miércoles, 5 de abril de 2017

MAMAM COLONELLE (Dieudo Hamadi, 2017)



MAMAM COLONELLE (Dieudo Hamadi, 2017)


Coronela Honorine Munyole, policía del grupo de protección a la infancia y contra la violencia sexual contra mujeres en la República del Congo. Una mujer inmensa en sus proporciones, tanto físicas como humanas, es la protagonista absoluta de este paseo por el horror cotidiano que acaba de ganar el gran premio en el festival de documentales Cinéma du Réel 2017. De Bukaku a Kisangani, el trayecto de esta oficial de la policía congoleña se asemeja más a un trabajo propio de los servicios sociales que a una labor de investigación policial que se antoja imposible ante la carencia de medios y la ausencia de profesionalidad visible en sus subordinados. Un traslado en el que se aprovecha el viaje para conseguir refugio para mujeres de su zona inicial que lamentan su marcha, un viaje para llegar a otra ciudad donde hasta el idioma es una barrera que limita el contacto y la confianza. Mujeres abandonadas, mujeres violadas, niños maltratados, gente malviviendo en medio de la miseria, escuchados con paciencia y empatía por esta mujer que ocupa la pantalla con su mirada y que impone respeto por su rectitud y su cercanía. Para Honorine el trabajo exige preparación pero también exige reparación a las víctimas, aunque ésta pase por someter a la maltratadora a la vergüenza pública. Lo que parece ser el relato de la vida cotidiana de una policía encargada de proteger y atender a los más débiles, deviene en un ejemplo de intento de reparación a las víctimas de crímenes contra la humanidad en uno de los países más devastados por la guerra de todo el planeta.


Kisangani es la antigua Stanley, una ciudad y una zona que durante las guerras civiles entre los rebeldes y el gobierno de Kabila fue ocupada por tropas ugando-ruandesas que ayudaban a los rebeldes, ejerciendo los derechos de conquista más salvajes que la mente puede imaginar. Mujeres violadas delante de sus maridos e hijos minutos antes de ser ejecutados, mutilaciones gratuitas, sometimiento a prostituciones, abandono institucional, hijos secuestrados, hijos en manos de sectas, el relato de las víctimas se sobrepone a la imagen de esta mujer que se empeña en dar un mínimo de esperanza a tanta mujer y tanto niño desamparado ofreciendo lo poco que tiene, protección policial y un techo. Bajo el paraguas de Naciones Unidas, la ciudad y la región de Kisangani goza de cierta estabilidad y, al menos, el temor a represalias parece eliminado. Queda el miedo subyacente a lo vivido, al recuerdo y a la repetición en el tiempo de sucesos similares para los que nadie está preparado. En una zona del planeta donde los derechos son especialmente pisoteados, que aparezca un cargo, por mínimo que sea, dispuesto a escuchar y a entregar confianza, es una mínima aparición de normalidad en medio de un mundo salvaje.

Hay que vencer la resistencia de las mujeres a denunciar, a revivir lo pasado para poder preparar una demanda ante la Corte Penal Internacional contra los autores materiales y contra los dos países vecinos que abusaron de su impunidad; hay que recogerlas y ofrecerlas un refugio que se va convirtiendo en una comunidad de sólo mujeres a las que se invita a mejorar, con su propio trabajo, las instalaciones abandonadas de un centro oficial que no ayuda a ser optimista. Poco a poco esas mujeres se atreven a hacer llegar a Honorine sus demandas, sus reivindicaciones más básicas, una cocina, agua corriente, intimidad, camas, poco a poco irán llenando la antesala de la comisaría para ir contando en primera persona aquello que Conrad definió a la perfección en “El corazón de las tinieblas”, el horror, el horror; porque como dice la coronela en un momento dado, no podemos esperar que los blancos arreglen todos nuestros problemas, nosotros también tenemos que empezar a hacer algo por nosotros mismos. La labor reflejada en el documental se antoja titánica, una mujer contra la reticencia de todo un pueblo, una mujer megáfono en mano visitando mercados, escuelas, poblados, a la busca de víctimas y, también, recaudando o solicitando ayuda material para las mujeres recogidas en el centro de acogida.

Honorine es un símbolo de resistencia, viuda y con 7 hijos, de los que 3 son adoptados a fuerza de relacionarse e implicarse en la defensa de menores que terminarán, la mayoría de ellos, en orfanatos mejor o peor dirigidos. La mayor satisfacción de Honorine es conseguir animar a esas mujeres para que denuncien, aunque en el paso haya tanto sufrimiento añadido y compartido que a Honorine no le quede más que llevarse las manos a la cara y sufrir con sus compatriotas. Es posible que después de tanto horror y maldad no sea mala solución terminar el relato con un verdadero rayo de esperanza, aunque esos planos finales parecen indicar que el futuro de la mujer africana no puede ser otro que ocuparse de los niños y de la casa, pero al menos en este hogar comunitario y autogestionado se está formando una gran familia sin parentesco de sangre, donde la solidaridad es el ejemplo máximo de un mejor futuro, al menos hasta la próxima guerra o hasta que Honorine se marche o sea trasladada.
MAMAM COLONELLE. Francia-Congo. 2017. 72 minutos. Dirección y guión: Dieudo Hamadi. Director de fotografía: Dieudo Hamadi. Montaje: Anne Renardet. Sonido: François Tariq Sardi, Dieudo Hamadi. Producción: Christian Lelong, Cinédoc Films, Kiripi Katembo Siku, Mutotu Productions.