viernes, 10 de febrero de 2017

MA LOUTE (Bruno Dumont, 2016)



 MA LOUTE (Bruno Dumont, 2016)

El género humano se caracteriza por cometer idioteces un día sí y otro también. Tendemos a la estupidez reiterada en nuestros comportamientos y en nuestras omisiones, somos capaces de votar una y otra a quien nos roba, incluso también votamos a quienes han matado, en otras ocasiones criticamos a quienes no pagan impuestos millonarios pero los estadios de fútbol se abarrotan pese a mantener deudas eternas con el fisco, nos quejamos de violaciones de nuestra intimidad pero regalamos nuestra privacidad con cualquier dispositivo electrónico. En suma, solemos ser muy estúpidos, pero eso no significa que estemos dispuestos a asumir la estupidez ajena. Una de las películas más imbéciles del pasado año, firmada por un director de prestigio, y con una carrera a sus espaldas llena de más que dignísimas reflexiones existenciales, es esta “Ma loute”, palabra cariñosa en francés para definir a la compañera, también para dirigirse a quien te acompaña con afecto, y que en esta película es el nombre-apodo de un galán simiesco procedente de una familia caníbal dispuesta a mantener un  presunto orden natural en la bahía (¿por qué se titula la bahía en su estreno en España?).


Se puede hacer cine excéntrico, absurdo, sin guión, deslavazado, cine surrealista, hiperrealista y hasta extraterrestre, pero “Ma loute” es el cine de la estupidez desde su primer plano hasta el último, una película que no cuenta nada más que banalidades veraniegas entre dos mundos antagónicos, el de los ricos y el de los pobres. Quizás haya pretendido Dumont rodar cine del absurdo para reinventar la lucha de clases, pero lo que ha conseguido es una absurda película de coeficiente intelectual rayano en la idiocia, consiguiendo, además, convertir a Fabrice Luchini, Valeria Bruni Tedeschi y Juliette Binoche en malos actores a fuerza de obligarles a sobreactuar, a gestualizar hasta el absurdo, a hacer el ganso en pantalla sin gracia alguna, provocando el sonrojo de la vergüenza ajena. Dumont demuestra que no sabe rodar comedia, que no tiene ningún don para la gracia y el chiste, que los resortes de P,tit Quinquin son la excepción que confirma la regla, que saltan por los aires en la exageración desmedida, y su película se transforma en mercancía averiada desde la primera escena.

Y sí que hay material para haber profundizado con estilo en la propuesta, pero si todos, o prácticamente el 99% de los personajes, carecen de inteligencia, la estupidez de la mayoría impide disfrutar de un atisbo de inteligencia o de un atisbo de demérito, si inflas la historia como un globo lo más normal es que termine estallando, literalmente, en tu propia cara. Policías imbéciles hay en muchas cinematografías, desde el cine coreano al inefable inspector Clouseau capaz de desenmascarar cualquier organización desde una torpeza irrepetible, pero los Hernández y Fernández de “Ma loute”, los Dupont y Dupond hergenianos y deliberadamente descompensados físicamente no sólo aburren sino que resultan estomagantes como el ruído rechinante que el agente hace al caminar, un insoportable sonido de plástico que irrita cada vez que aparece un personaje que, en teoría, está creado para provocar la risa, o cuando menos la sonrisa, y que a Dumont le debe parecer tan estimulante como para repetirlo en otras situaciones posteriores. Incesto, matrimonios morganáticos, animalismo, salvajismo, antropofagia, aerofagia, androginia, bisexualidad, levitaciones nada místicas, asesinatos nutricionales, se mezclan paroxísticamente para desgracia del espectador. 


La lucha de clases permite maravillas como “Novecento” o astracanadas infames como “Ma loute”, la estupidez consanguínea para mantener el patrimonio familiar intacto genera monstruos de nula inteligencia, pero en estas playas de Normandía el desembarco deviene en catástrofe para la filmografía de Dumont, varadas las naves, hundidos los equipos, ahogados los intérpretes, solo queda correr, correr y correr, pero no detrás de un globo sino para alejarse de la sala en la que se exhiba la película como alma que huye del diablo. Los felices 20 se tornan en una pesadilla absurda de exageración sin sentido, poco influye que se fotografíe con solvencia o los planos resulten sugerentes si su contenido está vacío al tiempo que rellenado con interpretaciones repelentes, el espectador estará tan perdido como Malfoy y Machin, dos policías en tierra de nadie investigando sin advertir lo evidente, pero estará perdido el tiempo justo que tarde en darse cuenta de la inmensa tomadura de pelo de la propuesta. Si se sienten insultados, abandonen la proyección, será una forma de escapar de la imbecilidad tan digna como cualquier otra. También tengo que decir que hay quien ha pensado que esta película era tan buena como para premiarla como la mejor del pasado festival de Sevilla, anormalidades suceden a diario, y con los premios mucho más. Puede que la anormalidad me haya alcanzado a mi y no sea capaz de ver la excelencia de un producto, pero es que, por más que me empeñe, no veo arte por ninguno de sus minutos, solo un artículo de feriante charlatán.
Francia, Alemania, 2016. Título original: «Ma Loute». Director: Bruno Dumont. Guion: Bruno Dumont. Productoras: 3B Productions / Arte France Cinéma / Scope Pictures / Twenty Twenty Vision Filmproduktion. Fotografía: Guillaume Deffontaines. Reparto: Fabrice Luchini, Juliette Binoche, Valeria Bruni Tedeschi, Jean-Luc Vincent, Brandon Lavieville, Raph, Didier Després, Cyril Rigaux, Laura Dupré, Thierry Lavieville, Caroline Carbonnier, Manon Royère, Lauréna Thellier, Maya Sarac, Noah Noulard, Julian Teiten. Duración: 122 minutos