miércoles, 8 de febrero de 2017

REY (Niles Atallah, 2017)





REY (Niles Atallah, 2017)

Una noche irreal ilumina la escena, un hombre en cuclillas gotea agua de sus manos, pero es un agua que no cae, sino que asciende, hasta que el goteo se transforma en chorro de agua inverso, porque lo que cuenta esta película parece sacado de un mal sueño, de una revelación religiosa, de un cerebro dañado y egocéntrico. Es Tounens en su sueño de grandeza, en su recepción por los mapuches, en el momento previo a recibir la corona de un reino inexistente en una tierra hostil. Como un caballero alucinado, vela sus armas la noche anterior a la coronación. Al principio fue el agua, al final será el fuego, origen y fín de un sueño irracional, de una gesta que pudo ser y se quedó en quimera mística con mirada al cielo estrellado.


Orelie Antoine de Tounens, abogado de campo, rey de la Patagonia y Araucania, Príncipe de Aucas, Duque de Kialeou, Conde de Alsena, proclamado rey el 17 de noviembre de 1860, fundador de la casa real de Tounens, rey “depuesto” el 5 de enero de 1862, detenido y juzgado, condenado a 10 años de prisión por las autoridades chilenas y que fue expulsado a Francia, visionario emprendedor de un proyecto de reunión de las 17 repúblicas hispanoamericanas bajo el manto protector de una confederación monárquica constitucional. Idealista, y amparándose en un tratado de independencia firmado entre España y los araucanos en 1641, con la ayuda de dos compatriotas asentados en Valdivia que comerciaban con los mapuches, Lachaise y Desfontaines, poco a poco fue adentrándose en la región y tomando conocimiento de la lengua y costumbres, hasta que ante una asamblea de líderes y caciques, que las crónicas cifran de hasta 3000 personas, fue proclamado rey e instituyó una monarquía hereditaria bajo su mandato. Como todo mesianismo iluminado el proyecto duró lo que tardaron las autoridades chilenas en tener noticias y en percibir algún peligro de complot francés para invadir el país, en el medio queda una anécdota de la historia, en la que Tounens intentó regresar otras tres veces a la Araucania y reinar, terminando sus días repartiendo títulos nobiliarios en un apartamento de París hasta que regresó a su Dordoña natal.


El cine chileno sigue entregando muestras de vitalidad sorprendente, lo que para un director convencional se transformaría en un relato histórico epopéyico, a Atallah le permite jugar con el tiempo y la imagen, más que proporcionar un estudio biográfico sobre uno de tantos héroes románticos con ideas y delirios de grandeza. No le preocupa al director ser fiel a la historia oficial o a alguna de las historias, porque un personaje de tal naturaleza resulta imposible de haber sido reflejado fielmente por las crónicas, empezando por las suyas, contenidas en dos tomos de memorias. Lo trascendente en la película es cómo reflejar en imágenes todo ese contenido idealista sin caer en el tópico. Dividida en capítulos, “Rey” utiliza recursos estilísticos para ahondar en cierta idea de delirio enfermizo y febril, comenzando desde un recuerdo más o menos asumible de una crónica de un viaje interrumpido, hasta concluir recreando en imágenes lo que debe ser la imaginación interna del personaje en un hipotético reino vinculado al fuego, al volcán y al agua. Todo este esfuerzo de Atallah tiene una finalidad que el cine chileno no esconde, dos fuerzas permiten la periódica creación de películas sobre dos temas de su historia, el cruento y genocida golpe de estado de 1973 y su posterior dictadura, y la nada edificante historia de Chile con el pueblo mapuche, porque si bien la leyenda negra corresponde a los españoles, conseguida la independencia, prosiguió encarnizadamente la persecución y muerte del indígena.


Esta película de ficción entronca así con otras muestras de cine chileno reciente que se hacen eco de la realidad y del pasado de la región y sus habitantes originarios, “La ciudad perdida”, “El verano de los peces voladores”, “Araucania”, “El botón de nácar”, “Como me da la gana 2”, “El viento sabe que vuelvo a casa”….de una u otra manera abordan la problemática mapuche, sus reivindicaciones, su pasado, sus carencias, su discriminación histórica. Pero sin duda es este “Rey” la más rupturista formal y visualmente (de una manera más o menos activa, Torres Leiva y Agüero participan en el proyecto, incluso en la película de Agüero antes mencionada se dialoga con Atallah sobre el concepto de los cinematográfico), mezclando texturas, colores, degradaciones de la imagen y mutando a los actores en máscaras o seres antropomorfos consecuencia del recuerdo diluido, de la alucinación propia del enfermo y de la rigidez de las instituciones. Cautiverio, Juicio, Traición, Fiebre y Exilio forman los capítulos de esta historia, precedidas de un prólogo breve y un epílogo de esplendor artificial donde la creatividad videoartística del director alcanza todo su esplendor, finalizando una historia que penetra en la mente de un hombre enfermo por el cautiverio, pero también por su ensoñación  caballeresca, intentando reflejar en la pantalla todas aquellas alucinaciones de los hombres caballo, su diálogo con las estrellas, su conexión con el fuego de los volcanes que terminarán por borrar la existencia humana de la faz de la tierra cuando llegue el momento. Y así la imagen juega en la misma división que un Val del Omar que no disponía de los medios técnicos de la actualidad, se inicia con un remedo del Guerín de “Tren de sombras” para deteriorar la imagen de lo que nunca son viejas grabaciones del viaje de Tounens por Chile, pero que sí son consecuencia del uso de viejas películas procedentes de Antonio Radonich y sus “Actualidades magallánicas”, a las que Atallah intenta equiparar parte de las correspondientes al rey de la Araucania, y terminan jugando con lo experimental, desde lo histórico, como Bruno Varela hace en la película reciente “Placa madre”.


“Esto no es Chile” resuena como un bofetón cuando Tounens justifica su viaje y sus negociaciones con los mapuches, esta frase puede ser entendida de manera literal, pero también significa que Chile tenía abandonada esa región, “¿dónde están los chilenos aquí?”, tanto por falta de interés como por la resistencia secular de ese pueblo a someterse a cualquier otro. Cambiarían las formas y los intereses, bien lo cuenta Patricio Guzmán en su última película, y de manera más elíptica Lisandro Alonso en “Jauja” en relación con la parte argentina, llegarían las masacres, las enfermedades, el alcoholismo, la pobreza extrema, la injusticia en definitiva, pero Atallah se centra en un hombre en permanente contacto con la naturaleza y lo místico, y convencido de tener una misión para proteger y hacer más fuerte a un pueblo dividido en pequeños clanes y guerras constantes entre sí. Un delirio mental que se transporta a las imágenes que van desintegrándose poco a poco, como la mente del francés en tierra extraña, construir un mundo a partir de sueños para llegar a una nueva Francia en el fín del mundo, perder la razón convirtiéndote en un semidios de ocho rostros hasta que la disgregación se multiplica en el infinito confundiéndote con el inicio, o el fín, de los tiempos. Y todo sin olvidar quienes siguen siendo los mapuches y sus reivindicaciones históricas, alejadas de un personaje real que se creyó amado por los dioses, que soñó con ser el rey sol y el rey pájaro, que creyó que su recuerdo nunca se borraría en sus amados súbditos.


 REY. Chile. 2017. Director y Guión: Niles Atallah. Productor: Lucie Kalmar. Intérpretes: Rodrigo Lisboa (Orllie-Antoine de Tounens), Claudio Riveros (Rosales). Fotografía: Benjamín Echazarreta. Dirección artística: Natalia Geisse. Música: Sebastián Jatz Rawicz. Edición: Benjamin Mirguet. Duración: 91′. Idioma: Español, Mapudungun.