jueves, 27 de abril de 2017

PAISAXES DE CAPELADA (Alberto Lobelle, 2017)

PAISAXES DE CAPELADA (Alberto Lobelle, 2017)

Mantener fija la mirada en un punto concreto termina distorsionando lo que vemos. Como ese cielo nocturno donde las estrellas que se elevan sobre nosotros parecen empezar a bailar y oscilar cuando sabemos que es imposible. Toda la película de Alberto Lobelle se basa sobre la mirada de un punto fijo en el paisaje natural y humano de la sierra de Capelada en Galicia. Esa mirada fija por la que transcurren personas o animales o en la que permanecen inamovibles las masas graniticas sobre las que han ido pasando generaciones y generaciones, acumulando derrotas y olvidos, una mirada que, al permanecer inmóvil, permite apreciar un algo más que la inmediatez a primera vista. En el ritmo sosegado y contemplativo, Lobelle busca el retrato exacto del presente de una zona sobre la que se han acumulado eras que, de una manera u otra, han influido sobre los que ahora habitan la región, nuestra mirada que, a fuerza de tiempo y mantener el plano se confunde con la de lo que se retrata, y que, cuando esto tiene vida, sean caballos o vacas, parecen ser ellos los que nos miran a nosotros.
Hay películas fundacionales, películas que sin ser las primeras, porque nunca vamos a ser capaces de saber quién fue antes, ni quién  permanece desconocido habiendo mantenido ideas semejantes antes que nadie, marcan un camino estético e ideológico sobre los demás. En «Paisaxes de Capelada», sin que suponga desmerecimiento para la obra de Lobelle, valiente y arriesgada, encaminada al sacrificio propiciatorio de los festivales y los centros culturales de titularidad pública, se respira el aliento seminal del «Finisterre» de Lois Patiño, un aliento que, en este caso, se eleva a un cielo nada protector, pero cuya fisicidad geológica se emparenta con aquella otra maravillosa propuesta procedente del cine gallego. «Paisaxes de Capelada» bebe así de esas fuentes, pero también del cine de Ramón Lluis Bande, o de las «Cenizas» de Carlos Balbuena como referentes más cercanos y reconocibles en un mundo sin palabra, donde la imagen toma el control absoluto de una historia de tradición y destrucción a partes iguales.
En un fantasmagórico blanco y negro, ayudado por la presencia de una niebla tan propicia como efectiva, Lobelle coloca la cámara alejada del objeto del retrato, presente sí, pero  en un segundo plano. Recogiendo lo que entra ante la cámara y olvidando lo que sale o queda fuera del plano, encontramos el mantenimiento de viejos trabajos condenados a una progresiva desaparición, vaqueros, agricultores, enfrentados a quienes utilizan el espacio en provecho de grandes empresas; carreteras, deforestación, parques eólicos que se yerguen como estacas que penetran en el corazón de la tierra para herirla en lo que más duele, en el paisaje modificado por la codicia y el desenfreno constructor. No en vano son pequeñas heridas que van agrandando la sima que separa campo y ciudad, el mal llamado progreso con el continuo abandono del campo, construcciones venidas abajo donde los que antes vivían dejaron sueños e ilusiones para cambiar la sierra por el cementerio o por la ciudad áspera e inhóspita. El paisaje de la película se convierte, casi, en un paisaje sin figuras, un paisaje en el que, por segundos, nos transfiguramos en el animal que corre y trata de salvar su vida ante una hilera de cazadores cuya satisfacción no alcanzamos a entender ,pero de cuyo fracaso nos alegramos porque la vida consigue eludir la llamada de la muerte gratuita. Paisajes que el hombre se empeña en destruir y empequeñecer pero que la majestuosa presencia de la roca nos indica que, por mucho que destruyamos, siempre quedará algo de lo que la sierra fue, incluída la fuerza del oleaje contra la mole sin desbastar, y de las personas que lo habitaron. Podrán ver esta película en la sección a concurso de documentales nacionales en la próxima, e inminente, edición de Documenta Madrid, no creo que se sientan defraudados.
PAISAXES DE CAPELADA. España. 2017. Producción:Alberto Lobelle. Dirección: Alberto Lobelle. Guión: Alberto Lobelle. Montaje: Alberto Lobelle. Sonido: Oskar López y Alberto Lobelle. Postproducción de vídeo: Chema García-Lastra. Diseño gráfico: Raquel Castro.Duración: 61'

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