lunes, 6 de febrero de 2017

MANCHESTER BY THE SEA (Manchester frente al mar, Kenneth Lonergan, 2016)

MANCHESTER BY THE SEA (Kenneth Lonergan, 2016)
Vives en tu cárcel, te has construido una prisión personal porque, pese a tu sentimiento de culpa, nadie quiere castigarte. Por eso buscas un mal trabajo donde todo el mundo tiende a humillarte, te rebajas a limpiar la mierda de los demás como castigo por tus pecados, te refugias en un zulo sin vistas donde la luz te entra por una ventana a ras de suelo. Has claudicado y te estás castigando, tu vida es tu cárcel, tu habitación una celda, tus vecinos los carceleros. Sólo la mala suerte de tener un hermano enfermo te obliga a socializar de vez en cuando, a ocuparte de un sobrino adolescente cada vez que su padre es hospitalizado, incluso a aceptar sus visitas, que intentan hacer más cómoda tu residencia cuando lo único que pretendes es machacarte y hundirte cada vez un poco más. Lo que intenten los demás es inútil porque tu persistencia es inagotable, tu capacidad de sufrimiento interior infinita, los que te rodean son incapaces de hacerte sentir la más mínima lástima o empatía porque, como bien te señalas golpeándote el pecho, todo eso está vacío.

Hubo un tiempo en que la vida discurría con normalidad, donde un barco representaba un equivalente de libertad compartida, unos momentos de intimidad familiar donde competías con un padre por el cariño de un niño, o hacías que competías porque en el fondo sabes que el papel de un padre no es compartible, y su responsabilidad tampoco. Momentos fugaces de felicidad que duraban lo que el efecto de las cervezas bebidas a lo largo de la travesía y de la pesca. Cuando pasan los años y vuelves a ver el mismo barco anclado en el puerto, el pesquero y tu mismo os manteneis a flote a duras penas, sus motores están a punto de colapsar, su estructura se desmorona por falta de uso. Hay una putrefacción que se ha instalado y progresa poco a poco, no se quiere acelerar el final, sino que éste llegue naturalmente, por obsolescencia. Sería fácil quitarse de en medio, pero entonces eliminaríamos el sufrimiento, y Lee (Casey Affleck) quiere mortificarse, quiere dejar pasar los días acumulando tristeza, acumulando dolor, rehuyendo el contacto. El problema es que se mantiene una deuda moral con un hermano, si no por convicción, al menos por gratitud, debes ocuparte, que no preocuparte, por el futuro de tu sobrino cuando sus padres han desaparecido de su vida.

Volver a Manchester es para Lee como para el soldado regresar al lugar de su derrota, mostrarse y exhibirse donde uno no quiere estar, ser reconocido y señalado. Los arranques de ira de Lee son reflejos instantáneos para provocarse un dolor físico parecido al emocional, destellos de vida que desean ser neutralizados a golpes, por eso Lee no se maneja con las palabras, las palabras mienten y dicen cosas que no se sienten, o se sienten a destiempo, incluso las palabras que se dicen son interpretadas de muy diferentes maneras porque el significante y el significado no se relacionan de la misma manera entre quien las pronuncia y quien las recibe. Para Lee todo ha dejado de tener sentido, nada es capaz de reengancharle a la vida, convive con Patrick el tiempo justo en el que puede enderezar con garantías el futuro del chaval, pero no olvida que su lugar está en una cárcel llamada Boston. Hay que huir de la responsabilidad porque ya falló en una ocasión, huir del compromiso porque no es persona de fiar, no tiene nada que dar ni nada que ofrecer, el tiempo no tiene marcha atrás y la coraza exterior se ha endurecido tanto como el terreno del cementerio donde no se puede cavar una tumba hasta que llegue la primavera, el tiempo del duelo está más que superado, pero para Lee ya no hay duelo, hay dolor y culpa sin posibilidad de penitencia suficiente.


Lonergan no se adorna en el sufrimiento, ni se somete al sentimentalismo proclive a la lágrima fácil, demostrando que su precedente «Margaret» no es casualidad, domina los recursos del drama y confronta a un ser derrotado y rendido con otro que tiene toda la vida por delante y, que más que la convivencia con su tío, lo que no desea es abandonar el lugar en el que se siente cómodo. Lonergan domina la profundidad del plano colocando varias acciones ante nuestros ojos, sobre todo cuando el drama pasado nos es desconocido y esperamos su revelación (ésta supone 15 minutos de grandísimo cine que ni el uso del adagio de Albinoni es capaz de estropear), pero también domina las distancias cortas cuando, acabando la película, en otro momento culminante de la historia, la cámara se coloca como un tercer interlocutor entre Lee (Casey Affleck) y su exmujer (Michelle Williams, cuya presencia en la película se justifica con esta sola escena). La apatía existencial de Lee choca con la vida ordinaria de sus vecinos y conocidos, la amistad, el sexo, las bromas.....pueden ser constantes en Patrick, sus amigos y sus novias, incluso los adultos saben que la vida sigue después de la tragedia, pero Lee es capaz de abstraerse de la vida y, simplemente, dejarla pasar, se trata de unos meses donde hay una cuestión pendiente que resolver, concluída la cuál su vida volverá al anonimato absoluto, encerrado en su celda voluntaria en la más absoluta oscuridad personal, una vida gris y anodina que la fotografía de Jody Lee Lipes se encarga de reflejar en tonos grises, en noches de oscuridad casi absoluta, una fotografía fría como el paisaje nevado del este norteamericano.

Lee apenas es capaz de mostrar empatía por nada ni por nadie, abrazar un cadáver y abrazar al sobrino en la escena del congelador doméstico son sus únicos contactos físicos durante la película, sólo en una ocasión se siente desmoronar y se deja abrazar  en la intimidad del hogar de unos amigos, la tensión acumulada es sofocada a fuerza de misantropía absoluta, no por desprecio a los demás, sino como consecuencia del desprecio por uno mismo. Viendo «Manchester by the sea» siento parecidas sensaciones que presenciando los dramas familiares de James Gray, dos directores que, uno consolidado y con altibajos, y otro mas modesto, más en formación, pero de sólida trayectoria como guionista y como autor teatral, retratan admirablemente el devenir existencial del ser humano. Viendo al Casey Affleck de esta película se establecen conexiones sentimentales con el papel que interpretaba Joaquín Phoenix en «Two lovers», cine para mi gusto esencial en la historia del melodrama reciente, cine que se limita a retratar un solo personaje pero que lo hace en plenitud, un cine en el que no caben renacimientos ni estallidos de optimismo, personajes autoabandonados, golpeados una y otra vez como una pelota de beisbol en el asfalto, sin más objetivo que sentirse dolorosamente vivos el mayor tiempo posible para expiar lo suficiente una deuda de culpa que nunca se va a terminar de compensar.


Estados Unidos, 2016. Título original: Manchester By The Sea. Dirección: Kenneth Lonergan. Guión: Kenneth Lonergan. Fotografía: Jody Lee Lipes. Música: Leslie Barber. Duración: 137 minutos. Productora: The Affleck Middleton Project / B Story / Big Indie Pictures / CMP / K Period Media / Pearl Street Films. Montaje: Jennifer Lame. Intérpretes: Casey Affleck, Ben O’Brien, Kyle Chandler, Michelle Williams.