miércoles, 1 de marzo de 2017

LA TIERRA AÚN SE MUEVE (Pablo Chavarría, 2017)




LA TIERRA AÚN SE MUEVE (Pablo Chavarría, 2017)


“Nosotras las brujas” aparece varias veces durante la película, sobre todo al final, como reivindicando una autoría apócrifa, una inspiración inmanente en el resultado, una explicación espectral sobre lo visto, porque la obra resultante se desenvuelve desde lo fantasmagórico a lo puramente sensorial. Chavarría, uno de esos nombres del cine mexicano que no puede perderse de vista para sentir las nuevas fuerzas audiovisuales del país, propone una experiencia más que un relato, aunque pueda desentrañarse alguna historia del cúmulo de imágenes donde el agua sirve como motor, agua o líquido, da lo mismo que fluya o sea expulsado, que se beba o que sirva de filtro a la imagen. Chavarría juega con las sensaciones de las formas, de los colores, de los perfiles indefinidos y los desenfoques difuminados de la noche, de primerísimos planos que impiden el reconocimiento. La tierra aún se mueve aunque nosotros permanezcamos inmóviles, tan es así que ese movimiento se va a producir aunque nos empeñemos en que los objetos se queden donde están, por eso todo parece desplazarse, desdoblarse, estar aquí y un poco más allá, o como en un continuo retorno, volver al lugar para observar cómo siendo el mismo que hace unos minutos, todo puede cambiar, un hombre desaparecer, un perro surgir, un par de siluetas correr por la carretera, la imagen de un coche en movimiento quedar detenida, congelada, hasta que otro se aproxima y sustituye al primero.


Capturar la vida por sorpresa, como decía Dziga Vertov, "En un futuro próximo, el hombre podrá transmitir simultáneamente por radio, para el mundo entero, los hechos visibles y sonoros grabados por una radio-cámara'', y un algo de todo esto va desfilando en las imágenes aparentemente inconexas de la película, donde la noche tiene un efecto mágico y amenazador en medio de un ambiente festivo, donde el día pasa fugaz, medio oculto tras el efecto de la lluvia, una película donde nos llama el toque repetido de unos dedos en el cristal y el miedo se mezcla con el disfrute en esas noches cercanas a la frontera entre México y Guatemala, donde la fiesta y la feria esconden a la mujer bruja que puede pasar corriendo a tu lado sin verla, pero sí sintiéndola. Como esos fantasmas que van tras de ti pero que, al volverte no ves, la película obliga a mirar y, en ocasiones, a no identificar lo que se ve, ni a conseguir unir sonido con imagen. Hay que dejarse llevar por la sensación generada por la unión de ambos para sentir miedo, abandono, soledad, amistad, amor, trabajo, diversión, misterio…….es la vida de la calle registrada con azar y modificando la percepción con la mutación de lo filmado, usando mecanismos de adulteración que proporcionan sensaciones muy diferentes.


Deleuze, Epstein, son mentados en la película, como Vertov “un medio de hacer visible lo invisible, claro lo oscuro, evidente lo oculto, desnudo lo disfrazado”,” En adelante y para siempre prescindo de la inmovilidad humana; yo me muevo constantemente, me acerco a los objetos y me alejo de ellos, me deslizo entre ellos, salto sobre ellos”, "Liberado de la tiranía de las 16-17 imágenes por segundo, liberado de la estructura de tiempo y espacio, coordino todos los puntos del universo, allí donde puedo registrarlos. Mi misión consiste en crear una nueva percepción del mundo. Descifro pues de una manera nueva un mundo desconocido para vosotros y vosotras". El ideario vertoviano renovado, trasladado al México de 2016, no hay pausa, todo está en movimiento, a veces incluso, en movimiento múltiple; no todo es reconocible, no todo es definido como un objeto, un espacio o un ser concreto, hay un germen de vida que surge del agua y que vuelve al agua, como las tortugas del mar mexicano o la araña que teje y guarda su alimento, hay materiales sólidos y materiales construidos, incluso hay líneas de fuga llenas de ambigüedades para permitir el paso a lo inexplicable, a lo ilógico. Lo humano y lo extracorpóreo, una imagen de una carretera tanto puede servir como referente de localización como escenario de un hecho inexplicable y alejado de la realidad del tiempo y del espacio, como unas manos que se multiplican y se agarran pero que pueden ser un único par de manos cuya impronta permanece en nuestra piel durante más tiempo del que vemos, necesitando una cámara especial para recogerlo en imágenes; imágenes que parecen distorsionadas por el efecto de colocar un cristal con líquido por delante o encima de ellas, de esa manera, el simple movimiento del agua modifica la percepción cambiando lo que vemos y  lo que sentimos, igual que en medio de la noche, el frío y el fuego tanto suponen la necesidad física de calentarse como la evocación primaria de un aquelarre. Un sonido que cambia una imagen, unos ojos que escuchan, todo es cambiable, hasta los sentidos pueden ser percibidos a través de órganos diseñados para otra función, acabemos en el mar, donde todo se inició y donde todo concluye, el movimiento sobre el mar queda oculto tras los rótulos con los que finaliza la película a modo de manifiesto, quizás porque por mucho que nos movamos, no podemos modificar el efecto visual de una masa de agua como ésta.

EL MUNDO AÚN SE MUEVE. México. 2017. Dirección y Montaje: Pablo Chavarría Gutiérrez. Fotografía: José Luis Arriaga. Sonido: Gerardo Villareal. Música: Julio Torres. Reparto: Eli Zavala, Susana Herrera, Alejandro Alva. 68 minutos

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