miércoles, 1 de febrero de 2017

DEMONIOS TUS OJOS (Pedro Aguilera, 2017)





DEMONIOS TUS OJOS (Pedro Aguilera, 2017)

Un tren inexistente avanza en la noche, Oliver, director español afamado y residente en Los Ángeles, se despierta, sobresaltado, una mujer alrededor de los 60, le mira de medio lado, con cara de asco, como detectando la putrefacción interna del personaje. Cuando más tarde intenta fotografiarla, la mujer abandona su asiento, no puede consentir que nuestro personaje le robe el alma para jugar con ella. Para reafirmarse, para comprobar su salud, Oliver acude al servicio y, tras lavarse la cara, comprueba su mirada, que el blanco de sus ojos alcanza a la totalidad de la órbita; su lengua, previniendo las evidencias de alguna infección física; sus dientes, relucientes y blanquecinos. Comprobado que el estado físico no se ha visto afectado por el estado mental, hay que someterse a una entrevista donde se le pregunta cuándo perdió la inocencia. Cuando la película complete su andadura sólo tendrá espíritu para comprobar que le duele todavía un pómulo. Aguilera suelta durante la película alguna frase hiriente e irónica, en este caso a la afirmación del director de que tuvo una infancia normal en España, el periodista dice, ¿normal en España, no me lo puedo creer?, como a la realidad del cine español, la piratería…….., pero son pequeños añadidos a un guión donde lo importante es lo personal, una historia de atracción hiriente para el resto. Si el demonio ya actuaba en el interior de Oliver, cosa más que probable a la vista de lo que los personajes van revelando y contando de él, o si éste se despierta al descubrir a su medio hermana en un video porno colgado en la red por un exnovio, es una labor que corresponde al espectador, lo que sí se puede afirmar es que estamos ante una de las películas más perturbadoras, más morbosas y más libres del reciente cine español. “Lolita” y “Arrebato” en el seno de la burguesía acomodada madrileña, una película gozosa de principio a fín.


El próximo fín de semana se hablará de “cine español”, en vez de  “de un tipo de cine español”, porque lo cierto es que el “cine español” que me interesa se desplaza de festival en festival, sobre todo en los festivales que continúan manteniendo el marchamo de refugios de la cinefilia, aportando lenguajes, imágenes, contenidos, que no tienen nada que ver con el pretendido cine “comercial”, mejor o peor hecho, que se vende en España. Recién exhibida en Rotterdam, barrunto para “Demonios tus ojos” (título espectacular a más no poder) una cierta unanimidad crítica y un absoluto desprecio de la distribución, exhibición y público. Y no estamos ante una película que exija del espectador un plus de inteligencia o de empatía emocional para entenderla y seguirla, sino que exige atracción por este tipo de cine que se introduce en tu mente durante días, como las melodías del teléfono móvil de Aurora, la medio hermana de Oliver, personajes entre los que existe un evidente juego erótico permanente, una atracción sexual insatisfecha y un inequívoco deseo de encontrarse más allá de los tabúes sociales. Ivana Baquero y Julio Perillán, con la incalculable ayuda de un guión solidísimo y una dirección que sabe perfectamente lo que busca, componen dos personajes complejos y destinados a sufrir, o cuando menos a perder por el camino la capacidad de sentir. El nihilismo de Oliver irá calando poco a poco en Aurora hasta el desenlace final de la película (otro detalle magistral de cierre, cómo se comporta Aurora en la última escena y qué película ve, o mejor dicho, por la que avanza hasta encontrar una escena que le interese), nihilismo que, y me resulta evidente, es común a todos y cada uno de los personajes que aparecen en pantalla, en un sencillo pero convincente y mayúsculo final donde vemos a todos los personajes en su vida rutinaria y anodina, vegetales con piernas incapaces de arriesgarse. 

 


Porque de “Demonios tus ojos” me gusta todo, desde el título hasta su banda sonora, magnética, pegadiza, oscura, como el personaje de Oliver, definido así al psiquiatra que trata a Aurora por imposición materna tras resultar evidente la historia sexual entre los hermanos, una relación considerada enfermiza, malsana y criticable por cualquiera que los conoce. A los sones de “The seeds” suena “Pushin,too hard” y los ritmos se aceleran, la noche hace mella y las miradas se convierten en radiografías interiores. Oliver es un depredador y Aurora la presa un tanto ingenua, que va despertando poco a poco. Pero al tiempo, Oliver no oculta su juego ni sus cartas, no hay ocultamiento en su interés de acostarse con su hermana, otra cosa es la interpretación que cada uno de a ese interés, inasumible e inaceptable desde el punto de vista católico-burgués que se transmite de generación en generación en ese ambiente de club social privado, discotecas selectas y ambientes refinados de niños-bien, que se atreven a pontificar sobre el cine y sobre la sociedad como si ellos fueran muy diferentes del resto; como también es imposible de definir de otra manera por la propia Aurora, quien continúa creyendo en eso del “amor”, y que “sexo” es igual a “amor”, aunque sea un hermano quien te atrae. Javier Corcobado ya cantó en los 80 a los “Demonios tus ojos”, y tampoco escondía sus propósitos, “Besarte a lo lejos, bebida de dos, en los labios o en tu Dios que está entre tus piernas, adóralo, mímalo, adóralo, mímalo……”, o en otra estrofa “Mis piernas aguantan como tallo de flor. Quiero a tu culo, nena, como al corazón.”, que, casualidad o propósito de Aguilera, se plasma en imágenes en dos momentos, con la revelación del vídeo de contenido sexual que provoca la aparición de Oliver en Madrid cuando lo primero en que se fija el director es en el culo de la mujer sin haber reconocido todavía a su hermana, y con el juego que hace el mismo personaje con una de las grabaciones, ya no secretas, que hace a su hermana en su dormitorio, congelando la imagen justo cuando lo que se ve en pantalla es esa parte de la anatomía femenina ofrecida a un hombre, justo la posición en la que, también, ambos terminarán sexualmente unidos.


Un personaje obsesionado con la imagen, no sólo por trabajo, sino como fetiche de excitación sexual, o como forma de conocer la intimidad de una persona a la que seducir; si es objeto de agresión,  tiene que serlo doblemente, no sólo en su persona sino en la de aquello donde plasma su personalidad, en el almacenamiento de imágenes. La semilla del morbo, que Aurora revela a su hermano poseer antes de conocer que es espiada, germina a fuerza de aceptar la perversidad propuesta por Oliver. El personaje de apariencia cándida, que juega a mostrar sin enseñar, a cubrir su cuerpo lo justo para que se intuya lo que queda a cubierto, va progresando en su educación de negación sentimental hasta transformarse en la alumna perfecta del profesor, asumiendo para sí aquello de que ha sido objeto, para pasar a disfrutar de manera íntima y sin manifestación externa de un voyeurismo que, como evolución lógica, habrá de plasmarse en un futuro de manipulación y uso de las personas que puedan relacionarse con ella. Los ojos se transforman, por tanto, en el vehículo transmisor de un virus, las imágenes en contenedores de la enfermedad, y los aparatos de reproducción y grabación en nuevos ojos al servicio de un nuevo demonio. Desde luego léase enfermedad y virus como lenguaje explicativo, porque es el efecto que provoca en la bien pensante sociedad que queda al margen de los dos protagonistas, incapaz de aceptar comportamientos personales que no dañan a los demás. El “sketch” tragicómico del intelectual de salón ofrece esa explicación social de la pérdida de confianza en el otro, pero quizás debajo de esa confianza se esconde la necesidad de uniformidad de comportamiento para sentirnos todos reconocidos en un ambiente de confort común. Cuando alguien está dispuesto a romper las reglas no tiene que ser necesariamente por diversión o por hacer daño, sino para sentirse distinto y vivo, como el cine de Pedro Aguilera. Afortunados los ojos que podemos disfrutar de su cine.



Demonio tus ojos. España. 2017. Director: Pedro Aguilera Londaiz. Guionista: Pedro Aguilera Londaiz. Fotografía: Miquel Prohens. Música: Richard Córdoba. Sonido: Jaime Lardiés. Director artístico: Laura Garcia-Serrano Negro. Productora: Cristina Gallego. Productor ejecutivo: Antonello Novellino. Duración: 92´. Reparto: Ivana Baquero, Julio Perillan, Lucía Guerrero, Andreas Muñoz

ESCENA