martes, 24 de enero de 2017

LES SAUTEURS (Moritz Siebert, Estephan Wagner, Abu Bakar Sidibé, 2016)




LES SAUTEURS (Moritz Siebert, Estephan Wagner, Abu Bakar Sidibé, 2016)

En “Les sauteurs” lo cinematográfico penetra a través del propio protagonista. El reportaje de denuncia, el documental político, alcanza otra dimensión  cuando uno de los “saltadores”, Abu, se transforma en cineasta. Es verdad que, salvo contadas ocasiones, no sabemos si quien filma es Abu o son los dos directores daneses de los que surge la idea, aunque se nos indique que solamente Abu filma y los otros dos se limitan a usar las imágenes rodadas por aquél en el montaje. Ampliar el horizonte del mero testimonio para que uno de los aspirantes a entrar en Europa saltando la valla que separa Marruecos de Melilla, se convierta en realizador de un diario filmado es el mayor logro de la propuesta. “Les sauteurs” se transforma así en testimonio directo y real, en primera persona, de primera mano, del sufrimiento de miles de personas que esperan mes tras mes (Abu lleva 15 meses viviendo en la intemperie del monte Gurugú, intentando varias veces el salto de la valla) para poder llegar a esa Europa que empieza en la misma África, a unos metros de distancia de su confinamiento involuntario, pero al mismo tiempo se convierte en el nacimiento de un cineasta que toma percepción de su capacidad para contar algo al mundo, y contarlo, también desde la belleza que puede existir en lo horrible.


El miedo es una de las constantes transmitidas con las imágenes, pueden pasar semanas sin incidentes, pero cualquier abandono temporal del refugio que proporciona la geografía puede significar que la policía marroquí te detenga y te devuelva al desierto, o simplemente, una agresión, o un desvalijamiento. La amenaza del helicóptero, los ladridos de los perros, la huida a la carrera, suponen el reflejo fiel del permanente estado de alerta mezclado con el miedo a tener que empezar la travesía desde cero, por el contrario, el otro lado de la valla es tratado con asepsia, es el estado del gran hermano, la vigilancia a través de cámaras, imágenes transfiguradas en relieves de calor que indican la proximidad de los asaltantes, personas tratadas como objetivos, identificados como dianas sobre las que percutir las fuerzas de seguridad. Es lógico, Abu no tiene acceso a ese lugar, su cercanía coincide solo con los intentos de asalto, es nuestra percepción tratando de impedir su llegada lo que los directores transmiten con las imágenes de las cámaras de vigilancia. Y en el camino puede aparecer la muerte, o la traición, o los intentos que acaban con heridas sangrantes causadas en las vallas, pero también la esperanza de conseguir llegar al territorio soñado. En ese contexto, ver un ferry desde lo alto del monte, o mirar el aterrizaje de un avión en el aeropuerto, representan la imposibilidad de conseguir el sueño de inmediato, pero también el deseo de alcanzarlo algún día, aunque sea en un traslado forzoso desde el centro de internamiento de extranjeros a la península, el objetivo es llegar a Europa, luego ya afrontaremos la siguiente fase de impedir ser devuelto a Mali, a Costa de Marfil, a Senegal……


En ese limbo consentido, en ese monte inhóspito, en ocasiones se produce la venganza, si no soy capaz de capturarte o de echarte, te destrozo el campamento, te quemo la comida, arraso con las tiendas artesanales, cualquier cosa que te convenza, si no lo estabas, de que eres mal recibido. Es un limbo con sus reglas, las nacionalidades se organizan en departamentos impermeables, malienses con malienses, costeños con costeños, un presidente y ministros por cada comunidad, una organización política en medio de la nada, una apariencia de ser civilizados en un mundo que rehúye reconocerles como personas con derechos. Unas normas propias capaces de utilizar la pena de muerte, la clandestinidad se protege de la delación y lo hace de la manera más primitiva; pero al mismo tiempo, esa cámara puede mostrar el comercio interno del campamento o un campeonato africano de fútbol por nacionalidades. La cámara de Abu lo recoge todo, primero con ansia de documento y de vivencia, más tarde, desde la creación artística, la imagen toma un nuevo valor, el reportero se transforma en artista, no solo quiere reflejar la verdad, sino dotarle de un sentido, adornar lo visto con la estética del momento, unir imagen y reflexión. Viendo el mundo a través de una cámara no sólo se percibe la belleza, sino que se alcanza la percepción de poder crearla, darse cuenta de que uno existe y es capaz de expresarse. Sintomática la escena de la niebla, ¿protege o intimida? No se trata de una mera constatación de una realidad atmosférica, es la constatación de que las imágenes sirven para proporcionar muchos significados, es el lenguaje cinematográfico el que cae con todo su peso sobre alguien que lo desconocía todo sobre él hasta que se le entrega una videocámara. Aquí está el enorme logro de la película.