jueves, 16 de febrero de 2017

O ORNITÓLOGO (Joao Pedro Rodrigues, 2016)



O ORNITÓLOGO (Joao Pedro Rodrigues, 2016)

San Antonio de Lisboa para los portugueses, San Antonio de Padua para el resto de católicos, cuestiones geográficas y de jerarquías, personaje biografiado ya en su época, de quien se dice que “Reconducía a la paz fraterna a los desavenidos, [...] hacía restituir lo sustraído con la usura y la violencia [...]. Liberaba a las prostitutas de su torpe mercado, y disuadía a ladrones famosos por sus fechorías de meter las manos en las cosas ajenas [...].inducía a confesar los pecados a una multitud tan grande de hombres y mujeres, que no bastaban para oírles ni los religiosos, ni otros sacerdotes, que en no pequeña cantidad lo acompañaban……” Obviamente Joao Pedro Rodrigues no va a biografiarnos al personaje, para eso con un sucedáneo de Franco Zefirelli nos sobraría y nos bastaría, y además no prestaríamos atención a la película; pero con la indudable influencia de la figura histórica y su raigambre popular, Rodrigues construye un viaje físico y también interior,  de una persona que evoluciona a lo largo de los días para convertirse en alguien distinto, de Fernando a Antonio, como el pastor Jesús, alanceado a la altura del corazón, pasa a ser Tomás y a convertirse en su acompañante, su primer acólito o su siguiente amante, según nos convenga, de tal manera que la historia de sustrato religioso, también se convierte en pagana e, incluso, a ojos castos y de catolicismo militante y excluyente, en provocación y blasfemia, para la conversión es necesaria la muerte, más un cambio de alma que una pérdida de cuerpo y vida.
 
 

Una cinematografía, la portuguesa, reflexiva, humanista, que se fija en multitud de pequeños detalles y utiliza el simbolismo de la imagen para acercarse al hombre, su historia, su presente. Una serie de películas literarias, se hable o no se hable, donde la palabra, escrita o ausente, termina significando más que su propio sentido literal, porque es esa imagen la que nos habla aunque los personajes permanezcan en absoluto mutismo. Metafórica al extremo de ir confundiendo realidad con pasado, el personaje del ornitólogo Fernando (Paul Hamy, excelente en su exhibición física y sensualidad), enfermo, asediado por un mal que exige cuidado para no morir, va transformándose en una transfiguración de la figura religiosa del santo a través de un descenso a los infiernos del hombre y posterior regeneración hacia las alturas. Es verdad que si no se busca o se conoce, la hagiografía del personaje histórico, el deambular del hombre parecerá difuso y abstracto, pero Rodrigues consigue traspasar la barrera de lo místico y lo temporal para ofrecernos la idea de un hombre que se perfecciona mediante su autoconocimiento, su renuncia a lo material y su busca de lo esencial, que no tiene porqué ser lo religioso, pero también. Fernando es un observador, una persona acostumbrada a mirar el vuelo de los pájaros, sus costumbres, su forma de relacionarse mediante la distancia de unos prismáticos; en esas miradas a la lejanía su punto de vista se contrapone con el de los propios animales, quienes, a su vez, miran al ornitólogo, punto de vista que, aparte su valía cinematográfica, con el paso de los minutos va derivando en una mirada más cercana al sentido religioso de quien, desde la altura de su posición (aunque sea una paloma blanca de indudable significación cristiana) contempla la pequeñez del hombre.
 
 

El periplo de Fernando, que termina pareciéndose mucho al de “El perdido”, la película de este año de Christophe Farnarier; devuelve al hombre a la naturaleza y le hace sentirse parte de la misma, desde la distancia del científico que mira sin perder de vista su comodidad urbana, a la del eremita que se interna en el bosque para enfrentarse a demonios paganos de la noche, a los animales feroces de la selva, a la tentación de las amazonas a caballo que le ofrecen devolverle a la ciudad. Un paseo en el que el hombre es capaz de conversar con los animales, aunque no lleguemos a saber si el discurso poético es oído y entendido por los peces, con quienes, dice la leyenda, el religioso franciscano era capaz de hablar. Estamos ante un paseo, largo, a través de una Europa que no se ve, destinado a que el personaje se conozca a si mismo lo suficiente como para transformarse en una persona diferente, desde Tras os Montes hasta Padua, Fernando se transformará después de sufrir tormento, de verse amenazado por quienes temen estar embrujadas, y en ese camino plagado de referencias religiosas, en plena naturaleza, alcanzará el placer inesperado desde la homosexualidad nada oculta del personaje principal, un amor sincero que se transforma en un paso del eros al tánatos tan rápido como lo provoca la incapacidad de comunicarse entre dos personas cuyos lenguajes son distintos en un momento inicial, pero que, una vez que el personaje evoluciona y progresa no le impedirá, como si alcanzara una perfección insospechada, entender el latín que le hablen otros protagonistas, abandonando, definitivamente, el inglés, la lengua del imperio actual. Ya no hay confusión de lenguas porque Fernando-Antonio está alcanzando la capacidad absoluta de comunicarse con cualquier ser. 
 

Hay desmesura, hay riesgo, hay sorpresas, cambios de modo y de estilo, religiosidad y profanación, provocación y delirio en la nueva propuesta de Joao Pedro Rodrigues, tan absurda como convincente, tan bien planificada y fotografiada como irónica en su desenlace. No cabe imaginar indiferencia ante este tipo de cine, tampoco multitudes abarrotando salas, extravagante e irreverente, formalista y sorpresivo, el cine de Rodrigues continúa su senda creativa proporcionando muchas lecturas a, sobre todo, sus imágenes, porque como dijo, o dicen que dijo, S. Antonio de Padua “As coisas acontecem, basta acreditar”, y para Fernando, atravesar un túnel abandonado de una vía férrea es el tránsito preciso de la oscuridad a la luz, el paso a la toma de conciencia de una fe pagana y lúdica, un humanismo desbordante en relación con todo lo que de natural le rodea, sin dejarse influenciar por la imaginería religiosa que le acompaña en su ascenso hacia las alturas, capaz de espantar a un pájaro santo a golpes de teléfono móvil.


 

O ORNITÓLOGO. Portugal, Francia, Brasil. 2016. Dirección: João Pedro Rodrigues. Producción: João Figueiras, Diogo Varela Silva, Vincent Wang, Antoine Barraud, Gustavo Ángel, Alex García, Maria Fernanda Scardino. Guión: João Pedro Rodrigues, João Rui Guerra da Mata. Fotografía: Rui Poças. Intérpretes: Paul Hamy, Xelo Cagiao, Joao Pedro Rodrigues, Cham Suan, Han Wen, Juliane Elting . Duración: 115