viernes, 3 de marzo de 2017

TIEMPOS MODERNOS (Modern times, Charles Chaplin, 1936)

 TIEMPOS MODERNOS (MODERN TIMES, CHARLES CHAPLIN, 1936)



1936, fecha terrible para la historia de España, antesala de otra más devastadora para la historia mundial, año en el que la barbarie ya ha hecho de las suyas en el presunto mundo civilizado, momento en que el artista (en general cualquier ciudadano, pero el artista en su ámbito de actuación) tiene que tomar partido, y Chaplin nunca se escondió respecto a sus afinidades políticas, justo en el tránsito del mudo al sonoro, con el que también juega en esta película. “Modern Times” es puro Charlot, pero es el ejemplo claro de cómo el humor puede transmitir mensajes subversivos de aparente imparcialidad pero que contienen un mensaje completo de resistencia, defensa y lucha por los derechos. El personaje que Chaplin interpreta puede no ser consciente de su intervención como líder sindical, como defensor de los proletarios, como apoyo del más desfavorecido. Su aparente indiferencia ante los reveses no es más que una pose de sumisión temporal porque jamás va a dejar un golpe sin devolver, una ofensa sin respuesta y una injusticia sin denunciar. Es Charlot un héroe sin saberlo, un resistente aislado y, por lo tanto, condenado a la derrota; pero en sus pequeñas victorias temporales o parciales, se encierra el germen de la lucha contra el abuso, contra la autoridad, contra el despotismo, contra la injusticia, contra la desigualdad. “Tiempos modernos” es una película claramente política envuelta en el papel brillante de un caramelo dulce lleno de gags cómicos, es una película de izquierdas que revolvería al poder establecido si éste temiera que una película puede mover a las masas.




Una película no hace daño, igual que una persona es incapaz de mover el mundo o cambiarlo. El retrato social que hizo Chaplin en 1936 difiere muy poco, desafortunadamente,  del mundo que vivimos 80 años después. Paro, pobreza, frío, hambre, injusticia, explotación, acumulación de poder y riqueza en unos pocos. 1936 y la explotación, 2017 y los trabajos basura, 1936 y la policía disolviendo manifestaciones a palos sin haberse cometido ni una sola acción violenta, 2017 y la policía actuando en la sombra buscando, o inventando, informes “políticos” al servicio de su señor oscuro para desacreditar al adversario ideológico, 1936 y robando para poder comer, 2017 y la gente expulsada de su casa por la avaricia bancaria a sabiendas de que todos esos miles de personas quedarán expuestas a la intemperie, en el mejor de los casos amparadas por el colchón familiar, 1936 y a la cárcel va el disidente, en este caso involuntario, al ondear un trapo rojo delante de una manifestación, 2017 y se ingresa en prisión a dos artistas por representar una obra con contenido político, o se juzga a unas mujeres por protestar en sujetador dentro de una capilla abierta en una universidad pública. Si Chaplin siguiera haciendo cine ahora podría rodar “Tiempos antiguos” o “Déjà vu” sin ningún problema, porque la historia es cíclica, los avances son efímeros y reversibles, los retrocesos voraces e insaciables, el dueño de la fábrica se entretiene haciendo puzles mientras incrementa la velocidad de la cadena de montaje, si ayer ganamos 100 hoy ganaremos 101 mientras los empleados perderán ese nuevo uno que se suma a las ganancias.





Charlot es el ejemplo viviente de cómo un uniforme no te otorga mayor autoridad, de que quien mayor poder ostenta no lo suele ser por su inteligencia o formación, sino por su inflexibilidad y su abuso, que la solidaridad no suele funcionar desde arriba hacia abajo, sino de abajo hacia más abajo, mientras la riqueza se extrae desde abajo y el medio hacia arriba. En el ataque nervioso que sufre Charlot tras el ritmo infernal de la cadena de montaje, la respuesta lógica no es solo la de no respetar a nadie, sino la de intentar acabar con la fábrica aunque sea mediante un sabotaje inconsciente. Llegar a la sala de mandos es imposible, pero hacer lo contrario de lo exigido, mover la palanca incorrecta, engrasar lo que tiene que permanecer seco y desenroscar las tuercas indicadas es una forma de rebelarse contra la tiranía de la jornada. Sueldos miserables que no llegan ni para comer ni para calentarse, de nuevo 1936 frente a 2017, jóvenes hambrientos sin perspectivas, a punto de ser encarcelados por una simple barra de pan o por una piña de plátanos devorados como quien se come al alma a bocados para no perderla. Un pato asado se convierte en un manjar inaccesible, un sandwich incomestible relleno de no se sabe qué puede transformarse por el poder de la esperanza, en el símbolo de la recuperación, al menos ficticia, gracias a un enamoramiento, aunque el suelo se hunda a tus pies.






Te has convertido en una pieza más de un engranaje que no cuenta contigo porque eres muy fácilmente sustituible. Eres un borrego más en medio de un rebaño apático y consentidor, tus protestas son tan ardientes entre amigos como tibias y mojigatas a la hora de expresarlas de la única manera que producen efecto. Cuando llega el robo, el abuso, la estafa, la malversación de lo público nos escudamos en que no somos responsables porque nosotros no nos hemos quedado con nada, pero cargamos con la peor de las culpas, la culpa moral de quienes sabemos que siendo todo así, no hacemos nada para remediarlo. Los habrá más culpables, seguro, pero habrá inocentes que sigan votando a quien roba, a quien humilla, a quien ofende cada vez que abre la boca, a quien saca pecho hablando de la creación de empleo que te mata de hambre, condecora vírgenes y saca en procesión santos e imágenes rodeadas de funcionarios públicos uniformados. Llegará el momento en que, hasta Charlot se canse, y entonces no hay mejor salida que coger la maleta, a tu chica, tu bastón y marcharte todo lo lejos que puedas para no seguir nadando en la inmundicia moral de nuestro mundo civilizado. Los tiempos modernos de Chaplin se han convertido en nuestros tiempos de miseria. Pero no decaigamos, hay margen para seguir empeorando. Y ahora, con permiso, como Paulette Goddard, me como un plátano sonriendo, porque acabo de encontrar la única salida admisible en este miserable mundo, disfrutar con una obra de arte.







Título: Tiempos modernos. Título original: Modern Times. Dirección: Charles Chaplin. Estados Unidos. Año: 1936. Duración: 87 min. Reparto: Charles Chaplin, Paulette Goddard, Henry Bergman, Tiny Sandford, Chester Conklin, Hank Mann, Stanley Blystone, Al Ernest Garcia, Richard Alexander, Cecil Reynolds, Mira McKinney, Murdock MacQuarrie, Wilfred Lucas, Edward LeSaint, Fred Malatesta, Sammy Stein, Juana Sutton, Ted Oliver. Distribuidora: United Artists. Productora: Charles Chaplin Productions. Director de fotografía: Ira H. Morgan, Roland Totheroh. Guión: Charles Chaplin. Montador: Willard Nico. Música: Charles Chaplin. Producción: Charles Chaplin