domingo, 5 de febrero de 2017

UNITED STATES OF LOVE (Tomasz Wasilewski, 2016)

UNITED STATES OF LOVE (Tomasz Wasilewski, 2016)

En la Polonia postdictatorial los comportamientos se mantienen con el miedo, la vergüenza, el temor, los tabúes precedentes. Una dictadura puede haber caído pero las hay peores, las influencias de la iglesia católica, el miedo a mostrarse abiertamente homosexual, la imposibilidad de romper con un matrimonio decepcionante en un país donde quien no asiste a misa o a clase de religión, es señalado inmediatamente, miedos morales inculcados siglo tras siglo, miedos al cuerpo y a sentir con libertad. Para que nos situemos temporalmente el director rueda la mejor escena en su momento inicial, la película empieza durante unos breves minutos en blanco y negro, en una reunión familiar anual donde pesa la ausencia de los que han emigrado a Alemania, un blanco y negro que poco a poco va coloreándose, pero sin terminar de explotar en plenitud. Wasilewski, con la colaboración del director de fotografía rumano Oleg Mutu (colaborador de Cristian Mungiu), mantienen un tono apagado en los colores, colaborando la iluminación a crear imágenes congeladas, sin calor, un ambiente frío alejado de un optimismo por una nueva etapa que no parece llegar. Con esos colores e iluminación, las mujeres de la historia mantienen sus gélidas relaciones con la esperanza de un futuro mejor, pero nada invita a pensar en que se vaya a conseguir nada más que pequeñas modificaciones, dejar de estudiar ruso en el instituto por el inglés, cambiar el nombre del centro por el del sindicato «Solidaridad»; un régimen viene a sustituir a otro para, en el futuro, no muy lejano, confirmar que la democracia es una cosa muy seria como para dejársela a los políticos.

Wasilewski crea una historia a base de derrotas, apenas hay respiro para sus cuatro protagonistas principales, película femenina que no feminista, película donde los hombres siguen teniendo un peso importante en el comportamiento de estas mujeres relacionadas por parentescos, trabajo y vecindad, dando lugar a una típica estructura de vidas cruzadas que lastra el resultado por su falta de originalidad. Desde que Altman recuperara el formato cualquiera se cree capaz de cruzar existencias de cualquier manera, en este caso mediante la aparición fugaz del resto de protagonistas y la ruptura abrupta de la historia de cada una de estas mujeres para pasar a la siguiente, manteniendo, episódicamente, algún fleco de la anterior como justificación de la apuesta; no es el acierto de «11 minutos» de Skolimovski lo que ha conseguido el joven director con sus estados unidos del amor. Sin duda es un lastre demasiado pesado para la película, muy pendiente de que el espectador se de cuenta y relacione que las historias se cruzan, aunque no se mezclan, que los espacios del instituto, la escalera de vecinos y la iglesia con centros neurálgicos de las protagonistas, aunque eso no se consiga con naturalidad sino con justificaciones de escritura de guión impuestas para dar paso a otra historia diferente a partir del fin de la anterior. 

Una mujer que siente asco por su marido, del mismo modo que se siente atraída por el nuevo sacerdote de la parroquia, a quien no podrá poseer pero que le sirve de excitación para acostarse con aquél; una directora de instituto, madura y atractiva, que mantiene una doble vida oculta acostándose con un hombre casado que acaba de enviudar, hecho que para la mujer anuncia la posibilidad de emparejarse abiertamente sin secretos; la hermana de ésta, profesora de gimnasia, trabajadora en el mismo centro que su hermana, abandonada por el marido que ha emigrado a Alemania, y con la duda de si él seguirá siendo fiel como ella,  obsesionada por conseguir un trabajo como modelo que no llega; y la vecina de ésta y de la primera, profesora de ruso, que se ve jubilada de la noche a la mañana por el cambio del plan de estudios, cuando acaba de quedar sola por la muerte de su compañera, presentada como una hermana ficticia para no enfrentarse al rechazo de ser lesbiana, una mujer madura que se enamora de la joven profesora de gimnasia sin ninguna posibilidad de éxito. Mujeres atormentadas e insatisfechas, recluídas en un país que sueña con una libertad imposible si ésta no llega a sus ciudadanos. Entre lágrimas una de las hermanas preguntará a la otra «¿eres feliz?, si. Yo también», y sabemos que es mentira, que el dolor que sienten es mayor ahora que el que sentían unos meses atrás, y que ese dolor, ese vacío, esa imposibilidad de sentirse tranquilas, va a ir en aumento; justo cuando el plano se rompa y abandonemos cada historia, ya sea la mujer desnuda que sonríe imaginando lo que no ha sido, la que llora después de amar a un marido porque no puede ser amada por el cura, la que se despierta y asume que la sesión de fotos acabó de manera muy diferente a la imaginada, o la que desesperada por recuperar a un hombre que ha perdido la excusa para no vivir con ella, asiste, impasible, a la llegada de una nueva desgracia a su vida, irreparable y terrible, definitiva y generadora de una culpa que será insuperable por su impaciencia e incapacidad para asumir un rechazo.

Wasilewski dibuja un conjunto de relaciones glaciales en una Polonia del pasado que no deja de ser el germen de la del presente. Unos símbolos se sustituyen por otros, y algunos permanecen inmutables, pero lo que resulta importante y necesario a nivel personal, se mantiene en el mismo nivel de absoluta derrota; ya sea juventud, madurez o antesala de la vejez, la perspectiva de soledad, de abandono, de huidizas miradas en medio de una existencia mediocre, conducen a personas desoladas a enfrentarse con espejos teñidos de amargura. Son personajes sin un atisbo de esperanza, sin posibilidad de optimismo, fríos a fuerza de dolor, como el que uno siente cuando en medio de una reunión la persona que debería estar más cerca de tí aprovecha para sentarse al otro extremo de la mesa, dejándote al lado de tus cuñadas mientras se emborracha; ha caído un muro entre oriente y occidente que separaba dos modelos vitales, pero rápidamente los muros personales se han reforzado, se va a la iglesia para presenciar la exhibición semanal de un cura como otros acuden al videoclub a alquilar películas porno, cada uno se excita de una manera y en lo insatisfactorio del resultado sólo sentimos la sordidez de un mundo sustentado sobre mitos, falsificaciones y mentiras imposibles de cambiar. Wasilweski retrata duramente su país, otra cosa es que consiga emocionar con la propuesta. El nuevo cine polaco tampoco se desprende de los fantasmas agobiantes de su pasado, de las culpas y de los tormentos, y así sigue manteniendo su calidad película tras película.

Título internacional:United States of Love. Título original: Zjednoczone Stany Miłosci.Polonia. 2016. Dirección: Tomasz Wasilewski. Duración: 104' .Guión: Tomasz Wasilewski. Reparto: Magdalena Cielecka, Marta Nieradkiewicz, Dorota Kolak, Julia Kijowska, Andrzej Chyra. Fotografía: Oleg Mutu. Montaje: Beata Walentowska.Escenografía: Katarzyna Tobanska-Strzalkowska, Marcel Slawinski. Productor: Piotr Kobus, Agnieszka Drewno. Coproductor: Jerzy Kapuściński, Jonas Kellagher.Productoras:Mañana, Common Ground Pictures, Telewizja Polska (TVP) - Agencja Filmowa, Film i Väst