martes, 7 de febrero de 2017

RESTER VERTICAL (Alain Guiraudie, 2016)

RESTER VERTICAL (Alain Guiraudie, 2016)

O la maldición del guionista.
El viaje de Leo es a ninguna parte, de norte a sur, huyendo de un teléfono que le acompaña, que suena para recordarle una obligación por la que ha cobrado parte de un contrato que él no cumple. Escritor de guiones, parece viajar a la busca de ideas o historias, y sin embargo, esas historias que se cruzan en el camino parecen alejarle cada vez más de su escritura. Una mochila y un coche trazan su presencia, con ambos se siente un viajero, con ambos no deja de ser un vagabundo perdido entre lo urbano y lo natural, pero que, pese a abrírsele puertas no hace más que cerrarlas, obcecándose precisamente en acercarse a dónde es rechazado.  Es un viaje de refugios temporales, con una pastora o con un joven pasoliniano, entre lobos y corderos, Guiraudie utiliza las metafóricas imágenes de ambos para situar a Léo en el medio. Lobos urbanos que le persiguen navegando por un río del que surgen las nieblas de una amenaza inexistente, explorador de un territorio hace mucho conquistado, lobos que aparecen exigiendo su parte del contrato, corderos de todo tipo anclados a la imposible fuga, sometidos a cadenas invisibles de tipo económico, sexual, afectivo, que facilitan su control. Leo tiene poco de león, más bien se comporta de manera cobarde buscando amparo fugaz del que poder huir cuando quiera, sin compromisos permanentes o estabilidad, por eso la llegada sorpresiva de un hijo le agobia y le perturba, entre sus prioridades no se encuentra la de ocuparse de nadie, y mucho menos si la madre decide abandonar a ambos ante la apatía de Léo para comprometerse. No debe ser casualidad que tres películas de 2016 europeas, alemana, italiana y francesa, utilicen al lobo como figura metafórica, y en ocasiones central, de sus relatos, la alemana «Wild» de Nicolette Krebitz en la órbita de la relación amorosa ante la imposibilidad de congeniar con la propia especie humana, «I tempi felici verrano presto» de Alessandro Comodin en la leyenda de la joven desaparecida igualmente confundida por el sentimiento de atracción ante un hombre lobo procedente de dimensiones desconocidas, y este «Rester vertical», donde el lobo se transforma en el mito, en la enseñanza última que nos enseña el camino de la resistencia.

No es Guiraudie un director de fácil asimilación, sus historias fluctúan entre mundos reales, mundos oníricos, comportamientos incomprensibles y soluciones de aparente desconexión. No puede ser «Rester vertical» una excepción; a momentos absolutamente logrados le siguen obsesiones personales dificilmente justificables, que rompen la armonía del conjunto en un intento de mostrar la desesperanza de un personaje abocado a regresar a un estado de naturaleza que le acerque a lo salvaje, a lo primitivo, sin renunciar a lo mejor del ser humano pero apartado de cualquier posibilidad de socialización. «Vamos a llevarnos bien» parecería reivindicar Guiraudie, pero sin necesidad de mezclarnos, viajemos, gocemos, suframos, acoplémonos, pero con libertad y sin ataduras, olvidemos que el mundo lo dirigen unos pocos lobos frente a una multitud de corderos que no saben que lo son y aprendamos que mantiene a los lobos de pie pese a ser odiados. A Léo su obsesión le lleva a olvidarse de su condición humana para despojarse de esa falsa piel de cordero, su nombre evoca al león como rey de la selva, pero no deja de ser un humano que se fija en el orden natural de las cosas para acercarse a los dominios del lobo pidiendo ser aceptado en una manada indomable. «Rester vertical» deriva así hacia la reivindicación de la libertad individual, mantenerse erguido, firme, sin miedo. La vida no se puede afrontar desde el miedo porque resulta insufrible y agotadora, como para Léo hasta que decide mirar de frente los hermosos ojos azules del lobo líder de la manada. Son lobos pero podían ser personas rebeldes, islas de libertad en medio de tanta mediocridad y sumisión. Léo no es mucho mejor que aquellos de los que huye, mezquino, egoista, aprovechado, mentiroso, sin comprometerse, pero en su viaje físico e interior aprende a, al menos, dar amor a quien lo necesita como último acto de vida, a intentar mezclar corderos con lobos sin que la sangre se derrame.

Los planos finales de «L,inconnu du lac» y este «Rester vertical» son vasos comunicantes de una misma idea, da lo mismo el miedo que nos provoque una situación si la atracción lo merece, en la primera el crepúsculo oculta los cuerpos de nuestra mirada mientras el protagonista se introduce en un bosque en busca de alguien peligroso, aquí Léo, acompañado como una santísima trinidad laica se enfrenta al miedo inserto en la comunidad en la que finalmente se ha asentado, sin más armas que su mirada y la confianza en aprender a dominarlo  y enfrentarse a él. De manera buscada y premeditada, el director francés no oculta aquello que suele taparse detrás de intimidades seculares, no oculta la llegada de la vida como no oculta la muerte y su posible programación voluntaria, no oculta la genitalidad (no lo hizo en su película precedente y aquí lo extiende también a la femenina) y refleja las difíciles relaciones amorosas homosexuales entre hombres de diferentes generaciones, cuatro hombres de los que sólo uno parece actuar con la confianza que proporciona la juventud, mientras que los otros tres, el propio Léo, el abuelo de su hijo y el viejo medio impedido Marcel, parecen condenados al sufrimiento de la insatisfacción amorosa permanente, en medio de un entorno nada propicio a la aceptación del diferente, ya sea un lobo o ya sea un hombre que ama a otros hombres. 

Hay que volver a lo natural, ya sea esto jugar con un rebaño o conectarse mediante electrodos a un árbol que lea nuestro interior e interprete nuestras carencias y deficiencias psíquicas, y no sólo físicas, ayudado por una fitoterapeuta que obtiene tus confesiones misóginas y tu interés homosexual. Porque «Rester vertical» es una película mutante, que empieza ofreciéndote, o pareciendo ofrecer una cosa, para ir cambiando constantemente el registro y la propuesta a lo largo de sus 100 minutos, es una película que descoloca pero que tiene sentido en lo que se quiere decir cuando, con paciencia, y no dejándonos llevar por la simple literalidad de lo que parece absurdo, encajamos unas piezas con las anteriores y las siguientes. Es verdad que no hay redondez en el resultado final, pero aunque solo sea por el riesgo y por su bello y complejo epílogo, merecería la pena arriesgarse a ver una película explícita en muchos de los temas que suelen mimetizarse para no espantar a una parte del público, y muy poco complaciente con el espectador acostumbrado al relato lineal y convencional. Una película de hombres donde las mujeres desempeñan un papel fuerte, autosuficiente y sin dependencias masculinas, justo al contrario que ellos, débiles, frágiles en su soledad, dolorosamente necesitados de atención masculina.


Francia, 2016. Título original: «Rester Vertical». Director: Alain Guiraudie. Guion: Alain Guiraudie. Productora: Les Films du Worso.  Fotografía: Claire Mathon. Montaje: Jean-Christophe Hym. Reparto: Laure Calamy, Damien Bonnard, India Hair, Christian Bouillette, Raphaël Thierry. Duración: 100 min

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