocen de oídas.

Rodeados de vestigios de un pasado que acabó con un sueño, se mueven y desplazan con todo lo que necesitan a cuestas, sin percibir que la ruina es el producto de un fracaso colectivo que culmina con el fracaso de las nuevas generaciones, que ya no tienen que ocultar o avergonzarse de un pasado, sino que ni tan siquiera cuentan con la formación suficiente para comprender el lugar en el que se encuentran. Jóvenes de procedencias culturales ajenas al entorno en el que viven, carne de cañón para nuevas y futuras crisis, señalados por la policía por el color de su piel o el aspecto que delata su procedencia magrebí, los días pasan en conversaciones vacías y las noches entre alcohol y música rítmica con la que bailar, hasta pueden presumir de su incultura o de su falta de formación, tan escasa es su composición sobre el mundo en el que viven.

Horteras de extrarradio, ropas que no disimulan su intención de hacerse notar, tan discretos como para llevar deportivas que se iluminan al andar, García Ibarra enfrenta a unas generaciones con un pasado incapaz de ser asumido porque ni es comprendido. El origen armenio de una de ellas la obliga a participar en un acto reivindicativo por mera pertenencia familiar sin alcanzar a entender el significado íntimo e intrageneracional del mismo, por respeto a un padre pero no por convicción, del mismo modo que ese acto resulta extraño, inaprehensible, todo un misterio para el grupo de amigos que, desde un segundo plano, asisten al espectáculo sin ser capaces de ubicar su realidad y su porqué.
 Guerra, destierro, exilio, muerte; aquí y en el país del que proceden sus mayores, refugio nihilista en tierra extraña que no les impide una integración a ritmo de música discotequera, “reggaetón” infame que hace resplandecer una disco mientras su cabeza continúa en permanente apagón. Exhibicionismo estereotipado de personas desinteresadas hacia lo que les rodea e incapaces de rebelarse ante un futuro que se les presentará duro, excluyente y violento. “La disco resplandece” utiliza imágenes de luz filtrada que envejece el resultado, imágenes de los años en los que vivimos que podrían situarse, estéticamente, en los años 80. Construcciones abandonadas y espacios fantasmales en los que no hay vida, casi como en el interior de estos jóvenes cuyo horizonte se limita al plan de la tarde-noche siguiente; una generación que no va a conocer el esplendor en la yerba viviendo continuamente entre los restos del naufragio.
FICHA TÉCNICA.  España-Turquía. 2016. 12 minutos. Dirección: Chema García Ibarra.  Guion: Chema García Ibarra.  Fotografía: Ion de Sosa.  Montaje: Chema García Ibarra.  Dirección Artística: Leonor Díaz Esteve.  Sonido: Leti Argudo; Jorge Flor.  Productor: Mahmut Erbay. Producción: Erbay Medya ve Prodüksiyon / Jaibo Films. Actores (Reparto) : Juan José Faz, Ani Hovhannisyan, Fatima Kounbache, Amine Midoune, Allan Antonie Terrasson

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