domingo, 26 de febrero de 2017

ROSA CHUMBE (Jonatan Relayze Chiang, 2015)

ROSA CHUMBE (Jonatan Relayze Chiang, 2015)


No estamos en la Lima de Miraflores o Barranco, apenas si se vislumbra algún eco de un mundo que vive recluído en su jaula de oro y que, aunque la película lo evita, existe. Es el mundo al que Rosa Chumbe no va a llegar nunca, ni de lejos, su vida forma parte de una masa cegada por la miseria que la rodea y que se refugia en una botella para hacer más cortas las noches. Un trabajo que se empeña en perder, un casino de máquinas tragaperras, una botella de ron diaria, una casa en un barrio marginal donde convive con una hija madre soltera y un  nieto criado a medias entre ambas, una convivencia por otra parte imposible, a gritos, a tortas, pobreza económica y miseria de sentimientos. Rosa Chumbe es policía, pero realmente no ejerce como tal durante la película, viste un uniforme como quien se pasea desnudo por una playa nudista; su vida es una nube de vapores etílicos y carencias múltiples, una abuela prematura obligada a ejercer de madre cuando es incapaz de relacionarse con su propia hija. Para Rosa la vida es una empinada y elevada escalera elíptica, asfixiante, como el resultado de mover su peso cuando nada te invita a hacerlo. Tan indiferente le es su presente como su porvenir, que un mono extraiga su futuro y se lo entregue, no es más que un pasatiempo momentáneo, porque el contenido del papelito ni lo va a leer. No hay futuro que valga, de sobra lo conoce, salvo embriagarse en la noche para poder dormir, levantarse con resaca, quedarse dormida en su escritorio, redactar informes con dos dedos en el teclado del ordenador, y volver a casa deseando que la hija se haya ocupado, ese día, del niño.

En un ambiente tan poco propicio, la esperanza de Rosa es ir acumulando pequeños ahorros guardados con la avaricia del especulador. Un fajo de billetes bajo el colchón que cuenta a diario, como si el airearles les multiplicara, en medio de una habitación oscura y asfixiante. En ese puñado de billetes no hay una esperanza de salida, ni de abandonar el barrio, pero son una puerta abierta a que el dinero llame al dinero, que una racha de buena suerte en las máquinas haga que el fajo crezca, al tiempo que el ron de 7 pesos la botella se sustituya por otro mejor. Es una película donde la luz del día hace daño, en las horas en las que las personas están obligadas a hacer su vida, Rosa transita de puntillas deseando el final de la jornada, comer algo en un puesto callejero, tomar el colectivo, llegar al barrio y comprar su medicina diaria para mantenerse adormecida En ese vaivén, Rosa cede el paso temporalmente a su hija, y comprobamos que ser mujer y, además, madre soltera en Perú, es un peso añadido demasiado ingobernable; que en el futuro de la joven se avecinan los mismos nubarrones que en el de la madre, que una masa sanguinolenta en el retrete es una salida momentánea para que el problema no crezca, pero no es ninguna solución a la miseria. 

Poco a poco, Relayze empieza a mezclar la andadura vital de esta mujer con una realidad social que se va haciendo cada vez más visible hasta ocupar la totalidad de lo que rodea a Rosa. La religión y sus múltiples variantes, la absoluta colonización visual y de discurso, empresas que adoptan a vírgenes como reclamo, mensajes en cualquier esquina, y en el tramo final la invasión procesional del centro de una ciudad, absolutamente paralizada por la superstición y la idolatría. Porque cuando se pierde todo referente de mejora, y la vida te asfixia, cualquiera caería en el refugio de quien te ofrece salvaciones sin cuestionamiento. Sobre todo si la televisión ha dejado de alucinarte lo suficiente como para olvidar tu realidad, no te interesa que los noticieros te bombardeen con crímenes, corrupciones, discursos vacíos, te contentas con un programa de mal gusto donde un humorista suelta una retahíla de chistes sobre todo el catálogo de discapacidades posibles. Llegará un momento, y sabes que va a ser así, que el alcohol se convierta en un problema, cuando eso ocurra sólo se te ocurrirá recurrir al auxilio de lo indemostrable. Al amanecer, y no estamos ante el cine de Dreyer, alguien o algo, sentirá compasión de ti y hará retroceder el tiempo para darte una nueva oportunidad, pero ¿qué oportunidad puede tener quien vive diariamente al borde del precipicio?

Película áspera y desagradable por momentos, donde la noche ayuda a estos personajes a moverse sin tener que exponer sus debilidades a plena luz del día. «Rosa Chumbe» es cine muy humilde y muy real, basta con asomarse desde el distrito centro de Lima, por detrás de la Plaza de Armas, el Convento de Santo Domingo, y comprobar cómo, al otro lado de la Panamericana Norte, se extienden miles y miles de casas endebles a lo largo de las colinas que rodean la Lima habitable, barriadas donde tienen que existir miles de Rosas, aún en peores condiciones que Chumbe, porque ésta, aunque está haciendo muchos méritos para perderlo, tiene un trabajo y un sueldo, tiene opciones para mejorar, sólo le falta soltar lastre y olvidar un pasado que, sin que el director nos lo enseñe, ha tenido que ser especialmente duro y frustrante; por eso este final, alegórico y fabulador, que no puede interpretarse como un alegato a favor de la fe, y menos del oropel narcótico de la liturgia canónica, es, simplemente, una puerta abierta a la reconstrucción personal.


ROSA CHUMBE. Perú. 2015. 73 minutos. Director: Jonatan Relayze Chiang- Guión: Jonatan Relayze Chiang, Christopher Vásquez. Fotografía: Miguel Valencia. Edición: Jonatan Relayze Chiang. Sonido: Rosa María Oliart, Omar Pareja. Dirección de arte: Aaron Rojas. Producción: Yin Zhang Films SAC. Intérpretes: Liliana Trujillo, Cindy Díaz, Franco Díaz, Alejandro Romero Cáceres, Jorge Ramírez, Daysi Ontaneda

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