miércoles, 18 de enero de 2017

CORAZÓN (Sergio Martínez, 2016)




CORAZÓN (Sergio Martínez, 2016)

En el sugerente panorama del corto español, cine tan criticable y tan elogiable como el de los largos, pero siempre arrinconado y poco valorado, hay director@s de los que estoy deseando que consigan materializar su primer largo. Uno de ellos es Sergio Martínez, cuyo estilo visual no es que me convenza, sino que me tiene absolutamente absorto con sus imágenes cada vez que contemplo sus propuestas. Obligados a autogestionarse, los cortometrajistas españoles se ven constreñidos a un formato excelente para contar historias breves, detrás de las cuales existe un embrión muy poderoso que necesita de más tiempo para eclosionar en toda su verdadera importancia. Zerkalo es una de esas pequeñas productoras autocreadas por los propios directores para poder seguir filmando al tiempo que, imagino, compaginan su vocación con un trabajo audiovisual alimenticio que les permita subsistir y afrontar nuevos proyectos creativos. Zerkalo son el propio Sergio, Andrés Díaz, Héctor Dominguez Viguera y Gonzalo Recio, y Zerkalo tiene resonancias directas a la figura de Tarkovski, con el que las imágenes de Sergio guardan un parentesco reminiscente, algo que no es ni bueno ni malo de por sí, simplemente es un estilo.


Si en su anterior “Echoes”, Martínez apostaba todo el caudal narrativo al poder de la imagen, en “Corazón” la imagen viene acompañada por la presencia de una actriz que monopoliza la pantalla, convincente y perfectamente integrada con la historia, Susana Abaitua. Imaginen encontrarse en un lugar donde no quieren estar, imaginen que han sido conducidos a ese lugar a la fuerza o simplemente necesitas romper sin tener la valentía de decir que te vas, en medio de un bosque inmenso, frondoso, profundo y, también amenazante, en el que tus miedos e inseguridades surgen de manera natural, como un grito silencioso, como un llanto dirigido a uno mismo en medio de los árboles. Imaginen la emoción de una puerta abierta y que nadie nos retiene. Harían lo que todos, coger lo básico, lo imprescindible, y aprovechar el momento para huir, pero ¿y si toda tu vida hubiera sido ese espacio sin libertad? ¿Adónde huirías, qué esperarías del futuro, a quién recurrir?. Corazón es lo que tienes, pero también cerebro, el corazón te impulsa a huir, pero el cerebro empieza a preguntarte cómo, a dónde, con quién, para qué. Cuanto más penetra el personaje de Susana en ese bosque, esperando encontrar alguna evidencia de civilización, alguien a quien recurrir, a quien pedir ayuda, más frágil es su esperanza, más vulnerable su figura, más empequeñecida su ilusión inicial, más a flor de piel quedan sus sentimientos y sus frustraciones. El rostro de la joven busca, su mirada quiere alguna complicidad con el entorno, alguna luz esperanzadora, pero la respuesta que obtiene es el vacío, el silencio del bosque roto por sus propias pisadas, por sus jadeos, por los pájaros, el ruido de las hojas y los árboles movidos por el viento. Hay huidas que no consiguen la libertad aunque no vuelvas a ser atrapada, su mirada da rienda suelta a sus miedos, y las preguntas sólo encuentran respuestas en su propio laberinto interior, en su bosque oscuro.


Tus manos se paralizan al tocar un quitamiedos de una carretera, al salir del bosque pierdes el amparo de sentirte a cubierto, tu presencia queda desnuda en un territorio de nadie, avanzar o retroceder, volver al espacio conocido pero indeseado, o cruzar esa barrera invisible que te atenaza por el miedo a lo desconocido. Da lo mismo si huyes sin que te busquen o si huyes de tu pasado. Es igual si eras querida o si lo sigues siendo, si el espacio del que te vas es el de tu niñez o el de tu presente, huyes porque quieres cambiar, pero huyes buscando un hogar que no sabes dónde está. El cromatismo de las imágenes contribuye a esa sensación de desamparo que introduce la frialdad en tu cuerpo, en ese tiempo entre el otoño y el invierno, donde los colores se tornan ocres y el cielo apenas permite una luz cenicienta que ni ilumina ni calienta. Tus pasos se van volviendo inseguros conforme avanzas, aunque puede que estés caminando en círculos sin saberlo, separándote escasos metros de ese lugar que quieres abandonar pero que permanece dentro de tí. Puede que las dudas no estén en el lugar sino en tu propia mente, a lo mejor la culpa no es del hogar que tienes, sino de la persona que eres. Cuando huyes puedes creer que buscas una nueva puerta y, a lo peor, estás retrocediendo a un lugar mucho peor del que abandonas, olvidado en tu memoria, el lugar precedente que, incluso, pudieras detestar más que el que tratas de borrar ahora. ¿Y si querías huir de ese bosque y resulta que estás huyendo de lo único de lo que no puedes separarte, de ti misma?


Corazón. España. 2016. Productora: Zerkalo Films. Dirección: Sergio Martínez. Intérpretes: Susana Abaitua. Guión: Sergio Martínez. Dir. Producción: Andrés Díaz. Fotografía: Michal Babinec. Arte: Carmen Albacete. Montaje: Sergio Martínez. Sonido: Sergio López-Eraña. Duración: 15 min. Lugar de rodaje: Navarra.

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