miércoles, 8 de marzo de 2017

EPIFANIA (Oscar Ruiz Navia, Anna Eborn, 2016)



EPIFANÍA (Anna Eborn, Oscar Ruiz Navia, 2016)

Epifanía. nombre femenino. Formal. Manifestación de una cosa. "la fuerza y la vida no son sino epifanías de la realidad última; el cuerpo del hombre es la epifanía o mostración de su fisis propia".


Película en tres momentos y con dos directores cuya confluencia no se nota en un decaimiento o desaseo del resultado, sino todo lo contrario, en un potente relato fragmentado en el tiempo, y donde la mujer es protagonista absoluta. La mujer y el género humano, familias diversas y dispersas, de países diferentes pero que, enfrentados al uso de viejas filmaciones caseras en super 8, repiten comportamientos, y sólo el color del pelo, o el clima que les acoge, marca la distancia, porque los comportamientos rituales son parecidos, como los que acompañan a la vida y a la muerte. Hay una mujer que puede ser una sola o varias, o todas entendidas como género, una mujer que nos mira de frente al inicio del recorrido después de una confesión con la pantalla en negro. Estamos ante una película sobre la vida y la muerte, o mejor dicho, que transita de la muerte hacia la vida, con diferencias estéticas y emocionales muy marcadas entre cada una de las que podríamos denominar, tres partes de la misma, lo que enriquece la propuesta y demuestra el empeño en hacer de una historia muy sencilla y reconocible, un esfuerzo de creatividad artística. Rodada en tres países diferentes, utilizando a familiares y actores no profesionales como núcleo que sustentan la narración, y donde la palabra es mucho menos importante que la mirada, el recorrido comienza con un homenaje intrínseco a Bergman, no estético, ni expreso; pero como declaración de intenciones rodar en la isla de Farö, se quiera o no, trata de establecer un núcleo emocional con la figura del cineasta sueco, del mismo modo que los interiores rodados en ese sueño emotivo de una hija que acaba de perder a una madre, recuerdan a los cuadros de Vilhelm Hammershoi reavivados por el calor de una hoguera que da calidez a un entorno inicialmente frío y sepulcral, transitando desde el frío del invierno nórdico, el blanco y gris de los interiores alrededor de un velatorio gélido y solitario, al calor fugaz que proporciona un reencuentro inesperado que concluye en un fundido a negro solamente roto por el sonido del llanto ante la pérdida definitiva.



A partir de aquí la película modera su dramatismo para incorporar el renacimiento, la nueva vida, las ganas de seguir adelante trasladando la acción a Colombia. La misma mujer que hemos visto previamente como a la madre muerta, participa en un curso y ritual de purificación del que salir reforzada. Podría entenderse inicialmente, gracias a la puesta en escena, que hemos descendido al mundo de los muertos acompañando al espíritu de la mujer fallecida, pero no, estamos ante otra historia diferente, o puede que ante una historia previa de la misma mujer, o ante una mujer que se parece pero no es la misma que hemos visto antes; las opciones del espectador son varias y mutantes, pero lo cierto es que esta mujer recupera poco a poco la ilusión de enfrentarse a nuevas cosas mientras en su interior permanece el duelo de una pérdida relativamente reciente, también la de una madre. Frente al color gris, sólo roto por el sueño evocador, que domina la primera parte de la historia, en esta segunda historia los colores se hacen más cálidos, más optimistas, más del día a día, también hay llanto, una constante en las tres historias pero por muy diferentes motivos, es un llanto de nostalgia en medio de un cementerio rodeado de vegetación y flores, es el llanto por la ausencia que sigue pesando pero que va alejándose en el tiempo, el llanto de quien se resiste a olvidar porque olvidar es reconocer la pérdida absoluta.


En este tránsito de la muerte hacia la vida éste no es completo sin un nacimiento que venga a sustituir las ausencias precedentes. Entre la segunda y la tercera parte surge la fiesta, el baile, y en la transición volvemos al frío (ahora Canadá), al paisaje nevado y a una mujer mayor que arrastra un trineo pequeño con su nieto, rubio pero que habla español. Estamos ante la misma mujer mayor que hemos visto anteriormente, el juego, la risa, un momento de esperanza y de vitalidad que, al volver al interior del hogar, se revela como un intervalo de espera, una reunión familiar en torno a un acontecimiento, a un parto al que asistimos en directo, un parto en el agua, con toda la familia presente y que concluye con un doble llanto, el de la recién nacida y el de los progenitores, emocionados; llantos muy diferentes a los vistos anteriormente, obedecen a razones completamente opuestas. Película muy modesta en sus medios pero que saca un enorme partido de sus recursos, aprovechando los espacios para transmitir sensaciones, como esa penumbra final del parto que da paso a la luz, de la oscuridad a la vida, parecería quererse decir; que el deslumbramiento no sea brutal sino progresivo, o el uso de la lente que difumina los bordes (Reygadas y Post tenebras lux en el recuerdo) en la zona intermedia de la película que sirve para proporcionar la sensación de semidesvanecimiento; de salida, nuevamente, a la luz, después de un episodio de calor, humedad, hierbas y oscuridad, como si esa mujer surgiera de un útero artificial y su estado físico se semejara al del recién nacido, y ese tratamiento del exterior y del interior en la primera parte para transmitir frío y pérdida, al tiempo que emoción, mediante la iluminación y un diálogo sin palabras entre madre e hija que sólo necesitan mirarse para conversar, consiguen hacer de “Epifanía” otra gran muestra de cine inteligente en una coproducción que tiene participación de una cinematografía en pleno éxito, la colombiana.


Título: Epifanía. Colombia-Suecia. Directores: Oscar Ruiz Navia, Anna Eborn. 2016. Productores: Gerylee Polanco Uribe, Erik Hemmendorff, Oscar Ruiz Navia, Anna Eborn. Productores asociados: Patricia Drati, María Ospina Pizano, Tine Fischer, William Vega, Andrea Estrada, Sebastián Hernández. En coproducción con: Platfform Produktion (Suecia). En asocio con: CPH:LAB, Patricia Drati .Duración: 71 min.

TRAILER