sábado, 15 de abril de 2017

NEEDLE BOY (Aleksander Bak Sagmo, 2016)

NEEDLE BOY (Aleksander Bak Sagmo, 2016)
En las costas de Aarhus el cielo plomizo y las olas que rompen en una playa desierta preludian un relato oscuro, perturbador, desencajado entre el nihilismo juvenil y la vida amoldada a rutinas inevitables. Nick juguetea con un revólver, nos da la espalda porque ni puede, ni quiere, mirar hacia el futuro, rellena el cargador y guarda más munición. No es la imagen de un suicida, sino de quien planea ser protagonista de una matanza. En una zona del planeta poco acostumbrada al sobresalto violento masivo, las 24 horas de Nick terminan retratando la personalidad de un joven que reniega de todo y no busca nada. Lo que podíamos presumir una historia a lo «Columbine» como el «Elephant» de Gus van Sant, sufre un giro macabro del azar, porque cuando seguimos al personaje por los pasillos vacíos de su facultad, entrando en aulas sin iluminación, en la búsqueda de las víctimas o del objetivo inconfesado de su propósito, Nick termina chocando con la realidad. Sus compañeros acaban de sufrir un accidente en una excursión marítima. El mar del principio nos devuelve la respuesta, la soledad del horizonte es el reflejo del interior de esas aguas frías que se han tragado su ofrenda de vida. Nick, ante la magnitud de la tragedia, queda paralizado y sus nunca confesadas intenciones, aletargadas. Sorprendido al pasar del silencio de los pasillos, al llanto de ese patio en el que jóvenes y profesores se abrazan, sus siguientes horas son un camino de autodestrucción y de deambulación dañina quemando las pocas naves que le quedan antes de despedirse.
La película bebe, consciente, o inconscientemente, de precedentes muy recientes, pero, a mi juicio, más convincentes y logrados, tanto en estética como en tono. El personaje de Nick recuerda a la pareja de jóvenes de la periferia parisina de «L,âge atomique» y su noche vacía sin rumba, y al igualmente nihilista y potencialmente suicida personaje de «Oslo, 31 de agosto», película a la que esta producción danesa se parece peligrosamente y de la que termina tomando ideas demasiado casuales. El director, enmascarando su más que evidente carencia de medios, rueda en primerísimos planos la mayor parte de las escenas, colocándonos en la incómoda posición del observador que, queriendo ser neutral y permanecer alejado de la cotidianeidad malsana de este joven, se ve inmerso dentro de su acción sin imposibilidad de desviar la mirada. Entre la estética nocturna, el desdoblamiento de la imagen como consecuencia de los espejos y cristales, algo que no deja de ser fiel imagen del funcionamiento cerebral de Nick, y hasta el innecesario primer plano de genitales en acción, el director juega tanto al ejercicio de «autor» en el diseño de escenarios, desde el enmarque de imágenes entre puertas cerrando espacios y separando a los personajes, hasta la estética «cool» del videoclip musical de cuerpos jóvenes y bonitos en la noche danesa, como a la provocación barata y de mal gusto con imágenes que, a estas alturas, sólo ofenderán a los que se molestan por todo. A partir del momento de enterarse de la tragedia, el joven, sin empatía alguna hacia quien le rodea, y hasta quien le quiere, comienza sus 24 horas de demolición personal a costa de romper con todo y con todos.
Visitar a la novia y herirla en lo más profundo después de hacer el amor con ella, visitar a su familia y provocar la incomodidad desde el primer momento, reirse de quien se acerca a él con buena voluntad, provocar a sus conocidos hasta humillarlos, buscar la agresión para sentir el dolor físico que mitigue o adormezca su dolor interior, Sagmo conduce a su personaje a través de las faunas nocturnas juveniles de la ciudad universitaria danesa para mostrar sus diferencias estéticas y de clase, pero para evidenciar sus más negativas similitudes. Alcohol, drogas, sexo, o incitación sexual, que no tienen por qué ser lo mismo, las mismas músicas seas «pijo» o «perroflauta», y la misma falta de compromiso o de inquietudes. Juventudes vacías empeñadas en seguir hora tras hora sin pensar en un mañana bastante incierto. Nick deambula por esos ambientes renuente a volver a su apartamento, buscando una tabla a la que asirse para no naufragar definitivamente. Un camino de búsqueda limitada y escaso convencimiento en el que el círculo se cierra sobre sí mismo culminando la desolación absoluta de este personaje bien dibujado pero sobre el que se debería haber pulido un tanto su hieratismo y silencio para que el espectador, si no cercanía, pudiera comprender mejor que su renuncia no es tanto personal como reflejo de una sociedad individualista y alejada de compromisos comunes. Nick comienza el día erguido y caminando a paso seguro para concluir suplicando a la puerta de esa novia que no le volverá a dirigir la palabra ni a contestar en el portero automático, tambaleándose, encogido, herido y aterrado ante su futuro, para dormir, tirado como un perro, en el lugar donde presumimos iba a provocar la tragedia. Cuando Nick cierre la puerta de su apartamento se encontrará en el punto de partida, igualmente desesperado, igualmente vacío, necesitado de una muerte que, no sabemos, si será capaz de inflingirse, y que ponga fín a ese sufrimiento vital, o puede que siga madurando convertirse en protagonista último de una matanza que justifique una venganza absurda contra el sistema que le mantiene muerto en vida. Hemos asistido a la hipocresía social de mantener un minuto de silencio en medio de la fiesta y la borrachera, la posición más digna es la de la muchacha que no puede reprimir la risa, todo tan falso y tan impuesto que, efectivamente, incomoda por su afectación, pero en esta vida presente hay hipocresías a diario y solidaridades imposibles con víctimas desconocidas mientras cientos de miles de «Nicks» se mueven de un lugar a otro como zombies ante un porvenir tan vacío como el de este danés del primer mundo.

Título original: Needle Boy. Dinamarca. 2016. 80 min. Director: Alexander Bak Sagmo. Productor: Mette Mikkelsen. Guión: Troels Engelbrecht & Alexander Sagmo. Intérpretes: Nicklas Søderberg Lundstrøm, Marie Tourell Søderberg, Marie Louise Wille, Iulia Sima, Ulrik Waarli Grimstad, Lea Baastrup Rønne, Mathias Fletting Sprogøe, Claus Flygare, Henriette Mader Dinesen, Nina Sofie Kofoed Engelstoft, Per Langgard, Elena Fahlén Christensen, Brit Borring Jakobsen, Ricki Plough Hall, Madeleine Darling Sagmo, Casper Aagaard, Silja Engelbrecht Olesen, Ditte, Jesper Nyeland. Fotografía: André Hansen. Música: Jacob Hvid Amstrup. Productoras: Super8, Anti Film & New Tales i co-production med Beofilm & Grasværk. Estreno en España: CRAFT FILM FESTIVAL BARCELONA 2017.

TRAILER