viernes, 12 de mayo de 2017

RUINED HEART ANOTHER LOVESTORY BETWEEN A CRIMINAL & A WHORE (Khvan, 2014)



RUINED HEART: ANOTHER LOVESTORY BETWEEN A CRIMINAL & A WHORE (Khavn, 2014)



Relato criminal, sin apenas diálogos, y musical, la película de Khavn de la Cruz se articula como un elaborado instrumento visual destinado a un reducido club de espectadores dispuestos a dejarse seducir por imágenes, aparentemente desconectadas en su progresión, que van formando todo un retrato de la Manila, sucia, peligrosa, violenta y desesperadamente sexual que los personajes van recorriendo a lo largo de muy pocas horas, en una huida hacia delante sin rumbo, y sin escapatoria, desde que el placer ha sido sustituido por el deseo de la pasión amorosa entre dos personajes anclados a sus obligaciones y sin derecho a tener vida propia. Marcadamente visual, extrañamente atractiva dentro de la miseria moral y personal que rodea la trama, la fotografía de Christopher Doyle ayuda sobremanera a fijar la retina del espectador en algo que atrae tanto como puede contrariar, porque estando la historia muy alejada del estilo elegante usado con Wong Kar Wai en sus últimas películas, no está tan alejada de los orígenes del director hongkonés.



Rodada a la carrera, con saltos temporales hacia delante que provocan desubicaciones sorpresivas en el espectador, quien pasa del rostro de un personaje a contemplar al mismo ya muerto en elipsis que sorprenden, Khavn rueda a ritmo de blues en medio de un barrio marginal donde la vida apenas tiene el valor proporcional al beneficio que puede reportar, y una vez acabada la rentabilidad se puede hacer desaparecer a la persona como si fuera un bien fungible por el que nadie va a reclamar; seres anónimos como los que asumen la narración, cuyos nombres desconocemos bajo los sobrenombres de “El criminal”, “La puta”, “El pianista”, “El amigo”, “El padrino”………seres sin identidad cuya vida queda encorsetada entre los arquetipos de su trabajo y para los que está prohibido sobrepasar los límites. Coreografías del sexo desesperado como único acto placentero que te permite disfrutar de una mínima libertad, pero hasta el sexo en esta película está reglado y regulado por el beneficio económico, prostitución esclavizante a la que los sujetos no pueden oponer más que una efímera oposición y donde la historia de amor surgida entre un criminal y una puta desata el castigo contra quienes han roto las reglas del juego.



Los apenas inexistentes diálogos se sustituyen por letras de canciones, la mayoría de ellas creadas por el propio director, letras donde se desgranan las pasiones ocultas y los peligros inminentes de decidir comenzar un camino sin retorno en el que es tan habitual contemplar un cuerpo desangrado en la calle que, ya nadie, detiene su deambular ni sus desplazamientos para interesarse por el caído. Un mundo de violencia en el que la piel de la primera víctima es un catálogo de tatuajes sobre sucesos sangrientos, que se transforman en logotipos que remiten a nuestros protagonistas, presentados como si se tratara de una representación teatral en la que a su rostro, adelantado el cuerpo del fondo en el que forman en línea, se sobreimpresiona su alias cinematográfico. Formalmente la película experimenta, no es lineal en su concepción visual, ni lineal en su desarrollo temporal, la huida se va mezclando con las causas de la misma, el amor físico entre gangster y prostituta, con el amor venal de puta y cliente, la violencia hacia los protagonistas con la violencia de una ciudad sin ley. Una huida rodada como un largo selfie en plano secuencia que culmina en un momento de relax en un parque infantil, erróneo oasis de una infancia sin futuro condenada a servir de carne de cañón para reponer a las generaciones precedentes agotadas, y agitadas, por el uso y por la muerte prematura.



El cine filipino no se caracteriza por la contención ni la moderación de sentimientos, ni de metrajes, acostumbrados a películas río de más de 4 horas procedentes de artistas como Raya Martin o Lav Díaz, un metraje corto, abrupto, desasosegante, marcado por la pertinente banda sonora, que no sólo son canciones, y que ayuda a crear esa atmósfera de dolor y venganza, permite acceder a una manera muy diferente de crear a la que el canon estético comercial nos tiene acostumbrados. Khvan es un artista a tener en cuenta para comprobar si su cine se asienta y bifurca en otras propuestas o se estabiliza como mero creador de imágenes impactantes huecas de contenido. “Ruined heart” puede ser una de las películas de más alto contenido erótico del cine reciente limitándose a mostrar el rostro de una mujer en dos escenas concretas, sin desnudos ni explicitudes, no hay mejor excitante que el cerebro. Todo lo explícita que puede ser la violencia, se transforma en pudor a la hora de mostrar las relaciones sexuales, aunque es un pudor mucho más erotizante que el que pueden ofrecer dos cuerpos en plena coreografía amorosa.

Título: Ruined Heart: Another Lovestory Between a Criminal & a Whore. Filipinas. 2014. 73. Dirección: Khavn de la Cruz. Guión: Khavn de la Cruz. Producción: Stephan Holl, Khavn de la Cruz, Achinette Villamor. Productora: Kamias Road, Rapid Eye Movies. Fotografía: Christopher Doyle. Montaje: Carlo Francisco Manatad. Música: Brezel Göring. Interpretación: Tadanobu Asano, Nathalia Acevedo, Elena Kazan, Mico Madrid, Vim Nadera, Yumi Kris, Brenda Mage, Andrew Basco, Edgar Noble, Daizuki Laxa, Mark Anthony Robrigado