miércoles, 19 de julio de 2017

EL ESTUDIANTE (Santiago Mitre, 2011)



 

EL ESTUDIANTE (Santiago Mitre, 2011)


 
Guionista de Pablo Trapero en “Leonera” y “Elefante blanco”, dos películas, por cierto, muy dispares en forma y mensaje, Santiago Mitre utiliza un espacio, que en principio puede parecer neutro y dedicado a la formación, para representar las más sórdidas y deleznables prácticas de la política, la de ahora y la de todos los tiempos, la que aleja al ciudadano de la “res pública” y abandona el poder en manos de “profesionales”, de empleados que se sirven de lo público para enriquecerse y ganar poder, más preocupados de su propio medrar que de procurar eso que se llama el bien común. Es cierto que la película, analizada como una historia convencional deja demasiadas puntadas sin hilo, historia sentimental, historia académica, historia política, historia de corrupción…. y que incluso el final resulta, por generoso con el protagonista, previsible, pero me parece más interesante lo que se apunta que lo que se cuenta, el cómo puede uno cambiar de bando sin ningún tipo de dilema moral alegando una mejor causa, cómo cualquier método es válido para conseguir los objetivos, cómo se recluta en la universidad, no a los mejores, sino a los mejor dispuestos a venderse por los restos del poder, cómo no es importante ni el estudio ni el sacrificio porque, en el fondo, los tuyos van a procurar que no te falte lo básico, pero sin lujos, algo necesario para depender siempre del sistema y ser más fácil de corromper.
 

Roque no deja de ser el típico “profesional” universitario, el eterno estudiante, ese que no sabe por qué estudia una cosa y no otra, y en definitiva no aprovecha ninguna, Roque es el ejemplo del germen que infecta el sistema, un organismo capaz de mutar como un virus para inmunizarse en medio del fango en el que comienza a crecer. Conoce a una joven profesora de la que le separa todo pero a la que sabe camelar, y de manera forzada, o así me lo parece, emprende una historia de enamoramiento, sexo y aprendizaje político. Paula forma parte del claustro universitario en un grupo de estudiantes de izquierda que quieren “cambiar el mundo” con un nuevo rector, el dr. Acevedo, un prototipo de animal político, que para conseguir el ansiado puesto no dudará en vender a todos, eso si, con la promesa de que pasado el enojo, serán recompensados. En estas casi dos horas Roque tomará conciencia de que nadie en las alturas y en el staff que rodea al candidato y posterior rector busca la mejora de la universidad sino preparar el camino para una posterior vuelta a la política. El estado ruinoso de las facultades no preocupa a nadie, que gente como Roque pueda ir aprobando asignaturas sin estudiar tampoco parece nada más que la consecuencia lógica de la creación de sistemas clientelares desde etapas tempranas de formación, los cuadros de los partidos tienen que ir renovándose por ley vital, y nada mejor que ir creando telas de araña en la que cada uno pueda mover sus hilos en los espacios de influencia, incluso la universidad es caldo propicio para hablar de contratos amañados y suministros teledirigidos.







El panorama que se ofrece es desolador y escasamente optimista, nada invita a pensar que esa sociedad que se vislumbra en la película sea mucho mejor que la de una dictadura formal, las élites políticas extienden sus tentáculos a todo ámbito dominable, universidad entre ellos, colocar gente afín y dirigir conciencias es muy rentable a largo plazo porque te garantiza permanencia en los lugares donde se decide lo importante, o donde lo importante te permite manejarte sin demandar responsabilidades. Se supone que estamos en la Argentina de la época kirschneriana, la nestoriana o la cristiniana, tanto da, e incluso los protagonistas podrían afincarse en el partido radical postalfonsín. Es lo mismo, el único personaje lúcido es el maduro padre de la estudiante, el que sabe que la política de baja estofa ofrece mucho, engaña bastante y entrega mucho menos, y mientras, puede seguir el desmantelamiento de lo público, el enriquecimiento de las élites y la anestesia de la clase media. Pasen y vean, la película no pasa de interesante, formalmente es monótona y el final es de tv movie, pero en su interior circulan corrientes subterráneas merecedoras de más de una reflexión, aunque sean en privado y comprobando cómo seguirán viniendo más años y nos harán más ciegos, porque desde 2011 hasta ahora nada hemos mejorado, ni aquí ni allá, si acaso nos hemos vuelto mucho más escépticos y paranoicos mientras seguimos aplaudiendo a los corruptos de todo tipo a su salida de los juzgados, seguimos palmeando las espaldas de aquellos a quienes escupiríamos pero no nos atrevemos por su puesto, y seguimos pensando que la democracia que nos venden es el único sistema político aceptable cuando, en el fondo, estamos inmersos en una plutocracia infecta.



EL ESTUDIANTE. Argentina. 2011. Director: Santiago Mitre. Guión: Santiago Mitre y Diego García, basado en una historia de Santiago Mitre y Mariano Llinás. Reparto: Esteban Lamothe, Romina Paula, Ricardo Félix, Valeria Correa, Agustín Rittano, Julián Larquier Tellarini, Germán de Silva, Juan Barberini. Productora: La Unión de los Ríos / Pasto Cine / El Pampero Cine. Fotografía y cámara: Gustavo Biazzi, Soledad Rodríguez, Alejo Maglio, Federico Cantini. Música: Los Natas. 111 minutos