lunes, 20 de febrero de 2017

ARABIA (Affonso Uchoa, Joao Dumans, 2017)

ARABIA (Affonso Uchoa, Joao Dumans, 2017)


Comienza «Arabia» con la ligereza de quien pedalea cuesta abajo, como si la vida fuera algo sencillo y que transcurre sin cuestas arriba. Suena country como música de fondo (Townes van Zandt), porque, no en vano, la película, llegado un momento dado se va a transformar desde un blues macilento y triste, en una road movie con mucha adversidad y algún momento de alegría. Si el inicio de la película se mueve a ritmo de vals, un 1, 2, 3 que va yendo y viniendo de los mismos escenarios a los mismos personajes, repitiendo situaciones que, sorpresivamente, dan lugar a un giro radical, a partir del minuto 20 aproximadamente, transformándose en un recorrido lineal y cronológico, pausado y moroso, intrigante y del que sabemos el resultado porque los directores nos lo muestran como paso previo a que André, uno de los dos adolescentes que viven solos en las inmediaciones de una factoría siderúgica que contamina el barrio de la ciudad de Ouro Preto, encuentre una especie de diario del verdadero protagonista una vez que éste ha sufrido lo que parece un accidente laboral. André era el joven que pedaleaba, ese diario o reflexiones íntimas van a convertirse en un legado de tristeza recogido por alguien que ya mira la vida, desde su ventana, teñida de gris, el gris del polvo que expulsa la factoría de la ciudad. Uchoa  y Dumans aprovechan la singladura vital de los dos hermanos al inicio de la película, fotografiando la realidad de un espacio que palpita al ritmo que marca esa fabrica contaminante, mostrando una juventud triste  y apocada, sabedora de su encadenamiento a una ciudad cuyo ritmo nocturno está marcado por el ruido de la fábrica, para dar paso a otro viaje, éste más largo, más imprevisto, mucho más vital y errático, como es el de Cristiano desde el estado de Minas Gerais hasta su punto final en Ouro Preto.

Lo que se apunta una especia de drama juvenil con dos chicos semiabandonados por unos padres que trabajan fuera de la ciudad y acuden cada cierto tiempo a ver a sus hijos, atendidos por una tía que, a su vez, hace veces de asistenta social, muta radicalmente cambiando protagonista y pasando del estatismo de un lugar a la movilidad de un viaje. Cuando André comienza a leer el diario de este joven trabajador que vegeta en la cama de un hospital, la lectura se transforma en imágenes y comenzamos el periplo de ciudad en ciudad, de trabajo en  trabajo, de carretera en carretera, de vehículo en vehículo, de miedo en miedo y con un mínimo descanso y una mínima esperanza vital que muestra a Cristiano, aunque sea de manera muy breve, alguna de las buenas cosas de la vida. Un viaje desde Cotagem que se inicia como una huida. Tras una condena cumplida de 1 año, 4 meses y 26 días en la cárcel, Cristiano abandona su entorno para recomenzar, aislarse y olvidarse del mundo del crimen, llevando para ello un diario que es un sacrificio personal porque es una persona de escasa formación, que apenas habla y escribe, y para el que recoger sus vivencias supone darse cuenta de que tiene algo que contar, que su vida puede resultar interesante, o, al menos, a él le puede resultar interesante. Affonso y Uchoa utilizan la película para desmontar el mito del milagro brasileño, que como todas las falsas consignas políticas ha supuesto el enriquecimiento de los de siempre sin mejorar las condiciones de, también, los de siempre.
Trabajos extenuantes, trabajos físicos, sueldos miserables, condiciones de vida semejantes a las de los animales, horarios nocturnos permanentes que acaban con la resistencia de cualquiera, y en el medio el amor, el amor fugaz, de dos personas de diferente clase social que se atraen pero que no se pueden atrever a pensar en el futuro, dos polos opuestos según se coloquen, del mismo modo que pueden llegar a atraerse indifinidamente. El viaje de Cristiano es un viaje que va agotando, ensimismando y entristeciendo al protagonista. Por el camino ha de renunciar, lo inesperado no suele favorecer sus propósitos de asentarse, los mínimos momentos de paz y esperanza se ven rápidamente abortados por un accidente, o por un trabajo sin salario. Las buenas gentes que le ayudarán por el camino, Cascao, Nato, el recuerdo del líder social Zé, «el Barreto», no pueden ser suficientes para quien siente cómo su alma va empequeñeciendo  y su resistencia llega al límite. Agotamiento vital e imposibilidad de seguir adelante porque cuando han pasado ocho años tu vida apenas si llena cuatro cajas de cartón y el peso de la derrota comienza a ser insoportable, su amigo es despedido, su amor permanece en una relación epistolar condenada a no tener contacto físico, su jornada de trabajo pasa a ser nocturna permanentemente, obligado a descansar de día y a perder la cabeza poco a poco. Asfixiado por su vida, el ruido y el calor de la fundición son la excusa para renunciar; pero en el fondo, este trabajador que se ha recorrido el país a la búsqueda de un futuro, ha venido a demostrarnos la eterna mentira de los datos macroeconómicos, el plano a negro es el reflejo de unos pulmones atorados por el polvo, que suene «I,ll be hero in the morning» es una broma negra y macabra de lo que espera a los trabajadores y a los habitantes de Ouro Preto, un «ouro» que solo van a amasar unos pocos cuya respiración no se verá afectada por su propia podedumbre.

Para conseguir este resultado ambos directores se moverán en la noche, como este personaje que va quedándose sin luces poco a poco, una oscuridad que va adueñándose de su persona y su mente, al que la música  acompaña para recrear un ambiente melancólico, incluso, cuando se respira un aire festivo a ritmos de reggae. Cristiano es un ser que se nos va apagando según va andando el camino, un personaje al que la muerte va cercando con pérdidas a su alrededor,  que, involuntariamente, cede el testigo de su pesar y renuncia al joven André, en una transición tan conseguida como el cambio de mirada al inicio de esta historia. Habrá que estar atentos a la evolución de estos directores, si su cine puede verse, para comprobar si ésta su segunda película es espejismo o anuncio de cotas mayores de interés.

Aràbia. Brasil. 2017. Directores: Affonso Uchoa, Joao Dumans. Productor: Vitor Graize. Productoras: Katasia Filmes. Guión: João Dumans, Affonso Uchoa. Fotografía: Leonardo Feliciano. Montaje: Rodrigo Lima, Luiz Pretti. Diseño de producción: Priscila Amoni. Sonido: Pedro Durães. Música: Francisco César. Intérpretes: Aristides de Sousa, Murilo Caliari, Renata Cabral, Gláucia Vandeveld

TRAILER