martes, 20 de junio de 2017

L,AMANT D,UN JOUR (Philippe Garrel, 2017)



L,AMANT D,UN JOUR (Philippe Garrel, 2017)



Una joven espera en los pasillos de una facultad, pasan alumnos por delante a los que no presta atención. Cuando llega un hombre en esa frontera indefinida entre los 40 y los 50 se cruzan las miradas, él tiene todo el aspecto de ser un profesor de esa misma escuela, ella le sigue por los pasillos, se esconden en una dependencia, hacen el amor rápidamente, con deseo, de pie. Lo que parece un amor furtivo y prohibido solamente es una relación amorosa que se mantiene oculta de las miradas del ambiente universitario, porque profesor y alumna comparten piso, vida, cama, son una pareja profundamente enamorada sobre la que se cierne la amenaza de esa diferencia de edad. Las palabras grandilocuentes de él sobre la fidelidad de mente y no de cuerpo, sobre el respeto a las necesidades sexuales de la joven con otros hombres más jóvenes, suenan a cliché de progresismo postsesentayochista más que a convencimiento personal. Cuando abandonamos a la pareja en su intimidad familiar aparece un tercer personaje. Otra joven, pero ésta llora desconsoladamente y hasta el borde del ataque de ansiedad en el portal de una casa. De espaldas a esa entrada su cuerpo se va derrumbando y haciendo más insignificante poco a poco casi con la misma rapidez con que su llanto se intensifica, no sabemos si acaba de ser echada del piso, si se ha encontrado con algo que no debería haber visto o si, simplemente, no se atreve a llamar al portero automático, pero finalmente, arrastrando su maleta, se aleja del lugar. Con un espléndido y acertado blanco y negro que proporciona cercanía y mucha intimidad a la historia, así comienza la 26ª película de Philippe Garrel, un asiduo de las carteleras de cine de autor europeas y que pasa intermitentemente por las nuestras ante el olvido del público.


De una sencillez aplastante, la película de Garrel va trazando una línea de conexión cada vez más fuerte entre los tres personajes, a la pareja de amantes (Gilles y Arianne) se les une Jeanne, la joven desconsolada hija de Gilles y que carece de otro lugar en el que refugiarse y superar el duelo de una ruptura amorosa exacerbada por el carácter posesivo de la joven ante la indiferencia y pasividad de su pareja. Así, mientras dos personas de ese domicilio viven su particular momento dulce de la relación, en medio se interpone un elemento extraño, necesariamente acogido por el padre y aceptado con solidaridad por la amante de la misma edad que la hija. Si Arianne puede sentir celos al observar cómo el padre reparte sus afectos entre las dos mujeres, Jeanne se siente inicialmente cohibida al ser consciente de estar invadiendo un ámbito privado que coarta las muestras de amor y sexo de la incipiente pareja, lo que inicialmente destila incomodidad va superándose precisamente porque las dos mujeres empiezan a compartir su intimidad desplazando, poco a poco, al padre y amante, dejándole fuera de sus confidencias, o de parte de ellas. Se crea así una extraña relación entre dos mujeres que podrían ser hermanas del mismo padre si no fuera porque una es amante del personaje masculino, un personaje pasivo, progresivamente autoaislado, enamorado pero ausente frente al permanente movimiento y actividad de su joven pareja. La curiosidad de la juventud frente a la desgana complaciente de la madurez.



Aprovecha Garrel para seguir diseccionando las relaciones de pareja, en este caso con un círculo que se inserta en otro como los aros de un malabarista, una relación rota y otra que está en pleno auge, y que el paso de los meses hace que la primera se vaya transformando en una relación que no termina de romperse mientras la que funcionaba empieza a naufragar poco a poco porque, en el fondo, las ideas de libertad están muy bien en la mente del profesor pero resultan muy difíciles de aceptar y de asumir cuando la joven decide llevarlas a cabo y atender a la llamada del deseo instantáneo y del sexo fugaz, “de un día” como dice el título, pero que dinamita la confianza de Gilles y le carcome la seguridad que le proporcionaba relacionarse con una mujer a la que dobla la edad. En el combate entre ser consecuente y mostrarse celoso y posesivo, lo segundo derrota a lo primero, y Garrel lo hace con una economía de medios absoluta, con pocos escenarios, muy pocos actores y un espacio doméstico al que se saca el máximo partido haciendo que los personajes den rodeos por pasillos invisibles que conducen casi al mismo punto de partida. Entre las paredes de la casa los personajes se vuelven honestos y transparentes, manteniendo secretos que sólo pueden dañar sin aportar nada, aunque esos secretos terminen filtrándose por las rendijas de la confianza mutua, manteniendo un fiel silencio para no delatar a quien lo ha contado por demostrar la realidad de un pacto íntimo. Las ventanas abiertas de ese piso se convierten en amenaza pero también en llamada de auxilio, una deformada concepción del amor como algo que provoca sufrimiento necesita de la serenidad que proporcionen terceros para reconducir los sentimientos, del mismo modo que nadie puede convencer a una persona de lo que no cree por mucho que públicamente haya dicho lo contrario.



En “L,amant d,un jour” las mujeres lloran mucho, pero también se ríen, mientras Gilles asiste con cierta impasibilidad, y también imposibilidad de aceptar, cada una de las situaciones que le van superando y acercando a un desenlace que su mente ha anticipado mucho antes, quizás desconfiado de si mismo desde el principio, las mujeres son motor y movimiento, los hombres elementos pasivos que no luchan ni tratan de entender. Arianne se mantiene fiel al pacto, sus relaciones furtivas, aceleradas, son fugaces porque ama a Gilles y vuelve a él con el convencimiento de no hacer nada malo pero con la sospecha de tener que ser perdonada por aquello que se había admitido de palabra, un “plus jamais” sobre un espejo pone fin a una noche de sexo o a un encuentro en unos servicios, mientras Jeanne oscila entre el olvido y el reencuentro, entre la desesperación y la esperanza de reanudar lo interrumpido. En las conversaciones y miradas, los personajes de Garrel se van reencontrando a sí mismos para terminar en el punto de partida previo a ese encuentro sexual en la universidad y a ese lloro desconsolado en el portal de una casa, han pasado muchas cosas para volver a empezar, a cada alegría le ha seguido una decepción, a cada momento de deseo la punzada dolorosa del abandono, a cada solución, un error.



L,AMANT D,UN JOUR. Francia. 2017. Dirección: Philippe Garrel. Reparto: Éric Caravaca, Esther Garrel y Louise Chevillotte. Guion: Jean-Claude Carrière, Caroline Deruas-Garrel, Philippe Garrel y Arlette Langmann. Fotografía: Renato Berta. Música: Jean-Louis Aubert. Producción: Said Ben Said. Productora: ARTE France Cinéma, SBS Productions. 75 minutos

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