lunes, 13 de febrero de 2017

CLÉO DE 5 A 7 (Agnès Varda, 1962)

CLÉO DE 5 A 7 (Agnès Varda, 1962)

Las cartas vuelan sobre la mesa, un par de manos mueven el tarot y van perfilando el futuro inmediato de Florence-Cléo levantando carta tras carta, cantante melódica protagonista de nuestra historia, y sabremos que, además de sus dudas amorosas, el hombre presente y el hombre del futuro con uniforme, la vidente advierte la existencia de una enfermedad grave en Cléo. Ella ya lo presiente porque un especialista ha ordenado unas pruebas cuyo resultado tiene que recoger esa misma tarde en el Hospital de La Pitié-Salpetriére. Cuando la tarotista revela la existencia de la enfermedad, el color luminoso de las cartas se transforma en blanco y negro que acompaña a las personas. La confirmación de una sospecha angustiosa elimina la alegría en la perspectiva de la protagonista, todo empieza a verse privado de color, en un blanco y negro que, con minuciosidad cronometrada, acompañará durante una tarde a la cantante en su vagabundeo por París en pleno proceso de asimilación de una noticia que, todavía, no se ha confirmado. Por si acaso, la directora, en uno de los pocos fuera de campo para Cléo, nos da el diagnóstico de la vidente, la muerte es inevitable. Asumimos la historia con una información que Cléo desconoce, ella, que asume como verdadero lo que el tarot le ha contado sabe menos que nosotros, quienes racionales, estamos obligados a no creernos lo que se lee en esas cartas.


Varda y Godard, los únicos representantes vivos de la mítica corriente cinematográfica “Nouvelle Vague”, mítica y mitificada, y bien mitificada por romper los cánones estéticos del cine. Si hubo premeditación, grupo organizado para llegar a esas soluciones de estilo, o todo se debió a una conjunción temporal y espacial que diferenció a los cineastas de la “rive gauche” de los de la “rive droite” y formó una corriente en la mente de la crítica muy alejada a la realidad de los creadores, existen multitud de libros y artículos para creerlo o no; pero lo cierto es que para el imaginario colectivo decir cine francés y década de los 60 es encadenar, inmediatamente, el calificativo “Nouvelle vague”  a muchas de sus obras. Cuál sea la película fundacional del movimiento, quién ha tenido mayor importancia, quién ha perdurado más y mejor son preguntas tan cargadas de subjetivismo como de imposible demostración, pero que el componente femenino ha sido minusvalorado resulta evidente. “Cléo” forma parte de las películas iniciales e iniciáticas del grupo de directores, y pese a su reivindicación por su importancia, la directora nunca ha sido reconocida como una de las grandes por el público ni ha merecido las páginas y libros de sus homólogos masculinos, no se la ha situado al mismo nivel hasta décadas recientes. “Egalité” si, pero machismo también, y no faltan ejemplos en la propia película cuando Cléo pasea por la ciudad, las miradas que se vuelven, los comentarios rijosos, las mujeres que contemplan con envidia el desenfadado y aparentemente abstraído deambular de la mujer por la ciudad haciendo tiempo hasta esas fatídicas 19 horas en las que tiene cita con un médico que, está segura, confirmará el peor de los diagnósticos.



Realmente la película no se ajusta temporalmente al título, aunque lo parezca, aunque simule una crónica exacta de esas dos horas, porque comienza unos minutos antes de las 5 y culmina minutos antes de las 7 y su duración apenas llega a los 90 minutos, luego hay alrededor de media hora en la que la directora nos oculta lo que sucede, hay momentos de intimidad que Varda considera prescindibles, pero el reloj avanza inexorablemente hacia la definición del futuro de la cantante, coqueta, caprichosa, voluble, ahora exultante y después desesperada, puede probarse todos los sombreros de una tienda sabiendo desde el principio cuál va a comprar como después dejarlo olvidado o regalarlo. La mente de Cléo se mueve separada de su cuerpo, éste pide diversión y alejamiento de la realidad, pero la cabeza permanece inamovible ante la inminencia de una cita difícil de asumir. A lo largo de esa tarde se llorará, se cantará, se conducirá por las calles de París, se buscará a una amiga, se despojará de una peluca para prepararse para la vida real, y cuando menos se lo espera, aparecerá el hombre anunciado por el tarot en forma de soldado, una persona, quizás la primera en toda la tarde, que le hablará con la franqueza de quien también teme lo que puede ser su última tarde con vida. En París está la amenaza de un cáncer para Cléo, en Argelia la amenaza de una muerte más en plena revuelta independentista. Durante el deambular de Cléo las noticias de la televisión, de la radio, de los periódicos, apenas son asumidas por la joven, pero el mundo y la vida es aquello que pasa ante nosotros aunque no lo advirtamos ni lo sigamos, muertes por bombas, muertes por ejecuciones judiciales o extrajudiciales, atentados en pleno centro de París……….la realidad ajena nos en indiferente agobiados por nuestro presente, con la amenaza propia y real tenemos suficiente, pero el resto está ahí y va a seguir evolucionando queramos o no, por eso Varda no lo oculta, es una película callejera y París ha dejado de ser una fiesta pero no ha dejado de generar noticias que Cléo olvida o no escucha, pero nosotros estamos obligados a analizarlas.



Como la vida de tenderos y comerciantes, de limpiabotas o artistas callejeros, todo continua mientras Cléo se desprende de lo banal para quedarse con lo esencial de su vida por muy amenazada que esté. Cantando en su estudio, donde el columpio simbólico muestra ese infantilismo seductor de la pretendida estrella, se despide de la vida que ella da ya por amortizada. Incapaz de aceptar un fracaso o un revés, su personaje sólo puede reaccionar inicialmente con desesperación para ir, poco a poco, serenándose tras ese deambular por París en bellos travellings laterales o en escenas a bordo de automóviles que enseñan el dinamismo de la ciudad, y también su carácter provinciano, incluso Varda introduce un paréntesis, un corto cómico de cine mudo pero realizado para la película, una isla de optimismo y sonrisa en medio del caos personal, Godard y Karina en pleno slapstick keatoniano, un guiño a los orígenes del cine por parte de los revolucionarios del séptimo arte. Es en el parque de Montsouris y en las inmediaciones de Place d,Italie donde el miedo de Cléo se transforma en ganas de luchar y de apurar las oportunidades de curación que le queden, con la esperanza de haber encontrado a alguien con quien hablar y a quien no compartir, acostumbrada a dejarse querer, que no amar, a que sólo se admire su exterior y su interior pase desapercibido o sea despreciado. Cléo y Antoine avanzan por los jardines de La Salpetriére como condenados a muerte a punto de sonar las campanas de las siete de la tarde  y que cada uno afronte su destino en soledad pero con un mínimo asidero de optimismo, aunque el miedo sea profundo ante la perspectiva de morir.


Título: Cléo de 5 a 7. Título original: Cléo de cinq à sept. Dirección: Agnès Varda. País: Francia, Italia. Año: 1962. Duración: 90 min. Reparto: Corinne Marchand, Antoine Bourseiller, Dominique Davray, Dorothée Blank, Jean Luc Godard, Anna Karina. Distribuidora: Compagnie Commerciale Française Cinématographique (CCFC). Productora: Ciné Tamaris. Guión: Agnès Varda. Producción: Agnès Varda