lunes, 29 de mayo de 2017

CUENTOS DE TIJUANA (Tijuana tales, Jean Charles Hue, 2017)

CUENTOS DE TIJUANA (Tijuana tales, Jean Charles Hue, 2017)


Una rosa metida dentro de una esfera de cristal que refleja su cautiverio, una serpiente de cascabel dispuesta a morder bajo una piedra, un hombre que caza serpientes para coger la muda de su piel y soltarlas mientras lucha, metafóricamente contra el diablo. En medio del desierto que rodea Tijuana cualquier cosa es posible, desde la aparición de un ángel que cuida del cuerpo de las mujeres, hasta la aparición de un demonio dibujado en rojo sobre la piedra de una cueva, y que se satisface, reproducido en miles de hombres, causando el mal entre los cientos de mujeres de toda edad y belleza que se prostituyen a diario en las calles de la ciudad. Hue (director de «Mange tes morts») experimenta con la imagen las sensaciones de irrealidad amenazante que rodea a toda la fauna humana que se relaciona con estas mujeres, incluso las propias mujeres son reflejadas con un añadido de envejecimiento en la imagen, un envejecimiento que nos hace remontarnos a su pasado pero sin que podamos olvidar lo arresgado de su presente y lo incierto de su futuro. Imagen que, junto con un sonido reverberante de fondo submarino, nos acercan a una de las realidades del horror contemporáneo sin mostrarlo, sólo mediante la sugestión amenazante.
Charlie, el cazador de serpientes, es esa especie de ángel bueno que, desde su furgoneta, cuida de los cuerpos de esas mujeres mientras hacen la calle, pero llega un momento en que la vigilancia no puede continuar cuando cada una regresa a su casa o se va con un cliente. La amenaza de la desaparición se cierne con la misma crudeza que estas mujeres temen por sus hijos, abandonados en cualquier lugar del país, o de países cercanos, y que dependen de esos envíos de dinero periódicos que reparten la miseria de unos ingresos de subsistencia a costa de vender la propia intimidad a cualquiera. Roxana, Liana, Marléne son tres de esas mujeres, Roxana es a la que se busca, pero en el camino aparecen otras que podrían ser como ella y que podrían desaparecer igualmente. Que aparezca o no, es intrascendente, en Roxana se reflejan muchas otras mujeres sin la suerte de poder contar que se encontraron con el diablo y sobrevivieron, o como Marléne, cuyo ojo muerto se cura coleccionando cristales de gafas con los que ocultar su defecto, otra mujer que se ha visto muerta en tres ocasiones.
Hué toma la cámara y se aproxima, de manera breve, concisa, geográficamente muy limitada a una ciudad de frontera donde  la vida apenas cuenta, y menos si nadie se va a tomar la molestia en reclamar ni exigir responsabilidades, Hue vaga por los espacios que separan el mundo rico del mundo pobre y se queda en éste, como Sniadecki recientemente buscaba el camino seguido por los miles de centroamericanos que atraviesan, o lo intentan, el muro real y el metafórico que separa EEUU de México. No necesita el director hablarnos, ni mostrarnos, directamente la muerte y desaparición, el abuso y exceso, la corrupción y depravación. Los planos de las calles de Tijuana atestadas de mujeres que se ofrecen es suficiente retrato de la desdicha y ceguera de las autoridades, mujeres que han escogido una ciudad que es pura maldición para ellas y sus vidas. El refugio del alcohol o la droga no hace sino ahondar esa fragilidad exponiendo a más riesgos a todas las Roxanas del mundo.
El cortometraje se compone de sueños que no vuelan hacia mundos felices, sino que se acercan peligrosamente al miedo y al dolor, el despertar de cada mañana no es sinónimo de un día más, sino de un día acercándose demasiado a un final espantoso. La realidad de la vida normal y corriente es inalcanzable para estas mujeres que sólo sueñan con cruces de sangre, siluetas de manos rojas sobre las paredes y la amenaza de un hombre tatuado íntegramente como representación del demonio que se les puede aparecer en cualquier momento y eliminar la posibilidad de contemplar a gente disfrutando de la vida, aunque sea mediante el artificio visual de proyectar las imágenes sobre el techo de una habitación de modo invertido, luz y penumbra en una misma habitación y sin que podamos salir de la segunda para esperanzarnos con la primera, para Roxana será imposible discernir si la luz que se proyecta sobre su habitación es la que procede del sol, de la luna llena, de una farola o de un proyector, porque al final llegamos al punto de partida, rosas encarceladas que se van a marchitar sin respirar aire libre.

TIJUANA TALES. Francia. 2017. Dirección y Guión: Jean Charles Hue. Fotografía: Jean Charles Hue. Sonido: Thomas Becka. Montaje: Isabelle Proust. 12 minutos. Quincena de Realizadores Cannes 2017. Productora: Les films de Avalon. Producción: Audrey David.

TRAILER