jueves, 8 de junio de 2017

LOLA (Jacques Demy, 1961)





LOLA (Jacques Demy, 1961)

“Con el cine de Jacques Demy ocurre como con Italia: cuando se ha ido una vez siempre se sienten deseos de volver”.Jean-Luc Godard.


“Lola” es el primer largometraje rodado por Demy, un recorrido urbano y portuario por su querido Nantes. Entre “Lola” y la testamentaria “Jacquot”, filmada por su esposa Agnés Varda a partir de sus memorias cuando Demy vivía sus últimas semanas de vida, hay 30 años de distancia, una media docena de películas alrededor del sentimiento amoroso y un primoroso ejercicio estético, no siempre acompañado por una misma profundidad argumental, que hacen de Demy un director singular, único si se quiere en la forma de adaptar el potente musical americano a la experiencia europea (no estaría Resnais muy alejado del precedente Demy en sus incursiones musicales de los años 90), un director que, perteneciendo a la “nouvelle vague”, contemplado hoy, parece absolutamente alejado de los postulados estéticos y argumentales del movimiento en el que “Lola” puede incluirse, quizás su más nouvellevaguiana película, pero sin que pueda afirmarse con rotundidad que su filmación y resultado respondan punto por punto a las directrices ideológicas de un Godard, de un Resnais, de un Truffaut, de un Rivette, o de la propia Varda.


“Me gustaba mucho la idea de hacer algo sobre la fidelidad, la fidelidad a un recuerdo, y entreverar allí mis recuerdos de Nantes”, decía Demy, y “Lola” no deja de ser un recorrido sentimental, rápido y fugaz, por el camino del recuerdo, de la pérdida, del deseo, de la recuperación. Es un recorrido no muy alejado formalmente de “Cléo de 5 a 7” y, desde luego, la dedicatoria inicial a Max Ophuls tiene su sentido, porque en “Lola” no hay sino un uso cinematográfico justificado de “La ronda”, con unos personajes que se entregan, metafóricamente, un testigo invisible que va uniendo a unos con otros, unas historias personales que dependen, para su consecución completa, de lo que otros personajes sean capaces de ceder o reconocer; estableciéndose así una rueda invisible que va juntando a todos hacia un núcleo del que van a terminar saliendo despedidos en busca de nuevas conexiones que, de una vez por todas, pongan  fín a un pasado que sigue pesando como una losa sobre todos ellos, y más en “Lola” y en el personaje del que dependen todos los demás para que la historia deambule hacia un lado o hacia otro, el ausente Michel.


Roland, Frankie, Lola/Cécile, Cécile, Madame Desnoyers y Michel serían los seis ejes fundamentales sobre los que se construye la particular “ronda demyniana”; Roland Cassard (Marc Michel) vive en el aburrimiento, la desesperanza de una ciudad que nada le ofrece y para quien no hay dignidad trabajando doce horas diarias sin saber por qué trabaja, deseoso de irse de Nantes recuerda su único verdadero amor de juventud al que no ha vuelto a ver desde el fín de la guerra, Lola/Cécile, justo el mismo día en que se va a reencontrar con ella, Frankie es un marino estadounidense a punto de regresar a los EEUU para enterrarse en vida con un matrimonio que, a las claras, no le agrada ni le satisface, mientras siente la pulsión emocional de una cercanía ficticia a Lola/Cécile (Anouk Aimée), bailarina de cabaret y también prostituta, abandonada por su primer amor de juventud cuando se quedó embarazada y que vive en permanente espera de su vuelta, de la vuelta de Michel; Mme. Desnoyers es la viuda anticipada, la que desea una nueva historia amorosa que, por azar, imagina con Roland, mientras la hija de Desnoyers, la joven Cécile, recuerda a una Lola adolescente, con ganas de descubrir, de dejarse seducir hasta el final por las sensaciones del primer amor, “si el primer amor es tan fuerte habrá que aprovecharlo hasta el fondo”, siendo la primera que decide irse de esa ciudad para buscar lo que realmente desea. La rueda empieza a girar sin fin cuando Roland y Lola, que para él es Cecile, su verdadero nombre, se encuentran ocasionalmente en la calle, a partir de ese momento Roland revive el sentimiento dormido por Cecile, Cecile mantiene el recuerdo por ese Michel ausente mientras se acuesta con Frankie y de Roland sólo quiere amistad, Mme. Desnoyers sueña con una historia con Roland mientras éste sólo piensa en Cecile, la Cecile adolescente sueña con cualquier adulto y con huir de casa buscando la independencia, y por encima de todos sobrevuela la sombra de Michel, un personaje que deambula por la ciudad conduciendo un descapotable blanco y de quien no sabemos si ha vuelto para reencontrarse con el amor de su juventud o para despedirse definitivamente de una ciudad que hace 7 años abandonó y a la que no volvería si no era rico.


Como en “A bout de souffle”, como en “Cléo de 5 á 7”, como en “Les 400 coups”, Demy utiliza la vida diaria de la calle para seguir a sus personajes de ficción, la calle interactúa con la historia, el puerto y su ambiente de abandono y marginalidad, al tiempo que, en los interiores, se alcanza el grado de intimidad necesario para expresar los verdaderos sentimientos de cada uno. Una grúa eleva la cámara mientras el marinero Frankie se desliza por el pasamanos de una interminable escalera que conduce a la casa de Lola/Cecile, un descapotable para en un muelle y del mismo desciende un fornido hombre rubio vestido con un inmaculado traje blanco y un sombrero a lo Belmondo godardiano, una mirada al horizonte y nuevamente a conducir rodando ese vehículo en movimiento con la cámara por delante……, la película destila esencia de musical aunque no se cante, a la banda sonora de Michel Legrand (primera de una serie de fructíferas colaboraciones entre ambos), Demy suma, sobre todo, el segundo movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven, que incorpora un elemento trágico a todo lo que rodea a nuestros personajes; ante la ausencia de color, el matiz y grado de sus blancos y negros proporciona una paleta de grises superlativo coincidiendo con el estado de ánimo de cada uno de los personajes (que Michel y Lola se reencuentren ambos vestidos de un blanco níveo da una idea del sentido del “no color” de esta película) atribuible al fantástico trabajo fotográfico de Raoul Coutard.



Con “Lola”, Demy reivindica los espacios de la niñez pasada en la ciudad de Nantes, los primeros cines (el Katorza que se ve expresamente con el evocador título de la película que se proyecta, “Retour au paradis” y el ensueño de una vida en los mares del Sur), un paseo por el Quai de la Fosse y el puerto, el café naval, el Café des Caboteurs, la place Royal y el Passage Pommeray, la Place du Bon Pasteur, la librería Bellanguer, la Rue du Calvaire, la Rue de Budapest, la place Graslin o el restaurante La Cigale, rebautizado en la película como el Cabaret El dorado. Demy aprovecha ese anclaje en el pasado de sus personajes para hacer su propio recorrido sentimental por los lugares de su infancia, los lugares que a él mismo le han marcado en su crecimiento. Demy habla de su pasado como los personajes permanecen petrificados ante el propio recuerdo del suyo hacia personas que han sido mitificadas por el paso del tiempo y que en el presente puede que no se vayan a comportar como deseamos. La desesperanza de Roland, su abatimiento y escasa vitalidad, “soy la imagen misma del fracaso”, contrasta con esa vida a la carrera de Lola/Cecile, una nueva identidad para un periodo de su vida que preferiría no haber vivido pero del que podrá desprenderse si Michel regresa buscando a Cecile y no sabe quién es Lola, “tengo que salvarme” dice cuando se da cuenta de que llega tarde a la cita con Roland, en quien ve un reencuentro con el pasado que le permite seguir soñando con que el verdadero pasado que espera, también regrese. “Lola” es una película de adioses, unos forzados, otros aplazados, “tu recuerdo ha envenenado mi existencia, he hecho todo para olvidarte y no he podido”, al final la película concluye donde empezó, en el descapotable y con Lola lanzando una mirada hacia atrás, es la última vez que va a ser Lola porque ha podido recuperar a Cecile gracias a dos hombres, dos hombres que no la han olvidado en ningún momento; una mujer que emana dulzura, alegría, optimismo, pero que es consciente de que esa alegría pasa por provocar la tristeza de uno de los dos, y en cadena, a más gente anclada a la rueda que sigue girando.



Título: Lola. Dirección: Jacques Demy. Francia, Italia. 1961. 85 min. Reparto: Anouk Aimée, Marc Michel, Jacques Harden, Alan Scott, Elina Labourdette, Annie Duperoux, Catherine Lutz, Corinne Marchand, Yvette Anziani, Dorothée Blank, Isabelle Lunghini, Annick Noël, Ginette Valton, Anne Zamire, Jacques Goasguen, Babette Barbin, Jacques Lebreton. Distribuidora: Unidex . Productora: Euro International Film (EIA), Rome Paris Films.http://www.estamosrodando.com/imagenes/comn/pxtrans.gif Departamento musical: Agnès Varda. Diseño de producción: Bernard Evein. Fotografía: Raoul Coutard. Guión: Jacques Demy. Maquillaje: Denise Lemoigne. Montaje: Anne-Marie Cotret, Monique Teisseire. Música: Michel Legrand. Producción: Carlo Ponti, Georges de Beauregard.