miércoles, 31 de agosto de 2016

MARGUERITE ET JULIEN (Valerie Donzelli, 2015)

MARGUERITE ET JULIEN (Valerie Donzelli, 2015)

COMENTARIO DE LA PELÍCULA EN AMANECE METRÓPOLIS

El debut en nuestras pantallas de Valerie Donzelli parecía descubrir una nueva cineasta con un futuro deslumbrante. Alejada del relato autobiográfico, su cine pierde fuste.


Presuntamente basada en el guión que desechó Truffaut cuando se propuso recrear fílmicamente la historia de estos dos hermanos incestuosos, el relato se sostiene en el anacronismo de las imágenes con la època en la que suceden.


No, no me imagino esta película en manos de Truffaut, y ya se que ahora está de moda detestar su cine, grupo entre el que no me encuentro.

lunes, 29 de agosto de 2016

LA MADRE (Alberto Morais, 2016)

LA MADRE (Alberto Morais, 2016)

Alguna de las cosas más sorprendentes que me han pasado con esto de escribir por afición sobre películas, es que algún director me haya contactado y me diga que me lee, y que, consecuencia de lo que ha leído, quiere que vea su última película. Esto me ha pasado con Alberto Morais, un director cuyo cine me ha gustado antes de conocerle. Aprovechando su estreno mundial en el Festival de Montreal en la revista local Último Cero publican mi opinión sobre una notable película española, que cuenta con un productor del prestigio y reconocimiento como es Paulo Branco. Espero que se estrene en España, incluso espero que se estrene en mi ciudad.



JA, OLGA HEPNAROVA (Thomas Weinreb, Petr Kazda, 2016)





JÁ, OLGA HEPNAROVA (Thomas Weinreb, Petr Kazda, 2016).

“Mi veredicto es: Yo, Olga Hepnarova, víctima de vuestra bestialidad os sentencio a morir atropellados y declaro que unas pocas vidas es un precio demasiado barato por mi vida. Acta non verba”.  De esta manera cruda, descarnada, psicótica, Olga Hepnarova declaró su culpabilidad antes de atropellar de manera deliberada e indiscriminada a cerca de 20 personas, matando a 8 de ellas y dejando malheridas cerca de 15, en la Praga de 1973, una Praga que no hacía mucho había sufrido los efectos de una primavera invernal, pero cuyos efectos no se utilizan en la película, que se centra en otra realidad muy diferente alejada del momento político. Empleada de los servicios de limpieza, conductora, arremetió contra los peatones lanzando un vehículo de la empresa  contra ellos. Nunca alegó otra cosa que ser víctima de la sociedad, haber sufrido acoso, humillaciones, vejaciones múltiples, declaró estar vengándose de todo aquello que había sufrido y que le daba derecho a quitar lo que los demás le habían quitado a ella. Olga Hepnarova es la última persona ejecutada por el sistema judicial checo, condenada a morir en la horca, nadie acreditó nunca ser víctima de una enfermedad mental. Tampoco la película juega al bio-pic, ni al relato criminal, ni al cine de juicios, apenas si se puede considerar un fresco histórico de una época (fantástica recreación de espacios que remiten a un mundo en blanco y negro como el de la película, rodada en su mayor parte en Polonia). Como otra excelente producción centroeuropea, “Ida”, estamos ante personajes femeninos en busca de su identidad y en constatación de su exclusión.


El relato, ópera prima de Weinreb y Kazda, indaga en la mente disociada de Olga (emergente interpretación de Michalina Olszanka) mediante episodios aislados, fragmentados, incluso desconectados del contexto precedente, como si esas rupturas del encadenamiento vital reflejaran las desconexiones cerebrales de un personaje misántropo, en permanente desquiciamiento asocial, generador de tensiones allá por donde pasa. No es bueno para la mente humana estar siempre solo, como tampoco es bueno estar mal acompañado. Olga ha decidido que cualquier compañía es potencialmente mala para ella porque todos quieren anularla, impedir que desarrolle en libertad su voluntad de retirarse. Episodios que reflejan su vida en familia, su paso por un reformatorio, sus tratamientos mentales, sus escarceos amorosos o sexuales, sus decepciones, su progresivo deterioro hasta el momento de la venganza. Un padre que ha desistido como tal si es que lo es, una madre que trata a su hija como una obligación sin sentimiento, hiriéndola continuamente, despedida de trabajos por denuncias que desconocemos pero podemos intuir, rechazada por sus amantes, cualquier excusa puede ser buena para marginarla, ya por su carácter irascible, por su lesbianismo no ocultado, por su falta de aseo, por su forma de vestir. Olga puede tener razones para sentirse acosada, lo que la película no busca es culpabilidades. Expone hechos y las consecuencias de unos actos que la protagonista asume en exclusiva y con consciencia, pidiendo incluso al tribunal la aplicación de la pena de muerte y rechazando apelar el veredicto.


En las consultas psiquiátricas y en los escritos autodestructivos que ansiosamente va recopilando en cuadernos, revela el oscuro interior de su mente, la aparente, o real, indiferencia que le produce el sufrimiento humano o la situación de sus semejantes. Asumido que su personalidad es fruto del maltrato generalizado hacia ella, todo lo demás le es ajeno, “no me importa la realidad”. Olga vive en su mundo, ya buscando espacios neutros y aislados del reformatorio como una pequeña cabaña en medio de la nada o un dormitorio despersonalizado de las habitaciones que la empresa pone a disposición de sus empleados. Para Olga todo el mundo intenta aprovecharse de ella o actúa para perjudicarla. En su fuero interno cree haber encontrado la terapia reparadora para vivir con menos sufrimiento, y es encontrar una pareja, no una simple compañera sexual, pero eso es algo que no se receta ni se obtiene en farmacias, exige un esfuerzo, empatía, generosidad, algo que Olga no tiene. “Para suicidarse hace falta una fuerte voluntad, hija mía, algo que no tienes”. Frase que como un navajazo se instala en la mente de Olga en la presentación de los personajes, y como tal parece que es asumida como un desafío, si no me puedo quitar la vida, que lo hagan otros, si no puedo matarme sí que puedo matar.



En un blanco y negro que dota a la historia de la frialdad necesaria, la torpeza social y el radicalismo en el aislamiento de Olga cuenta con la puesta en escena de los dos directores que abusan, pero no en el mal sentido de la expresión, del rostro de la actriz, y de su cuerpo, una silueta desgarbada, encogida sobre sí misma, con los brazos cruzados y caminando con torpeza, utilizando las mismas ropas masculinas a lo largo de la película desde que abandona el domicilio de sus padres, único deseo que parece cumplirse para ella, pedido como regalo de cumpleaños. Un rostro huraño que esconde toda la fragilidad de quien no sabe relacionarse con el exterior, miradas frontales que no interrogan ni dudan, sólo retan o se abstraen. Por mucho que te esfuerces en limpiar hay manchas tan profundas que son imposibles de eliminar, frotar cristales de coches o fregar calles desde el camión no exigen lo mismo ni dan el mismo resultado que intentar limpiar tu carácter, ni constatado que no se puede cambiar éste, resulta tan fácil aislarse y vivir sin contacto humano. Las miradas de Olga son como fogonazos en los que se va concentrando la maldad de su pensamiento cada vez que algo sucede como intuía y que evidencia que la humanidad se ha puesto de acuerdo para anularla. Desde la forma de coger un cigarrillo, a la manera de coger de la mano a una de sus amantes, Olga destila provocación y ganas de ser el centro de atención, pero también de crítica. En el juego de  la mirada, Olga percibe el mundo parcialmente, interpretando lo que va a ver antes de verlo, da lo mismo que sus ojos lo vean todo o una parte, o que sólo uno de sus ojos mire mientras el otro permanece oculto detrás de un tablón. Tras el atropello mortal, Olga sufre un colapso, su seguridad desaparece y en su interior surge la duda, el remordimiento, el cálculo del error. No es lo mismo hablar (escribir) que actuar aunque su manifiesto diga que actúa y no habla. Por eso las miradas sobre ella son de incredulidad, nadie puede suponer que el acto ha sido deliberado y se solidarizan con la conductora desde la falta de respuestas razonables. Cuando Olga reconoce que ha atropellado con plena conciencia a los peatones, el mundo exterior desaparece y deja de importar, del mismo modo que a ese mundo le importa muy poco el destino final de Olga mientras sea apartada y deje de ser un peligro.


Las dos últimas escenas conceden a la película un resultado absolutamente convincente, la vida normal y aparentemente anodina de esa familia que no se siente impactada por la ejecución de la hija, manteniendo el mismo rito diario en un ambiente falto de calor humano, y la escena de la ejecución, que remite a la no menos dolorosa de “No matarás” de Kieslowski, dos contrapuntos aparentemente incompatibles que conectan con la aparente tranquilidad precedente de la vida en prisión, un año después del veredicto y convencida Olga de que ese momento ya no va a llegar porque alguien terminará dictaminando su enfermo estado mental. Ese final conecta endiabladamente con el inicio de la película, ese “salga” de los funcionarios de prisiones equivale al “levántate” que la madre ordena a Olga, una vida entre órdenes renegando de sus orígenes para inventarse un  padre imaginario con el que hablar sin que nadie lo vea ni lo escuche. Un continuo zarandeo vital en los recovecos de una mente enferma y que se termina revolviendo contra extraños para acabar oscilando de una soga. Película áspera como el carácter de la protagonista, una mirada permanente de ensimismamiento que reacciona muy pocas veces a los estímulos exteriores, guardando la sonrisa para breves momentos de intimidad mal interpretada.



Título original: Já, Olga Hepnarová. Título internacional: I, Olga Hepnarova. País: República Checa. Director: Petr Kazda, Tomás Weinreb. Guión: Tomás Weinreb, Petr Kazda (Historia: Roman Cílek). Fotografía: Adam Sikora (B&W). Reparto: Michalina Olszanska, Martin Pechlát, Klára Melísková, Marika Soposká, Juraj Nvota, Martin Finger, Marta Mazurek, Ondrej Malý, Petra Nesvacilová, Ivan Palúch, Gabriela Mícová, Zuzana Stavná, Jan Novotny, Viktor Vrabec, Malwina Turek. Productora: Coproducción República Checa-Polonia-Eslovaquia-Francia; Black Balance / Frame100r / Mediabrigade / ALEF Film, Media Group / Love.FRAME / Filmové Studio Barrandov / Michael Samuelson Lighting Prague / FAMU / Arizona Productions / Polski Instytut Sztuki F. Año: 2016. Duración: 105 min. Presentación Festival de Berlín 2016

domingo, 28 de agosto de 2016

A LIÑA POLÍTICA (La línea política, Santos Díaz Antón, 2016)


A LIÑA POLÍTICA (La línea política, Santos Díaz Antón, 2016)
La línea política no es una línea roja que impide a dos ideologías buscar espacios comunes de entendimiento, ni el listón que estás dispuesto a rebajar para que consientas un pacto, la línea política es esa que, de manera inconsciente, pero insistente, se nos inculca desde pequeños para no hacer aquello que la sociedad tiene por mal visto o inaceptable, para no decir lo que pensamos, para ocultar los sentimientos que puedan incomodar a los demás. La línea política pasa a ser la corrección política que impera nuestros actos aunque reneguemos de ellos, y que cuando la rebasamos nos produce malestar y arrepentimiento porque  nos regimos por las  normas no escritas diseñadas para uniformizarnos. Así, es obligado sentirse mal ante la perspectiva inminente de una muerte familiar, es obligado amar a tu novia y está mal visto mantener una relación paralela, hay que llorar en el duelo y divertirse en las fiestas y sobre todo, hay que luchar contra viento y marea para mantener una relación aunque seas consciente de que hace tiempo que murió y no queda en común nada que construir ni mejorar.
«A liña política» se construye a través de pequeñas escenas, cuadros impresionistas donde el espacio alberga a sus protagonistas. Un espacio neutro en el que ellos se van a sentir cómodos o desasosegados con independencia de lo que el espacio contenga, de su luz, de su mobiliario, del entorno. Espacios donde uno puede hablar y el otro no prestar atención, no participar, mantener un silencio incómodo con una sonrisa idiota que suple la palabra. «Necesito que me escuches, quiero que me hables», retumba en el espectador después de que María se lo diga a Juan, su pareja. María habla y Juan no interacciona, y cuando él no está, María calla y mira con pesadumbre lo que le rodea. Un personaje, Juan, que no escucha ni a su alumna de piano, para el que todo está todo lo bien que su inestable equilibrio le permite mostrar a los demás. Por eso toda la estructura de la película se enreda en la relación melancólica, triste y gris de Juan y María, estén donde estén o con quien estén, la poca distancia física entre ambos se está transformando en kilómetros de desapego. Manteniendo la corrección política juegan a tener algo en común, pero la realidad es que más que algo en común tienen un pasado en común con un presente embarrancado. Esa distancia emocional se agranda con las relaciones paralelas ocasionales, amigos, trabajo, amantes, fiestas, todo les recuerda lo que ya no son, y la palabra no fluye para poder arreglar lo que no se sabe dónde se encuentra.
Si Juan no es consciente, su amante se lo recuerda, vivís en el pasado, ya nada os une porque cuando os juntais sólo hablais de lo que ocurrió y nunca de lo que estais viviendo, la fiesta es el momento en que las cartas se levantan, Juan y María se reflejan en un cristal y su contorno es borroso, indefinido, son ellos sin reconocerse plenamente porque ya el tiempo ha erosionado los perfiles. Tras escuchar «Nadie te quiere ya» los amigos no disimulan, las personas que te rodean no van a ocultar la realidad que perciben, que esa pareja va junta pero la forman dos solitarios que no se hablan, la amante saca a bailar a Juan en presencia de María, el amigo de Juan besa a María consciente del fin de su relación con Juan. Si a María todo el mundo le pregunta «¿cómo estás?» en vez de preguntar cuanta vida le queda a su padre, una pregunta de compromiso, «política», para salir del paso, sin real intención de saber cómo se encuentra realmente la persona a la que se pregunta, a Juan  se da por supuesto que anda decaido y apesadumbrado, sin razones profundas, cansado de lo que asume a diario. Si María ha roto la línea política en la fiesta, Juan la va a romper en la desgarradora escena final, en la playa y mirando al mar. Cuando la pareja mira un horizonte tan lejano como su futuro en común, Juan comienza a hablar, comienza a explicar por qué nunca llora, lo cuenta como quien no da importancia, sonriendo, pero, poco a poco, descubrimos algo que intuíamos, que no habla porque todo aquello que le golpea el cerebro son razones para llorar, y porque si empezara a llorar no podría parar, lloraría por los días que los dos fueron tan felices y ya han terminado, lloraría porque si alguien les contara sus vidas se pegarían un tiro, lloraría por la madre que vive sola y porque no sabe cómo impedir esa soledad, lloraría sin parar hasta quedarse sin lágrimas, pero la línea política impide llorar en público por sentimientos, la línea política nos hunde y nos destroza, como a Juan y a María.


España. 2016. 21 minutos. Director: Santos Díaz. Intérpretes: María Vázquez , Xosé Barato , Sonia Méndez , Alberto Rolán. Productores: Analia G. Alonso, Angel Santos Touza. Fotografía: Lucía C. Pan. Guión: Santos Díaz, Pablo G. Canga. Sonido: Xavier Souto, Montaje: Santos Díaz, Angel Santos. Productoras:Y la nave va.

viernes, 26 de agosto de 2016

NUESTRA AMIGA LA LUNA (Velasco Broca, 2016)





NUESTRA AMIGA LA LUNA (Velasco Broca, 2016)

A quien conozca la obra precedente de Velasco Broca no le puede extrañar ni sorprender la sucesión de imágenes que proporciona la película, ni su tratamiento formal. Apenas 15 minutos en los que se acumulan muchas cosas, demasiadas quizás, y donde la complicidad del espectador es absolutamente necesaria para poder dotar de contenido aprehensible a la historia. O ¿quizás no sea necesario? Entre cine narrativo y cine de sensaciones es esta segunda opción la más necesaria para poder disfrutar de lo que vemos, que seamos capaces de ensamblar las imágenes, relacionarlas entre sí o asumirlas como eslabones sueltos de dos o tres historias unidas sin intención de unión puede que no sea lo relevante. Imágenes rodadas con cámaras Bolex no pueden dar como resultado un producto de masas ni debe contener relatos convencionales al uso.


Si, lo confieso, apenas si he entendido algo de lo que Broca me quiere contar, no se si lo que me ha parecido entender tiene algo que ver con  la propuesta. Mi analfabetismo visual queda plasmado en mi imposibilidad de asumir el reto. Repito la experiencia porque el espectador no es siempre el mismo y hay días en los que la atención  no es capaz de percibir lo sutil. Vuelvo a fracasar, aunque en una segunda visión, menos pendiente de seguir un hilo narrativo que me una las dos historias principales, disfruto más de las imágenes que de su sentido, de las texturas deliberadamente envejecidas, de las contradicciones de un país de permanente tradición como la India enfrentado a la revolución tecnológica y capitalista que surge del interior del mismo. No puedo discutir que uno de los personajes sea un monje o especie de personaje místico de origen ruso, ni que los extraterrestres jueguen un papel relevante en la trama, ni que actos de aparente inanidad en el este provoquen terremotos vitales en el oeste (los paisajes fundamentales de la película son Varanasi y Allahabad en la India y Santa Comba en los alrededores de El Ferrol), no lo puedo discutir porque no consigo entender los argumentos, pero tampoco los puedo compartir porque no los veo en la película.



 TRAILER DE LA PELÍCULA




Relacionar a un sacerdote católico de unos aparentes años 20, una mujer seductora a lo Louise Brooks, un discapacitado hindú de rostro deforme y pies retorcidos y enfrentados y un santón de enigmática aparición y surrealista comportamiento escapa a mi concepción y a mi capacidad de abstracción. Leo que el relato está libremente inspirado en el Himno de la Perla, un texto religioso del siglo III y que parcialmente reza así: “Cuando era un niño vivía en mi reino en la Casa de mi Padre, y en la opulencia y abundancia de mis educadores me solazaba, cuando mis Padres me equiparon  y enviaron desde el Oriente, nuestra Patria. De las riquezas de nuestro tesoro me prepararon un hato pequeño.” Así empieza el relato, pero las imágenes corresponden a un sacerdote cuyo cuerpo se desdobla, despertando en la India un ser deforme que enciende un pequeño altar con fotografías parciales que, juntas, forman un rostro y una composición que, por separadas, parecen un cuadro cubista en el que se percibe una pistola. Este hombre con discapacidad pasa a servir a un hombre que inspira sabiduría, fortaleza, religiosidad, pero que también comete actos imprudentes, roba una caja con un contenido que desconocemos, ¿será la perla?, se comunica con seres superiores mediante un rayo cósmico que nadie más ve, seres que imaginamos por esos planos aéreos que suponemos que alguien tiene sobre nosotros y nuestro mundo, un rayo que la joven, en el otro extremo del mundo, si ve y corre hacia él sin alcanzarlo, un rayo como símbolo de liberación, de conocimiento extremo, de sabiduría máxima, quien sabe. Un santón que organiza una procesión por las calles de Varanasi que parece una semana santa andaluza, repartiendo riquezas y alegría, vestido rigurosamente de negro durante toda la historia, en esa procesión aparece de blanco, para, una vez dormidos todos, volver al negro sentado en la carroza, rompiéndose tiempo y espacio para observar  a dos figuras, en un paisaje de acantilado, saliendo de una iglesia (Santa Comba), persiguiendo la vestida de negro a la de blanco, y cuando la cámara se acerca al primer plano es el cura quien agarra a la mujer y se produce el desenlace.


La disposición del espectador a interactuar con  las imágenes ha de ser máxima, si existe la intención  de que relacionemos todo lo que se ve,  hay que partir de un necesario elemento que juegue como pista, nada nos lo va a indicar, ligeras sutilezas como el desdoblamiento o los colores de las ropas. Si una acción en un lugar provoca la contraria o la reacción en otro extremo del planeta acerca la propuesta a lo místico o a lo extrasensorial, y es que el cine de Broca se nutre de la ciencia ficción, sí, pero también del slapstick, del cine negro, y sus imágenes remiten a un referente español a reivindicar como Val del Omar, no sé si el proyecto surge como la necesidad de rodar algo sobre el país en el que el director ha vivido los últimos años y posteriormente se transforma en otra cosa (así las panorámicas sobre la ciudad que acercan la película a un documento “turístico pintoresco”, el río, el templo, los brahmanes, las svásticas colosales enfrentadas a la acción en si misma que se distorsiona con una banda sonora absolutamente incompatible con lo que vemos, por ejemplo en la escena del despertar la canción flamenca, o la canción en castellano con la procesión india) pero lo que presumo es la imposibilidad de que deje indiferente. Déjenme seguir reflexionando sobre lo visto, todavía no sé si estoy ante cine original, importante, con estilo propio o ante una tomadura de pelo con enorme sentido de la imagen, sí, es cierto, la diferencia es enorme, pero no siempre es fácil definirse. No obstante, seguiré viendo el cine de Broca.


Director: Velasco Broca. Intérpretes: Satish KumarBlack BabaJulián GénissonBeatriz LoboJuan Antonio Herreruela .Producción: Luis Cerveró, Ignacio Martin de la Cruz. Fotografía: Emilio Rebollo, Cormac Regan, Maite Sanchez Astiz. Guión: Jesús Sáenz de Pipaón, Francisco Jota Pérez, Velasco Broca. Sonido: Roberto Fernández, Matías Nadal. Montaje: Velasco Broca, Daniel García. Dirección artística: María Ruiz Jimenez, Davinia Álvarez. Productora: Bravo Tango Zulu