domingo, 31 de julio de 2016

BELLA E PERDUTA (Bella y perdida, Pietro Marcello, 2015)

BELLA E PERDUTA (Pietro Marcello, 2015)

COMENTARIO A LA PELÍCULA EN ÚLTIMO CERO





Ante todo singular, la última película de Pietro Marcello no deja de mostrar referencias temáticas y visuales con otros directores italianos como Alice Rohrwacher, Le meraviglie, o Frammartino, con la última película de José Luis Guerín, La academia de las musas, con Bresson, con Pasolini, con Peter Brossens, La cinquiéme saison..... y todo ello sin perder un ápice de originalidad en esta fábula de varias dimensiones que termina sentando sus raíces en una Italia contemporánea que hace desaparecer su relación con la naturaleza del mismo modo que deja perder su patrimonio histórico. Una de las películas más sorprendentes del año.






viernes, 29 de julio de 2016

ARCHIVO SONORO DEL BLOG. LA CIUDAD DE LOS SIGNOS (Samuel Alarcón, 2009)

LA CIUDAD DE LOS SIGNOS (SAMUEL ALARCÓN, 2009)

ENLACE AL PROGRAMA DE 29 DE JULIO



Muchas son las razones por las que esta película forma parte de mi selección radiofónica de este verano para la Cadena Ser. Romper con el estereotipo de que en España no se hace buen cine, que siempre salen los mismos actores, que no está cercano a la realidad del país. Cuestión diferente es su visibilidad, pero en este caso, en el propio enlace del blog teneis el enlace para poder ver la película. Una joya, un homenaje al neorrealismo, un trabajo interesantísimo y lleno de sentido. Un verdadero lujo para el cinéfilo.

RESEÑA DE LA PELÍCULA EN EL BLOG



ENLACE A LA PELÍCULA COMPLETA

jueves, 28 de julio de 2016

LES PREMIERS LES DERNIERS (Bouli Lanners, 2015)

LES PREMIERS, LES DERNIERS (Bouli Lanners, 2015)


La puesta en escena lo es todo, una historia muy simple, incluso que cojee, puede trascender mediante la planificación minuciosa de situaciones, de encuadres, de imágenes. ¿hay que crear decorados artificiales para convencer al espectador de que nos encontramos ante un inmimente fin del mundo? ¿Se necesitan cientos de millones en efectos digitales para representar el apocalipsis o basta el retrato de seres humanos desplazados, sus rostros desanimados y solitarios. para convencernos de la dura realidad? Moteles semiabandonados, supermercados arrasados, gasolineras desiertas, naves industriales dejadas enmohecer, estructuras de comunicación llenas de maleza otorgan sentido a una historia de desesperación en la que lo importante es vivir para mantener una esperanza. No contamos con referencias geográficas, vastas llanuras en el desangelado invierno del norte de Francia quizás, o las extensiones de una Bélgica fronteriza, lo importante es demostrar cómo el espacio marca el carácter, cómo la soledad no la proporciona la ausencia sino el aislamiento, cómo el miedo se adentra entre nosotros y nos vuelve violentos por supervivencia innata. Un ciervo que nos mira, imponente, desde el andén de una estación abandonada para, instantes después, aparecer abatido por mera diversión. Del apogeo al fín sin solución de continuidad, el rey del bosque eliminado por la escoria de la tierra, el fin del mundo se acerca.




Bouli Lanners, actor y director de esta película, y rostro reconocible dentro del cine europeo, es consciente de que la apuesta pasa por presentar la historia sustentada por enormes actores que suplan, con su presencia magnética, algunos excesos de guión o lagunas interesadas del mismo. Así, a la pareja de cazarecompensas que Lanners forma con un sobrio y convincente Albert Dupontel, Gilou y Cochise, que semejan un Obelix y Asterix llenos de humanidad pero también de peligro, se les une una pareja de inadaptados, medio vagabundos medio discapacitados, Willy y Esther, que portan un objeto que buscan los dos sicarios y que, por una mala fortuna, han ido a encontrar quienes se han convertido en fugitivos con causa. En esa huida y búsqueda, otra pareja termina por reunir las piezas y dar un sentido a las vidas aparentemente predeterminadas y muy huecas de los otros cuatro, y esas dos personas no son sino Michael Lonsdale y Max von Sydow, la encarnación de la sabiduría vital, la reflexión de que la vida es tal mientras no se ha muerto y ésta exige hacer algo más que levantarse todas las mañanas para dar sentido a cada etapa de nuestro discurrir, conscientes de las limitaciones pero con la ventaja de la experiencia.






Configurada como un western, con buenos, malos, muy malos y personajes ambivalentes, las resonancias bíblicas, el halo mesiánico del discurso no deriva en filosofía religiosa barata, no hay afán moralizador en los comportamientos y en las reacciones, sino toma de partido de unos personajes conscientes de que, cumplir el encargo recibido supone condenar a muerte a dos inocentes, y, quizás, a más gente inmersa en la aventura, incluso ellos mismos. A ritmo de caza y captura, con recompensa incluída, el permanente tono gris del paisaje, el abandono de las instalaciones, la soledad insuperable en la que las personas que van apareciendo afrontan con mejor o peor resignación esa duda acerca del fin del mundo que se acerca, proporciona a la historia un acertado tono melancólico en el que la muerte, cuya cotidianeidad y cercanía es constante, se transforma en un personaje más, cuya presencia sobrevuela las acciones de todos para retrasar su llegada. Que aparezca un Jesús cuyos nuevos estigmas son producidos por disparos de bala, que su guía parezca tener como objetivo conducir sanos y salvos a una nueva María y un nuevo José, en este caso a la búsqueda de una hija que no ha de nacer sino que existe desde hace años pero que ha sido recogida por los servicios sociales, que el camino revele a los perseguidores que la razón de la persecución es inmoral, criminal e inaceptable y que la pareja de ancianos ponga el contrapunto reflexivo al comportamiento irracional de quien no se para a pensar en todo lo que nos rodea, no es pueril ni arbitrario, los personajes se mueven porque en ese camino van a encontrar la razón del cambio necesario para sentirse mejores, o, al menos, útiles. Los primeros serán los últimos no oculta la referencia cristiana, los cielos tormentosos, las huidas aterrorizadas, una asfixia vital en la que los personajes se empequeñecen en la inmensidad del plano rotundo y enorme utilizado para remarcar nuestra insignificancia, sin que las evidentes concesiones al espectador hagan perder intensidad a la imagen, verdadero motor del film, sustento básico junto con los actores de una parábola moderna sobre el reino de los justos, sobre el triunfo de la bondad sobre la villanía. Un mundo donde la ley ha dejado de servir, para ser sustituida por el poder del más fuerte, y siempre encontrarás a alguien más fuerte que tu aunque te creas invencible, solo la inteligencia puede vencer a la fuerza, al menos durante el tiempo suficiente para engañar y escapar.

Título original: Les Premiers, les Derniers. Dirección: Bouli Lanners. Intérpretes: Albert Dupontel, Bouli Lanners, Suzanne Clément, Michael Lonsdale, David Murgia, Max von Sydow. Nacionalidad: Francia-Bélgica. 2015. Duración: 98. 

                                                    TRAILER DE LA PELÍCULA

ARCHIVO SONORO DEL BLOG. EL ESPÍRITU DE LA COLMENA (Víctor Erice, 1973)


EL ESPÍRITU DE LA COLMENA (Víctor Erice, 1973)


Siguen mis colaboraciones semanales radiofónicas en la Cadena Ser, hoy con una auténtica obra maestra de nuestro cine, una de las películas imborrables e imperecederas del gran Víctor Erice.





martes, 26 de julio de 2016

ARCHIVO SONORO DEL BLOG. PROGRAMA DEL 15 DE JULIO 2016

                    

EN LA CIUDAD DE SYLVIA EN LA CADENA SER


Mi admiración por el cine de José Luis Guerín es de sobras conocida. Si me dan la oportunidad de hablar sobre ocho películas españolas a lo largo de este verano, una de ellas, por los menos, debía ser del director barcelonés. No en vano es la entrada del blog que más visitas ha recibido desde que se puso en marcha.

ENLACE AL PROGRAMA DE RADIO VALLADOLID CADENA SER DEL 15 DE JULIO DE 2016

ENLACE A LA RESEÑA DEL BLOG

jueves, 21 de julio de 2016

KILLER JOE (William Friedkin, 2011)

KILLER JOE (WILLIAM FRIEDKIN, 2012)



ENLACE A LA PUBLICACIÓN EN LA REVISTA DEL COMENTARIO A LA PELICULA





Para no perder textos publicados en otros sitios con los que ya no tengo relación, y tras uno de esos frecuentes problemas informáticos que arrasan con un disco duro no copiado, voy a ir rebuscando para almacenarlos por aquí. De paso invito al espectador@ a buscar y disfrutar de cine negro de gran calado e importancia. Un director estupendo para retratar esta galería de miserables.

domingo, 17 de julio de 2016

DEMOLITION (Demolición, Jean Marc Vallée, 2015)

DEMOLITION (Demolición, Jean Marc Vallée, 2015)
Demoler sin llegar a las últimas consecuencias

El debut de Jean Marc Vallée fue tan fulgurante, tan impactante con aquella película río como era “C.R.A.Z.Y.”, que sus posteriores entregas han venido marcadas por ese listón de excelencia que no se ha llegado a repetir. Rápidamente engullido por el sistema corporativo industrial, alejándose cada vez más del tono íntimo del cine canadiense para asimilarse al vecino del sur con rapidez, Vallée ha dulcificado su discurso, cuando no lo ha relamido tanto que lo ha hecho insustancial (como es el caso de su anterior película “Wild”). Si el verdadero Vallée es el inicial o el que ahora nos muestra sus últimas realizaciones será cuestión de tiempo descubrirlo, pero con “Demolition” recupera parte del brío que me atrajo de su primera película, mezclando drama y humor, aunque quizás el conjunto esté descompensado, sin la necesaria mezcla de los elementos para que sintamos el dolor del drama o la risa de la comedia, navegando entre dos aguas sin llegar a definirse pero manteniéndose con dignidad gracias al trabajo de un actor que gana enteros en cada película, Jake Gyllenhaal en el papel de Davis, el prototipo del triunfador hecho a sí mismo y gracias a un buen matrimonio (económicamente se entiende).

Las influencias “Jonze-Gondry” se dejan sentir en la película, no sólo por el absurdo de unas reacciones propias de un shock postraumático, los comportamientos libres de un desequilibrado transitorio, sino en la composición de interiores y en la forma de enfocar la cámara las caras de los personajes. No me cuesta comprobar guiños de “El ladrón de orquídeas” u “Olvídate de mi”, es el toque estético lo que me las recuerda de manera espontánea. Demoler para reconstruir, desmontar para encontrar el fallo y restaurarlo. A lo largo del metraje es el personaje de Davis el que se va desmontando poco a poco, reconstruyendo su pasado para reencontrar el momento justo en el que algo se torció. “Si no es tu silla no es tu problema” es la frase con la que Julia define a su marido mientras éste hace que escucha pero realmente no oye. Ese es el comportamiento que va a analizarse el protagonista a lo largo de la historia una vez que, nada más empezar, en la primera escena, un accidente le deje viudo, lleno de posesiones materiales y, de manera inesperada, completamente vacío en su interior. A partir de ese momento la realidad sigue un camino y el comportamiento de Davis otro completamente diferente, incompatibles entre sí, lo que empieza siendo aceptado como ejemplo de un fuerte revés que hay que comprender, termina convirtiendo al bróker en una persona completamente diferente y desconocida para su familia, su entorno laboral, sus vecinos. Ese circuito que se ha fundido como consecuencia del accidente representa la liberación de la verdadera personalidad de Davis, necesitado de demolerse para reencontrarse. Cuanto más analiza sus actos pasados más razones encuentra para seguir demoliendo todo aquello que le estorba, y para ello no rechazará la ayuda de personas que, de la misma manera, están demoliendo su presente o construyendo su futuro.


El giro argumental de la película es muy mentiroso, y ahí es donde encuentro la mayor debilidad de una apuesta conseguida en lo formal, pero que en el cara a cara se resiente. El tono amable que va alcanzando la historia casa mal con el supuesto tinte trágico con que se la dota desde el principio. Ese autismo emocional muy bien dibujado, y que, en el fondo, esconde una más que evidente desatención por parte de Davis a su mujer, una desatención que, cuando llega el momento del duelo, es imposible que provoque llanto porque todo lo que recuerda de su exmujer son momentos del pasado y el presente estaba anulado y adormecido, momentos propios del inicio de una relación que se fue agostando, una relación en la que primaba la música clásica en vez de esos clásicos del rock, del soul, del R&B que son propios del personaje masculino, donde la silla de cada uno estaba tan definida que no había sitio para el otro y nadie se interesaba en ocuparla porque cada uno mantenía espacios estancos, termina derivando a una argucia argumental para aligerar la propuesta. La demolición viene acompañada del tono romántico fácil y amable, la ausencia de familia la suple Davis con una familia ajena. El luto lo sobrelleva y lo asimila mucho mejor suplantando una identidad que no le corresponde a fuerza de mazazos contra las paredes.


Y digo que me recuerda al cine de Gondry-Jonze porque no puedo menos que representarme las imágenes como un sucedáneo de “Her”, las cartas que liberan a Davis provocan una reacción, como las que analizaba y escribía el personaje de Joaquim Phoenix para amantes torpes con las palabras. El repaso emocional recogido en esas cartas inicia el lado amable de la película, el necesario sustento anímico para que ese personaje se libere y permita dar rienda suelta a todas sus excentricidades, sabiendo que, por las noches, cuenta con refugio y una familia postiza. La complicidad con la mujer que ya no tiene o la relación padre-hijo que desconoce, se va apoderando de Davis sin llegar a ser ni amante ni padre ocupando el espacio de otra familia, como en un embrión de todo aquello que le hubiera gustado alcanzar con Julia y que su propio egoísmo y el desarrollo de un ego absurdo para los negocios ficticios de la bolsa echó por tierra. Por eso los fogonazos visuales de Davis reviven una y otra vez esos fugaces momentos de felicidad conyugal, y obligan al personaje a desmontar todo aquello que no funciona para, en el empeño de arreglar algo, aunque sea un electrodoméstico, encontrar las claves para recomponer lo que no funciona en sí mismo. Es verdad que en ese camino de demolición al dolor o a la situación de incomodidad personal le sigue una evolución optimista, como si Vallée no quisiera cebarse en el personaje, permitirle respirar y reanudar su andadura con otra perspectiva, convertirle en persona a través del mecanismo de importar a los personajes que interpretan Naomi Watts y el debutante Judah Lewis.

La película podría haber recurrido al hundimiento sin salida (recordar el personaje de Gyllenhaal para otro canadiense, Villeneuve), y sin embargo opta por repetir la carrera que marcó la infancia de Davis para superar sus inseguridades y otorgarle la victoria que siempre le fue esquiva. Deliberadamente envía un mensaje de “buenismo”, a mi parecer innecesario y demasiado simple en atención a todo lo que hemos visto previamente. Si el personaje deja de ser seguro y fiable para su entorno más próximo, su personalidad se hace más atractiva cuanto más atrabiliario se convierte su comportamiento, por eso reniego de su colofón, un final a años luz de la mencionada “Her”, que sí sabía mantener el toque amargo y de derrota aun cuando dejaba vía libre a una salida, mientras que “Demolition” termina representando más una pose fruto de un desvarío psiquiátrico puntual que un verdadero propósito de cambio, de borrón y cuenta nueva. En el fondo, a Davis le encanta vivir en su mansión, si acaso, y lo comparto, tenía razones para cargarse a golpe de maza una cómoda rococó o unas vajillas decoradas con flores, pero lo que nunca intenta demoler es su Porsche Cayenne, toda una declaración de intenciones de cuál es la reencarnación que podremos esperar del bróker.

 
 Estados Unidos. 2015. Título original: Demolition. Director: Jean-Marc Vallée. Guion: Bryan Sipe. Fotografía: Yves Bélanger. Duración: 100 minutos. Productora: Fox Searchligth / Black Label Media / Mr. Mudd / Right of Way Films. Montaje: Jay M. Glen. Diseño de producción: John Paino. Diseño de vestuario: Leah Katznelson. Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Naomi Watts, Chris Cooper, Polly Draper, Wass Stevens, Judah Lewis, Stephen Badalamenti, Zariah Singletary, Alfredo Narciso, George J. Vezina, Helen Brackel, Ben Cole, Lytle Harper. Presentación oficial: Festival de Toronto 2015.