domingo, 5 de marzo de 2017

WILLIAM EL NUEVO MAESTRO DEL JUDO (Omar Guzmán, Ricardo Silva, 2016)

WILLIAM, EL NUEVO MAESTRO DEL JUDO (Omar Guzmán, Ricardo Silva, 2016)

Hace un par de años, por sorpresa, tuve la suerte de ver «Navajazo», obra del mismo tándem de creadores pero en la que la dirección se firmaba exclusivamente por Ricardo Silva. Documental áspero, rasposo, de los que levantan la epidermis y penetran en el núcleo de lo que se quiere contar y, al mismo tiempo, en el interior del espectador. Con «William.....» las expectativas eran altas, conociendo la obra anterior se busca confirmación, mantenimiento, sorpresa o decepción.  Y menos decepción, toda calificación es admisible, lo que comienza como documento rápidamente pasa a ficción, ausente de cualquier linealidad o complacencia con el espectador, lo mismo toma como punto de partida un personaje desaparecido de la escena musical, el octogenario William del título; viejo cantante sueco-americano afincado en México donde se atrevió a cantar, entre otras cosas, «La Bamba», emulando a Richie Valens. William Clauson parece que va a ser el hilo conductor de la historia, pero no es más que la excusa. Dicen los creadores que el personaje se les quedó pequeño, que sus historias tanto podían ser ciertas como inventadas, que sus ausencias prolongadas no se sabe si eran producto de una mente enferma o de una pose calculada de divismo y egocentrismo a partes iguales. Lo que sí son ciertas son esas escenas en las que se sorprende a Clauson en su hogar, un local cerrado con una reja donde su retrato pintado ocupa toda la extensión de la misma, y él en el interior, entre cientos de cachivaches inservibles, recuerdos de su pasado y mezclados con restos de vejez, abandono, suciedad, un Diógenes en medio de un pasado inexistente que le conduce a una residencia y a la limpieza y recogida del local, todo menos una extraña caja fuerte que se transforma en un macguffin teatralizado.

A partir de ese momento, el dúo Guzmán-Silva se adentran en el mundo de la ficción  incorporando más y más personajes que van y vienen pero que no se mezclan con un William que termina diluyéndose y haciéndose una sombra más, una evidencia del paso del tiempo, de la sombra efímera que cada uno de nosotros proyectamos hacia el futuro y la nula huella que dejamos en el universo. La ineficacia narrativa de este personaje inicial permite a los creadores mexicanos adentrarse en profundidades mucho más farragosas e incitantes, en muestras de lirismo evocador jugando con las imágenes del fuego y la noche, reminiscencias religiosas y paganas, mundos e inframundos donde las eras van acumulándose creando capas en las que el hombre apenas si representa una infinitésima capa de polvo en la superficie de un territorio que abarca muchos kilómetros de profundidad. La búsqueda de un árbol sirve para situar al hombre y su importancia, en medio de los bosques nevados de la frontera entre Suecia y Noruega, el ser humano aparece ante una tesitura que ridiculiza su propia existencia. Ese árbol que se filma es sucesor genético del árbol más antiguo del planeta, 9550 años nos contemplan y 380 del propio ejemplar, germinado de la semilla inicial, una como la que, en algún momento, dió lugar al nacimiento de la especie humana desde la oscuridad hasta un mundo de luz bastante difusa y confundida. Del mar a la tierra como esas imágenes de pesca y fondos submarinos donde vida y muerte se mezclan, pesca y ejemplares varados de ballena en una costa, del elemento generador de vida al momento de ser liquidado para servir a otros fines, un árbol que tuvo que esperar más de 5000 años para ver a los acadios, 2500 para que Ciro invadiera Lidia, 666 para comprobar cómo la peste negra asolaba Suecia.

Porque los directores, guionistas y productores (más o menos acumulan todas esas funciones), mezclan lo real con lo ficcional en su historia, la historia de un hombre que el día de su cumpleaños quiere contratar a unos prostitutos que consigan hacerle creer que le quieren, pero que también es el rodaje de una película donde lo humano y lo tangible se superpone a ese mundo onírico e inaprehensible del que habla un narrador de voz profunda, en una historia donde el diablo nos recuerda también la eterna lucha del bien y del mal, un diablo que acerca este cine a Reygadas, mientras que la ambientación marina de parte de la historia parece formar un común denominador entre muchas de las producciones mexicanas recogidas en la edición de FICUNAM de este año. Las preguntas se agolpan en nuestra mente ante la inevitabilidad de nuestra fugacidad, Clauson, el maestro del judo del título se ha volatilizado en nuestro recuerdo, encerrada su alma y su esencia en una vieja caja fuerte del lejano oeste ¿somos capaces de ser felices, de estar orgullosos de nosotros mismos? ¿somos capaces de esperar impasibles a desaparecer sin más? ¿quién nos trajo, qué deberíamos tomar, qué nos espera tras abrir los ojos procedentes de la oscuridad?. Rituales, avaricia, ambición, placer, religión, amenaza, y más se muestran ante los ojos del espectador, texturas de alta definición junto a otras más sombrías y siniestras, viejas historias de atavismo y ultratumba que parten de un hecho tan objetivo y, aparentemente neutral, como la figura de un viejo cantante anulado por la edad y su escasa capacidad de comunicarse con cordura. Variante de un relato que surge sobre la marcha aprovechando materiales que, en definitiva, sirven para enfrentarnos a nuestros miedos y preguntas, a lo ridículo de unos individuos que se suceden unos a otros sin dejar poso alguno en los demás, «William, el nuevo maestro del judo» confirma la estela de los nuevos creadores mexicanos, en la senda de Chavarría, Pereda,...... y confirma que tras Silva y Guzmán podemos esperar con atención la llegada de nuevos retos creativos igualmente interesantes.



«William, el nuevo maestro del judo». 95 minutos.Dirección:Ricardo Silva, Omar Guzmán.Mexico. 2016. Productores: Paulina Valencia, Geminiano Pineda Moreno. Productoras: Cine Canibal, CompanySpecola. Guión: Ricardo Silva, Omar Guzmán. Fotografía: Adrian Durazo. Montaje: Omar Guzmán. Musica: William Clauson, Tony Roland. Intérpretes: William Clauson, Edward Coward, Arak Bernal , Hoze Meléndez, Pako Houston.

TRAILER