domingo, 19 de marzo de 2017

PARÁBOLA DEL RETORNO (Juan Soto, 2016)


PARÁBOLA DEL RETORNO (Juan Soto, 2016)

1. Narración breve y simbólica de la que se extrae una enseñanza moral.

2. MATEMÁTICAS. Curva abierta formada por dos líneas o ramas simétricas respecto de un eje y en que todos sus puntos están a la misma distancia del foco (un punto) y de la directriz (recta perpendicular al eje).
Narración breve y curvilínea, la película de Juan Soto explora los caminos por los que la violencia institucional obliga a las personas a desaparecer de sus ciudades, de sus familias, hacerse invisibles en el mejor de los casos, o ser desaparecidos en muchos otros. Inmerso en pleno proceso de reconciliación, complicado y difícil, de dudoso consenso, el presente de Colombia parece esperanzador con la misma evidencia con la que se puede venir abajo en un momento nada lejano. Aprovechando ese escenario de frágil paz, Juan Soto recupera la vida de uno de tantos seres anónimos represaliados por sus ideas políticas o simplemente por encontrarse en el sitio equivocado en el momento erróneo. El hilo conductor de esta película silenciosa es Wilson Mario, chófer y guardaespaldas del candidato de la U.P. colombiana en 1987 Bernardo Jaramillo, asesinado a plena luz del día en la campaña electoral, justo cuando sus acompañantes, entre ellos Wilson, desaparecieron de la faz de la tierra. Wilson se convierte en un fantasma para todos sus conocidos, la película es una recuperación de su memoria y de la de tantas víctimas del terrorismo de estado. Sin romper la magia de su conclusión, el relato de Soto se inicia con un lacónico y tremendo rótulo, 2 candidatos presidenciales, 2 fiscales, 8 congresistas, 30 diputados, 11 alcaldes, 70 concejales y unos 3500 militantes de la Unión Patriótica fueron asesinados o desaparecidos en plena guerra sucia colombiana. Otros muchos abandonaron el país, unos clandestinamente, cambiando de identidad y otros simplemente huyendo sin más. La historia de Wilson es la historia de uno de esos refugiados anónimos, y la parábola de Soto la reproducción de un retorno imposible para reencontrarse con lo que dejó.

No utiliza Soto la palabra verbalizada, sino la imagen fragmentada, cerrada sobre el objetivo, planos muy poco abiertos y muy concentrados sobre espacios muy limitados, ya sean rostros de niños o butacas de avión, fragmentos de cuerpos de viajeros o de la tripulación, mientras unos rótulos nos cuentan, en primera persona, el pasado de Wilson, sus sensaciones al llegar a Londres, el clima, la gente, el idioma, su adaptación. El relato, en planos totalmente subjetivos, acompaña el regreso de Wilson desde Londres hasta su Medellín natal, desde el momento en que se sube al tren que le lleva a Heathrow hasta que el avión toma tierra en el aeropuerto colombiano, un largo viaje en el que se va desgranando, en pequeñas dosis, la vida de Wilson, desde su conciencia política y su trabajo para el partido hasta el recuerdo de su infancia, de su primer amante, el recuerdo de su madre, sus hermanos, de lo general a lo íntimo...... y en ese viaje cuanto menor es la distancia al objetivo final, mayores son las dudas del que regresa ¿será reconocido? ¿reconocerá su país? Sólo tomando distancia se pueden percibir los contornos y la plenitud de las realidades, Soto comienza su película enfocando al máximo lo que ya sabemos que es una flor, con esa prueba de la máquina que va a usar para filmar el viaje nos demuestra que todo es capaz de mutarse, de hacerse irreconocible con la simple utilización de la imagen. Formas geométricas irreconocibles que van perfilándose según nos separamos, un poco como la vida de Wilson, si seguimos su recorrido vital terminaremos sumergidos en su realidad, en su viaje de vuelta sin tomar conciencia de la brutalidad de lo que le ocurrió, imagen y palabra nos sumergen en un viaje que consideramos posible. 

El giro definitivo que conviene ocultar demuestra que la idea del director es sagaz, afilada, punzante. Cuando nos avisa de que la trayectoria del avión en la pantalla de la butaca se parece a una curva parabólica, nos pilla de improviso, desarmados, y el efecto final se convierte en demoledor. Justo cuando hemos caído en la red y antes de haber tomado distancia, Soto nos acerca más al personaje y su realidad; los últimos minutos serán los minutos más íntimos de Wilson, los minutos de los videos caseros, los vhs de fiestas familiares y reuniones de amigos, de su habitación universitaria con carteles procastristas, prochinos, prosoviéticos, una habitación solitaria donde permanece el espíritu de su ocupante. La información que Soto nos va proporcionando va aumentando conforme se acerca el final, a los vídeos le preceden fotografías personales, la verdadera familia de Wilson perdida con el exilio. Y Soto recurre a la poesía y a la música para reivindicar el retorno de tanto desaparecido, es la palabra poética la que viste al relato y nos acerca más al dolor de la pérdida, «El tiempo presente y el tiempo pasado, Acaso estén presentes en el tiempo futuro, Y tal vez al futuro lo contenga el pasado. Si todo tiempo es un presente eterno Todo tiempo es irredimible» y es cuando oímos la voz de T.S. Elliot recitando su cuarteto nº 1 , y a Porfirio Barba recitar a su vez su «Parábola del retorno» «Señora, buenos días; señor, muy buenos días... Decidme: ¿Es esta granja la que fue de Ricard?, ¿No estuvo recatada bajo frondas umbrías, no tuvo un naranjero, y un sauce y un palmar?....» porque nuestro avión ya no lleva a Wilson, sino al recuerdo de Wilson regresando en una eterna parábola a la Colombia que ya no conoce.
Título original:Tales of two who dreamt. Dirección:Juan Soto. Guión:Juan Soto. Edición:Juan Soto, Chiara Marañón. Música:Luís Felipe Palacios. Sonido:Isabel Torres. Cámara:Juan Soto. Producción: Andrea Tabares Duque, Juan Soto. Productora:TardeoTemprano Films. País: Colombia. Año:2016. 
Duración:41 min

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