viernes, 2 de junio de 2017

MIENTRAS ELLAS DUERMEN (While the Women Are Sleeping, Wayne Wang, 2016)



MIENTRAS ELLAS DUERMEN (While the Women Are Sleeping, Wayne Wang, 2016)

Wang es de esa categoría de directores que lo mismo te recrea a Auster o Marías como le da por juntar a Jennifer López , Queen Latifah o a un perro yokshire para hacer una serie de películas intrascendentes. Su bipolaridad creativa podría hacer pensar en la existencia de dos Wang, el capaz de emocionar hasta el extremo con “La caja china” (Chinese box , 1997), de ahondar en los problemas generacionales y culturales de la comunidad china en los EEUU (La princesa de Nebraska, 2007), o de captar la esencia literaria de Paul Auster en “Smoke” (1995) y por otro lado el que se vende a los subproductos de comedia romántica tan del gusto popular con una cara, o dos, muy conocidas, pero sin ningún interés artístico. De esa categoría de creadores que parecen no poder ser encasillados entre el cine de “autor” y el cine “comercial”, un “tertium genus” cuya calificación termina siendo decepcionante muchas veces. Con “Mientras ellas duermen” intenta recuperar esa faceta más artística, más compuesta, más creativa y menos convencional, pero llevar a pantalla el mundo literario del escritor español Javier Marías no es sencillo, de hecho la mejor película hecha sobre sus novelas es justamente la que menos respetó el original narrativo con aquel “El último viaje de Robert Rylands” de Gracia Querejeta que se basó, aunque apenas se note, en la novela “Todas las almas”. Cuando el riesgo es enorme las posibilidades de fracaso también; “While the women are sleeping” es una película muy ambiciosa que se encalla, que no es capaz de responder a unos porqués evidentes, como si estuviera falta de acabado, con exceso por unos lados y ausencia por otros, la película sufre enormes altibajos que la hace irregular y, desde luego, con grandes problemas de credibilidad pese al esfuerzo del reparto japonés para mantenerse dentro de una historia que mezcla, de mala manera, lo onírico, lo real, lo imaginario y el suspense sin decantarse por ninguna de las opciones pero sujeta sobre las mimbres técnicas más que por las argumentales.



En el reposo implícito a una estancia en un hotel de playa lujoso, los reflejos de los demás se proyectan sobre tu propia realidad. Entre la apatía de Kenji (Hidetoshi Nishijima) y los esfuerzos de su esposa Aya (Sayuri Oyamada) por seguir manteniendo una relación afectiva y amorosa confortable y satisfactoria que parece en un momento crítico entre el “bloqueo del escritor” y las ansias de maternidad de ella, un simple desequilibrio, el aleteo de una mariposa, o, en este caso, un hombre cercano a la vejez extendiendo con parsimonia y erotismo un protector solar sobre la espalda de una, muy joven, acompañante, pueden provocar la aparición de un elemento de ruptura que te haga olvidar, y hasta renunciar, a quien tienes cerca, para obsesionarte con esa extraña pareja que empieza a mezclarse con tu realidad invadiendo tus sueños. La llamada del erotismo ajeno te hace olvidar  los mensajes que proceden de tu pareja; obsesionado y abstraído en la contemplación de una joven que guarda un misterio en su relación con el hombre mayor, esa sequía narrativa encuentra en la historia de los extraños un motor de arranque que facilita reanudar tu faceta de escritor usando lo que ves, lo que imaginas, lo que espías, lo que te cuentan y lo que sueñas para, en definitiva, no llegar a ninguna parte porque te mantienes en la ignorancia de un pacto secreto e íntimo entre dos personas que optaron por la huida para mantenerse artificialmente juntas.



El simple gesto veraniego de extender una crema ha provocado el nacimiento de un interés excesivo (lastre de credibilidad que va a seguir incrementándose a lo largo de la película) que no pasa desapercibido para la pareja que forman el Sr. Sahara (Takeshi Kitano) y Miki (Shioli Kutsuna) quienes dejan al escritor enredarse en su juego de seducción, rechazo, violencia y amenaza que termina filtrándose en la vida de esas 5 jornadas de estancia hotelera vacacional que parecen van a concluir con la ruptura de la vida matrimonial del escritor y la agente literaria. No hay, no se ve, no se entiende la película como reflejo de un relato del escritor madrileño, si se me permite la licencia, veo en las imágenes, muy cuidadosamente fotografiadas, muy bien planificadas en su puesta en escena para mostrar los diferentes ambientes íntimos de las dos parejas, como esos planos con los dos miembros del matrimonio en pantalla pero separados por paredes, armarios, puertas; más influencias de la literatura de Murakami que de la de Marías. Ni por asomo estamos ante los diálogos ácidos y penetrantes ni ante sus reflexiones interiores, el mundo que Wang consigue reflejar en imágenes se aleja del original para crear otra cosa. Nada que objetar, nada que reprochar, ni nada que elogiar en ese sentido. El mundo de Sahara y Miki no consigue ser alcanzado por Kenji, y al contrario, se siente amenazado por el comportamiento de Sahara, cada vez más próximo a su esposa, más próximo y capaz de predecir los comportamientos y pensamientos de ambos.



No basta crear espacios de belleza visual cuando no se es capaz de insuflar sentido a una huida bajo la lluvia, o al porqué de olvidar a la esposa, a que no haya reproches ante las evidentes faltas de interés de Kenji hacia Aya. Convertirnos en voyeurs ocasionales acompañando al escritor no nos introduce en un mundo de erotismo o inquietud, apenas seremos capaces de percibir las razones de un comportamiento anómalo en quien busca más que en quien mantiene esa singular relación entre el fetichismo y la seducción del hombre mayor y la mujer joven. Contemplar como Sahara filma todas las noches a su compañera dormida para confesar a Kenji que así poseerá con toda seguridad la última imagen de la joven antes de morir no produce un efecto paralelo, ni divergente, ni convergente, en el comportamiento de Kenji mirando a su mujer durmiendo sin extraer consecuencia alguna. El principal problema de la película es su absoluta planicie, su nula evolución de personajes o la falta de capacidad para explicarnos sus comportamientos, podemos crear nuestra propia historia alternativa, aunque en ocasiones el subrayado termine por rompernos el relato contracorriente con la inclusión de escenas convencionales como el reencuentro sexual del matrimonio. Nadar y guardar la ropa termina produciendo mucha humedad, pero al final, no nos mojamos lo suficiente.



MIENTRAS ELLAS DUERMEN (While the women are sleeping). Japón. 2016. Director: Wayne Wang. Intérpretes: Takeshi Kitano, Hidetoshi Nishijima, Sayuri Oyamada, Shiori Kutsuna, Hirofumi Arai, Makiko Watanabe, Lily Franky. Guión: Michael Ray, Lee Shin-ho, Mami Sunada (Novela: Javier Marías). Fotografía: Atsuhiro Nabeshima. Música: Youki Yamamoto. Produción: Toei. 103 minutos

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