domingo, 1 de enero de 2017

PASAIA BITARTEAN (Irati Gorostidi, 2016)


PASAIA BITARTEAN (Irati Gosrostidi, 2016)
Cartografía emocional y paseo por, y entre, los fantasmas de una memoria, presente pero lejana, recordando viejos esplendores desde la podedumbre de los hierros oxidados y la presencia de instalaciones que subsisten, pero rezuman abandono y crisis económica desde hace décadas. Un paseo a pie, o estático a cámara fija, o un travelling en barco; capturando la actualidad de un pasado espléndido, echado a perder por la propia evolución del tejido social e industrial de un lugar suspendido en un tiempo que no va a volver. Un enclave que piensa en el turismo como sustitutivo, menor, voluble y poco fiel, de una industria que ha sido abandonada ,pero que evoca su recuerdo mediante el uso de una banda sonora cuidada donde los ruidos metálicos, los chirridos de las ruedas sobre los raíles, los golpes de la plancha sobre la estructura metálica, evocan lo que tuvo que ser un cinturón industrial volcado en la siderurgía y cara al mar. Una ciudad fantasma donde parece que sólo el ferrocarril mantiene su actividad transportando bienes de paso que no se han producido en Pasajes y dificilmente se van a consumir en un lugar de retiro, donde el presente se vive a fuerza de evocar el pasado de esos cuerpos envejecidos que pueblan sus plazas, sus bares, sus muelles turísticos, mientras el visitante, a toda prisa, se dirige a realizar las actividades que todo buen turista debe afrontar para justificar la parada del crucero.

La película, tras esa presentación de desolación, rompe su ritmo de manera magistral mediante un paseo marítimo similar a un largo travelling, mostrándonos la cara más amable y sostenida de la ciudad desde el mar hacia la tierra. Es el momento de la reflexión, de la narración en off que nos aleja de esa realidad de restaurantes, actividad portuaria, para reflexionar sobre el concepto de ciudad, sobre el modo de sostenerla e impulsarla una vez que se ha dejado caer. Una ciudad como si fuera una biblioteca de libros sin palabras, donde todo está por escribir para dotar de sentido unos espacios baldíos e inertes. Frente a frente con la geometría variable de esos espacios vacíos que guardan el origen de la ciudad y de sus habitantes, rescoldos que permanecen a la espera de volverse incandescentes y reavivar un fuego que se debilita. Espacios que fueron bulliciosos y activos y ahora envejecen, se marchitan, se hunden poco a poco en el olvido. La ciudad, en ese largo travelling, se presenta como una postal, una fachada exhibible mientras el interior ha de ocultarse, Pasajes se convierte en un set de película lleno de vacíos, enfrentándonos a edificios que parecen cementerios de otras épocas.

La ciudad pasa a ser un mapa de dos dimensiones, un catálogo del mundo dividido en líneas, donde la intimidad permanece a fuerza de mantener esa linealidad que separa diferentes aspectos de una realidad. La ciudad se va conformando por estratos que se superponen sin confundirse; de esa manera el mapa emocional, ese atlas sentimental, perdura y guarda la curiosidad de cada momento, de quien recuerda los edificios habitados, las naves llenas de industrias, el puerto atascado de mercantes y pesqueros, la actividad frenética del desembarco, la carga y la descarga. Todo eso no existe ya, pero se guarda en la memoria de la ciudad, en sus espacios que, vacíos ahora, rememoran lo que fueron. Así este viaje acuático concluye como quien fuera a desembarcar al asalto y tomar la ciudad, aproximándonos al muelle del astillero donde un nuevo barco se construye a ritmos mucho menos febriles que los del pasado. Hemos visto la fachada del lugar, pero debemos volver a su realidad, la imagen de Pasajes desde el mar es la idílica, desde la ventana de una vivienda se transforma en el esclaustramiento de la libertad, de las viejas casas tradicionales vascas a esas construcciones de aluvión, enmohecidas en sus fachadas y en sus interiores humildes y populares. Un recorrido que ha de concluir con el contraste de un concierto de rock radical y el adios de un crucero de nombre «Adonia», partiendo de un lugar donde el placer hace tiempo que se evaporó, pero del que permanece la sustancia impregnada en el mapa emocional de una cartografía inventada a lo largo de los siglos.


PASAIA BITARTEAN. 2016. Euskera y Castellano. España. DIRECCIÓN: Irati Gorostidi Agirretxe. PRODUCCIÓN: Jonander Agirre Mikelez, Ana Aitana Fernández Moreno, Irati Gorostidi Agirretxe. IDEA ORIGINAL: Jonander Agirre Mikelez. GUIÓN DE LA VOZ EN OFF: Ana Aitana Fernández Moreno, Irati Gorostidi Agirretxe. MONTAJE: Usue Arrieta, Vicente Vázquez. CÁMARA: Alvaro Sau Razkin. SONIDO DIRECTO: Xabier Hernaiz, Gerard Ortín. POSTPRODUCCIÓN DE SONIDO: Iosu Gonzalez Extabe. FOTO FIJA:Mirari Echávarri López. 51 minutos.

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